¿Para qué dirían ustedes que sirve una "Comisión para la Implementación de los Lineamientos"? Comprendo su estupefacción, pero las cosas son como son, o sea, que, como dijo el clásico, cuando la gente normal se desentiende de la política siempre acaban mandando los sinvergüenzas.
Implementación de los Lineamientos es como camuflan en Cuba a lo que en cualquier lugar decente llaman Plan de Desarrollo. Pero Cuba no es decente. Lleva casi sesenta años gobernada por los que han dado sobradas pruebas de ser los sinvergüenzas más avezados del planeta. Me dirán que lo son más los gobernantes de Corea del Norte, pero no, en absoluto, a los de Corea del Norte les falta una de las patas de la trinidad del perfecto hijo de perra, la de saber dar el pego.
Lo de dar el pego, algo de por sí al alcance de cualquiera en primera instancia, se convierte en fascinante cuando adquiere la textura duracell: dura y dura y dura. Sesenta años metiéndola doblada y todavía hay media España que babea de placer, ajena a los desgarros en sus partes bajas.
Pero estamos de enhorabuena, porque hace cuatro días no era media sino prácticamente entera la que babeaba. La extensa clase media que aquí había iba allí en plan iniciático y no le fallaba el invento: volvía trasfigurada. Es lo que tienen las conquistas de la revolución, que por dos perras "te sacan toda la lichi", como dicen los pasiegos. Recuerdo que en mi ciudad de provincias había una agencia dedicada en exclusiva al ordeño jinetero. O pinguero, que también.
El caso es que en esta vida es inevitable que unas cosas traigan otras y a la vista está que tanto tomar las cosas por sólo su lado bueno, lo de la "lichi", tiene sus consecuencias: media España vive suspirando por llenar nuestros Malecones de jineteras y pingueros. Podemos hacerlo dicen: sólo hay que implementar los lineamientos, o sea, para que nos entendamos, comprar viagra por internet. Lo demás por añadidura.
lunes, 8 de febrero de 2016
domingo, 7 de febrero de 2016
De ninis y frikis
El otro día vi una película curiosa de título "Como cada mañana". Está rodada en Palma de Mallorca y juraría que es el resultado de un proyecto de amiguetes que se han financiado por ese procedimiento que llaman crowdfunding, que es algo así como rascarse todos los bolsillos a ver cuanto sale.
"Como cada mañana" viene a ser una historia de frikis y ninis, mitad a mitad. Frikis y ninis, un subproducto inevitable de las sociedades opulentas por competitivas. Sociedades, como se dice, de igualdad de oportunidades, cosa que sí, por supuesto que está muy bien y es muy deseable, pero que obvía el hecho incuestionable de las insalvables diferencias que crea la madre naturaleza al repartir sus dones. Lo que natura non da, non presta ni Salamanca ni la igualdad de oportunidades y, entonces, sólo queda el recurso a hacer cosas raras, ir de artista y cosas así, a ver si alguien se fija en ti y llueve algo del cielo.
Como todo, es una cuestión matemática. De probabilidades. Cuanto más opulenta y sofisticada es una sociedad mayor es la competitividad entre los miembros que la componen y, de ahí, de esa relación directamente proporcional, que se pueda extraer una constante, k, que sirva para calcular el número de fikis y ninis que irán surgiendo con cada punto que crece el Producto Interior Bruto. El PIB, que le dicen.
Y en esas estamos, tan ricos ya que se ha disparado exponencialmente el número de colgados. Si con un punto de PIB se multiplican por dos, con dos puntos lo hacen por cuatro, con tres por ocho y con cuatro por diez y seis. Imagínense por donde andaremos ya con todos los puntos que hemos subido. Hay ninis y frikis hasta en la sopa. Incluso desgobernando las instituciones. Empezando por la familiar que es por donde suelen empezar todos los males. Y siguiendo por las municipales que es donde se consolidan las hecatombes... aunque hay que reconocer que pocas cosas son más entretenidas que una buena hecatombe.
En fin, Pilarín, así anda la Villa y Corte, llena de carteles que instan a Abraham a detenerse porque está a punto de pisar mierda. ¡Tanto artista!
"Como cada mañana" viene a ser una historia de frikis y ninis, mitad a mitad. Frikis y ninis, un subproducto inevitable de las sociedades opulentas por competitivas. Sociedades, como se dice, de igualdad de oportunidades, cosa que sí, por supuesto que está muy bien y es muy deseable, pero que obvía el hecho incuestionable de las insalvables diferencias que crea la madre naturaleza al repartir sus dones. Lo que natura non da, non presta ni Salamanca ni la igualdad de oportunidades y, entonces, sólo queda el recurso a hacer cosas raras, ir de artista y cosas así, a ver si alguien se fija en ti y llueve algo del cielo.
Como todo, es una cuestión matemática. De probabilidades. Cuanto más opulenta y sofisticada es una sociedad mayor es la competitividad entre los miembros que la componen y, de ahí, de esa relación directamente proporcional, que se pueda extraer una constante, k, que sirva para calcular el número de fikis y ninis que irán surgiendo con cada punto que crece el Producto Interior Bruto. El PIB, que le dicen.
Y en esas estamos, tan ricos ya que se ha disparado exponencialmente el número de colgados. Si con un punto de PIB se multiplican por dos, con dos puntos lo hacen por cuatro, con tres por ocho y con cuatro por diez y seis. Imagínense por donde andaremos ya con todos los puntos que hemos subido. Hay ninis y frikis hasta en la sopa. Incluso desgobernando las instituciones. Empezando por la familiar que es por donde suelen empezar todos los males. Y siguiendo por las municipales que es donde se consolidan las hecatombes... aunque hay que reconocer que pocas cosas son más entretenidas que una buena hecatombe.
En fin, Pilarín, así anda la Villa y Corte, llena de carteles que instan a Abraham a detenerse porque está a punto de pisar mierda. ¡Tanto artista!
sábado, 6 de febrero de 2016
Blancos de solera
Como dice el señorito Iglesias sin cesar: de alguna manera. Estoy totalmente de acuerdo con él en ese punto: todo lo que es lo es de alguna manera y, si no, no es. Así que me parece muy bien que puntualice para que nadie se llame a engaño. Porque pudiera ser que a la gente le diese por confundir entre alguna y ninguna y ya la tendríamos armada.
Las muletillas, conviene subrayarlo, resultan imprescindibles para parecer que estás diciendo algo cuando no estás diciendo absolutamente nada. Pautan el discurso, distrayendo de su contenido si es que le tuviera. Recuerdo como si hubiese sido ayer los discursos del Felipe González ya desgastado por los años de poder. Me parecía que estaba en la feria de San Lucas en Hoznayo viendo vender burros teñidos. "Honestamente le digo", y no podía seguir escuchándole porque inmediatamente me ponía a pensar que prevención a destiempo malicia arguye. ¿Qué patraña nos querrá encajar tras esa innecesaria afirmación? Y apenas te habías recuperado y empezado a retomar el hilo cuando te atizaba con un "le voy a ser sincero". ¡Hombre! ¿Qué pasa, que usted por lo general no lo es? Y ya te volvías a perder. Y así todo el rato. Al final decidías que era mejor irse a tomar unos blancos de solera con anchoas al Palacio. Por cierto que el Palacio ya lleva años cerrado y en manifiesta ruina... como Felipe González.
¡Ay, la retórica! El arte de convencer le dicen. Lo mismo que podrían haber dicho de embaucar. Porque esa es la cuestión, que lo mismo sirve para venderte un burro sano que uno teñido. Y de ahí la necesidad de entender de burros. El otro día preguntaba alguien en la tertulia mañanera de La Cañía dónde se podía encontrar algo fiable sobre burros. Yo, por decir algo, que no me puedo callar, apunté hacia Aristóteles. Creí recordar haber leído algo al respecto en alguno de sus ladrillos. Pero, en realidad, daba igual porque podría jurar que cualquiera de los allí sentados había tenido una vida lo suficientemente rica en lo espiritual como para poder, a estas alturas, separar al primer vistazo el grano de la paja en lo que a burros se refiere.
La enjundia de la cuestión: no es lo mismo hilar pensamientos que frases hechas. Es lo que va de dar un margen a la incertidumbre a dejar el futuro niquelado. Para ser claros, digamos, que es lo que va de lo que puede soportar una persona madura a lo que necesita desesperadamente un adolescente.
Y ahí estamos, en ese trance perverso de la maduración. Que no hay forma de lograrla. Es como esos kiwis que compras duros con la esperanza de que en unos días estén en sazón. Y pasan quince y no sólo están igual de duros sino que también están arrugados. Los franceses, que tanto les gusta largar, han inventado una palabra para ese fenómeno. No el de los kiwis sino el de las personas. Dicen que ésta es una sociedad de adoadults. O algo así. Duros por dentro y arrugados por fuera.
En fin, allá cada cual con los kiwis que compra. Y los burros.
Las muletillas, conviene subrayarlo, resultan imprescindibles para parecer que estás diciendo algo cuando no estás diciendo absolutamente nada. Pautan el discurso, distrayendo de su contenido si es que le tuviera. Recuerdo como si hubiese sido ayer los discursos del Felipe González ya desgastado por los años de poder. Me parecía que estaba en la feria de San Lucas en Hoznayo viendo vender burros teñidos. "Honestamente le digo", y no podía seguir escuchándole porque inmediatamente me ponía a pensar que prevención a destiempo malicia arguye. ¿Qué patraña nos querrá encajar tras esa innecesaria afirmación? Y apenas te habías recuperado y empezado a retomar el hilo cuando te atizaba con un "le voy a ser sincero". ¡Hombre! ¿Qué pasa, que usted por lo general no lo es? Y ya te volvías a perder. Y así todo el rato. Al final decidías que era mejor irse a tomar unos blancos de solera con anchoas al Palacio. Por cierto que el Palacio ya lleva años cerrado y en manifiesta ruina... como Felipe González.
¡Ay, la retórica! El arte de convencer le dicen. Lo mismo que podrían haber dicho de embaucar. Porque esa es la cuestión, que lo mismo sirve para venderte un burro sano que uno teñido. Y de ahí la necesidad de entender de burros. El otro día preguntaba alguien en la tertulia mañanera de La Cañía dónde se podía encontrar algo fiable sobre burros. Yo, por decir algo, que no me puedo callar, apunté hacia Aristóteles. Creí recordar haber leído algo al respecto en alguno de sus ladrillos. Pero, en realidad, daba igual porque podría jurar que cualquiera de los allí sentados había tenido una vida lo suficientemente rica en lo espiritual como para poder, a estas alturas, separar al primer vistazo el grano de la paja en lo que a burros se refiere.
La enjundia de la cuestión: no es lo mismo hilar pensamientos que frases hechas. Es lo que va de dar un margen a la incertidumbre a dejar el futuro niquelado. Para ser claros, digamos, que es lo que va de lo que puede soportar una persona madura a lo que necesita desesperadamente un adolescente.
Y ahí estamos, en ese trance perverso de la maduración. Que no hay forma de lograrla. Es como esos kiwis que compras duros con la esperanza de que en unos días estén en sazón. Y pasan quince y no sólo están igual de duros sino que también están arrugados. Los franceses, que tanto les gusta largar, han inventado una palabra para ese fenómeno. No el de los kiwis sino el de las personas. Dicen que ésta es una sociedad de adoadults. O algo así. Duros por dentro y arrugados por fuera.
En fin, allá cada cual con los kiwis que compra. Y los burros.
viernes, 5 de febrero de 2016
Saltar murallas
"¿Si soy lesbiana? Eso no debería interesar a nadie." Son palabras de una actriz de éxito que acaba de representar el papel de una lesbiana. Personalmente, estoy tan de acuerdo con esas palabras que casi me duele. Me duele, digo, que algo tan radicalmente obvio se convierta en noticia por lo abismalmente alejado que está de la realidad. A la gente en general parece que sólo le interesan hasta la extenuación esas intimidades anodinas de los demás y, ello, sin duda, tiene que ser por algo a lo que sólo se le podría encontrar explicación desde una perspectiva freudiana. O sea, con lo que hay en el inconsciente de cada cual que, para que nos entendamos, sólo Dios lo sabe y hay que estar a muy buenas con Él para que nos desvele alguna cosilla de vez en cuando. Bueno, quizá si vas al psicoanalista, que es su intermediario en la Tierra, las cosas se podrían facilitar un poco, pero no sé cuanto.
La cosa de la sexualidad de los demás. Sus preferencias. ¡Qué aburrimiento! Como si uno no tuviese suficiente con la suya. Pero no, y todo por culpa del monoteismo que vino a elevar la barrera, ya de por si alta, que hay entre nuestro yo interior y exterior. Lo de dentro ni te lo mires: tú, déjalo todo y sígueme. La metáfora del pastor y su rebaño, tan querida. Tan querida por el pastor, pero sobre todo por el rebaño que haciendo chistes de maricones siente colmada su vida.
El caso es que de entre todo lo que he leído de la antiguedad clásica, que les aseguro que ha sido bastante, nunca hallé menciones a la sexualidad desde un punto de vista valorativo. Allí cada uno se tiraba lo que le apetecía y podía y santas pascuas. Si era un burro, pues un burro, como la millonaria del Asno de Oro. Claro, era gente que andaba muy ocupada con la trisección del ángulo y la decuplicación del cubo. Se exprimían la cabeza con cuestiones que abocaban a una mayor comprensión de la realidad que es lo que realmente hace que vivamos mejor. Luego, para relajarse, la metían donde les rotaba. Ya fuese en vaso idóneo para cumplir con sus obligaciones para con la especie, ya fuese en el intestino de un efebo transido de amor hacia quien le elevaba el espíritu. Nadie, que yo sepa, cuestionó el procedimiento hasta que empezó la decadencia a causa del olvido de una de las partes, la más penosa, la que era por obligación, la del vaso idóneo.
En fin, tampoco hay que darle muchas vueltas. Ya sabemos lo que cuesta saltar murallas. Y que sólo los valientes lo consiguen. Y que, mientras tanto, el pueblo llano busca pastores que dirijan las obras de elevación de unos cuantos pisos de la dichosa muralla. Y eso nunca va a cambiar.
La cosa de la sexualidad de los demás. Sus preferencias. ¡Qué aburrimiento! Como si uno no tuviese suficiente con la suya. Pero no, y todo por culpa del monoteismo que vino a elevar la barrera, ya de por si alta, que hay entre nuestro yo interior y exterior. Lo de dentro ni te lo mires: tú, déjalo todo y sígueme. La metáfora del pastor y su rebaño, tan querida. Tan querida por el pastor, pero sobre todo por el rebaño que haciendo chistes de maricones siente colmada su vida.
El caso es que de entre todo lo que he leído de la antiguedad clásica, que les aseguro que ha sido bastante, nunca hallé menciones a la sexualidad desde un punto de vista valorativo. Allí cada uno se tiraba lo que le apetecía y podía y santas pascuas. Si era un burro, pues un burro, como la millonaria del Asno de Oro. Claro, era gente que andaba muy ocupada con la trisección del ángulo y la decuplicación del cubo. Se exprimían la cabeza con cuestiones que abocaban a una mayor comprensión de la realidad que es lo que realmente hace que vivamos mejor. Luego, para relajarse, la metían donde les rotaba. Ya fuese en vaso idóneo para cumplir con sus obligaciones para con la especie, ya fuese en el intestino de un efebo transido de amor hacia quien le elevaba el espíritu. Nadie, que yo sepa, cuestionó el procedimiento hasta que empezó la decadencia a causa del olvido de una de las partes, la más penosa, la que era por obligación, la del vaso idóneo.
En fin, tampoco hay que darle muchas vueltas. Ya sabemos lo que cuesta saltar murallas. Y que sólo los valientes lo consiguen. Y que, mientras tanto, el pueblo llano busca pastores que dirijan las obras de elevación de unos cuantos pisos de la dichosa muralla. Y eso nunca va a cambiar.
jueves, 4 de febrero de 2016
El Pelotudo
Que este Papa es un pelotudo ya me lo venía temiendo desde el mismísimo momento que le escuché por primera vez. Hoy lo confirmo al cien por cien al leer lo que acaba de decir: "Soy servidor de un mundo destrozado". Ni Perón hubiese podido afinar tanto. Está claro, si el uno llegó para destruir Argentina, el otro argentino ha llegado para cargarse lo que queda de la Iglesia Católica que, en esencia, debe de ser bastante poco.
De todas las formas de ser repugnante, la que más, a mi juicio, es la de dárselas de sufrir una barbaridad viendo el sufrimiento de los demás. Lo de preguntarse por qué sufren ¿para qué? si siempre es por culpa de los de siempre, o sea, los que no se corrieron las clases cuando eran jóvenes.
De todas formas, comprendo al Pelotudo. Como comprendo la amargura de todos los que van a menos por su puritita estupidez. Por los curas ya ni en las aldeas dan un chavo. Y en los suburbios ni te digo. Y todo por esa obsesión de ir pregonando a los cuatro vientos que yo soy igual que vosotros. "Trátame de tú, por favor". Su forma de entender la cercanía. Qué poderes sobrenaturales se van a tener así. En fin, cualquier cosa antes de volver a subir el Calvario como aquellos curas de cuando la República que fueron los últimos de Filipinas. Aquel peligroso oficio de intermediarios entre las beatas ricas y los pobres. Afortunadamente hoy día intermedia el Estado vía impuestos y, los curas, arqueología social. Por eso los ayuntamientos ponen unos cuantos por las calles para que les fotografíen los turistas. Ya saben, el parque temático, como el caganer en el nacimiento.
Por otro lado y cambiando de tema, fíjense ustedes si no es para estar contentos: como demuestra la experiencia más reciente se puede vivir 107 años bebiendo un litro y medio de tintorro en cada comida. Si Antonio Docampo García pudo, por qué no yo. Ya lo decía Celestina:
"Asentaos vosotros, mis hijos, que harto lugar hay para todos, a Dios gracias. Tanto nos diesen del paraíso cuando allá vamos. Poneos en orden, cada uno cabe la suya; yo, que estoy sola, pondré cabe mí este jarro y taza, que no es más mi vida de cuanto con ello hablo. Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa que escanciar, porque quien la miel trata siempre se le pega de ella. Pues de noche, en invierno, no hay tal escalentador de cama. Que con dos jarrillos de éstos que beba, cuando me quiero acostar, no siento frío en toda la noche. De esto aforro todos mis vestidos cuando viene la Navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene contino en un ser; esto me hace andar siempre alegre; esto me para fresca; de esto vea yo sobrado en casa, que nunca temeré el mal año, que un cortezón de pan ratonado me basta para tres días. Esto quita la tristeza del corazón más que el oro ni el coral; esto da esfuerzo al mozo y al viejo fuerza; pone color al descolorido; coraje al cobarde; al flojo diligencia; conforta los celebros; saca el frío del estómago; quita el hedor del anhélito; hace potentes los fríos; hace sufrir los afanes de las labranzas; a los cansados segadores hace sudar toda agua mala; sana el romadizo y las muelas; sostiene sin heder en la mar, lo cual no hace el agua. Más propiedades te diría de ello que todos tenéis cabellos. Así que no sé quién no se goce en mentarlo. No tiene sino una tacha, que lo bueno vale caro y lo malo hace daño. Así que, con lo que sana el hígado, enferma la bolsa. Pero todavía con mi fatiga busco lo mejor para eso poco que bebo, una sola docena de veces a cada comida. No me harán pasar de allí salvo si no soy convidada como ahora."
¡Ay si el Pelotudo se sentase un poco más cabe el jarro!
De todas las formas de ser repugnante, la que más, a mi juicio, es la de dárselas de sufrir una barbaridad viendo el sufrimiento de los demás. Lo de preguntarse por qué sufren ¿para qué? si siempre es por culpa de los de siempre, o sea, los que no se corrieron las clases cuando eran jóvenes.
De todas formas, comprendo al Pelotudo. Como comprendo la amargura de todos los que van a menos por su puritita estupidez. Por los curas ya ni en las aldeas dan un chavo. Y en los suburbios ni te digo. Y todo por esa obsesión de ir pregonando a los cuatro vientos que yo soy igual que vosotros. "Trátame de tú, por favor". Su forma de entender la cercanía. Qué poderes sobrenaturales se van a tener así. En fin, cualquier cosa antes de volver a subir el Calvario como aquellos curas de cuando la República que fueron los últimos de Filipinas. Aquel peligroso oficio de intermediarios entre las beatas ricas y los pobres. Afortunadamente hoy día intermedia el Estado vía impuestos y, los curas, arqueología social. Por eso los ayuntamientos ponen unos cuantos por las calles para que les fotografíen los turistas. Ya saben, el parque temático, como el caganer en el nacimiento.
"Asentaos vosotros, mis hijos, que harto lugar hay para todos, a Dios gracias. Tanto nos diesen del paraíso cuando allá vamos. Poneos en orden, cada uno cabe la suya; yo, que estoy sola, pondré cabe mí este jarro y taza, que no es más mi vida de cuanto con ello hablo. Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa que escanciar, porque quien la miel trata siempre se le pega de ella. Pues de noche, en invierno, no hay tal escalentador de cama. Que con dos jarrillos de éstos que beba, cuando me quiero acostar, no siento frío en toda la noche. De esto aforro todos mis vestidos cuando viene la Navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene contino en un ser; esto me hace andar siempre alegre; esto me para fresca; de esto vea yo sobrado en casa, que nunca temeré el mal año, que un cortezón de pan ratonado me basta para tres días. Esto quita la tristeza del corazón más que el oro ni el coral; esto da esfuerzo al mozo y al viejo fuerza; pone color al descolorido; coraje al cobarde; al flojo diligencia; conforta los celebros; saca el frío del estómago; quita el hedor del anhélito; hace potentes los fríos; hace sufrir los afanes de las labranzas; a los cansados segadores hace sudar toda agua mala; sana el romadizo y las muelas; sostiene sin heder en la mar, lo cual no hace el agua. Más propiedades te diría de ello que todos tenéis cabellos. Así que no sé quién no se goce en mentarlo. No tiene sino una tacha, que lo bueno vale caro y lo malo hace daño. Así que, con lo que sana el hígado, enferma la bolsa. Pero todavía con mi fatiga busco lo mejor para eso poco que bebo, una sola docena de veces a cada comida. No me harán pasar de allí salvo si no soy convidada como ahora."
¡Ay si el Pelotudo se sentase un poco más cabe el jarro!
miércoles, 3 de febrero de 2016
Sight of relief
Ha dicho el Sr. Sánchez, Ilustrísimo, por cierto, según el tratamiento que ayer escuché le daba el Presidente de la Cortes, que España ha suspirado aliviada al enterarse de que el Rey le ha encargado formar gobierno. Ni más ni menos, así, como les digo, un suspiro de alivio, a sight of relief que dicen los ingleses. ¡Macanudo, che! O, por decirlo al estilo de Richard Burton en La Noche de la Iguana: ¡Fantastic!
Yo le vi ayer por la tele cuando dijo: "anuncio con toda la solemnidad que voy a formar gobierno. Creo que ni siquiera dijo que lo iba a intentar. La verdad es que no entendí en absoluto a que demonios venía aquello de la solemnidad, pero el caso es que vino y el tipo se quedó más ancho si cabe. Es lo que tienen los pavos.
Es que con esto de andar fuera de casa uno se tiene que tragar las televisiones nacionales con todos sus indigestos contenidos. Digo yo que por qué la gente, tan culta como es, no se conectará al ASTRA o, por lo menos, a Movistar o Vodafone, para poder ver canales de reducida toxicidad.
El caso es que he llegado a Madrid, me he subido al taxi y he visto que frente a mis ojos había un cartel con la siguiente leyenda: "si está mal vaya a amargar la vida a otras personas". El taxista me ha preguntado la dirección y a continuación ha puesto una musiquilla country a un volumen razonable. Me ha dejado disfrutar del paseo. Realmente las calles por las que hemos pasado son espléndidas. No sé si la gente que vive en ellas se habrá sumado al gigantesco suspiro nacional que dice Don Pedro. Me temo que no. No es de buen gusto
Total, me apeo, entro en casa y saludo a José Luis, el portero. Le pregunto como ha ido todo y me dice que bien, pero a continuación empieza con la habitual retahila de pequeñas quejas. ¡Qué le vamos a hacer! Seguro que tampoco él suspiró para aliviarse. Es lo que tiene ser portero frente al Retiro que se te pega de los señores lo del buen gusto. Cuando estoy a punto de entrar en el ascensor lanza una exclamación como de caer en la cuenta y me dice que tiene un paquete para mí. Me lo envía Santi. Se trata de "Against de Gods" "Una notable (remarkable) historia del riesgo". Tiene buena pinta. Ya les contaré.
Yo le vi ayer por la tele cuando dijo: "anuncio con toda la solemnidad que voy a formar gobierno. Creo que ni siquiera dijo que lo iba a intentar. La verdad es que no entendí en absoluto a que demonios venía aquello de la solemnidad, pero el caso es que vino y el tipo se quedó más ancho si cabe. Es lo que tienen los pavos.
Es que con esto de andar fuera de casa uno se tiene que tragar las televisiones nacionales con todos sus indigestos contenidos. Digo yo que por qué la gente, tan culta como es, no se conectará al ASTRA o, por lo menos, a Movistar o Vodafone, para poder ver canales de reducida toxicidad.
El caso es que he llegado a Madrid, me he subido al taxi y he visto que frente a mis ojos había un cartel con la siguiente leyenda: "si está mal vaya a amargar la vida a otras personas". El taxista me ha preguntado la dirección y a continuación ha puesto una musiquilla country a un volumen razonable. Me ha dejado disfrutar del paseo. Realmente las calles por las que hemos pasado son espléndidas. No sé si la gente que vive en ellas se habrá sumado al gigantesco suspiro nacional que dice Don Pedro. Me temo que no. No es de buen gusto
Total, me apeo, entro en casa y saludo a José Luis, el portero. Le pregunto como ha ido todo y me dice que bien, pero a continuación empieza con la habitual retahila de pequeñas quejas. ¡Qué le vamos a hacer! Seguro que tampoco él suspiró para aliviarse. Es lo que tiene ser portero frente al Retiro que se te pega de los señores lo del buen gusto. Cuando estoy a punto de entrar en el ascensor lanza una exclamación como de caer en la cuenta y me dice que tiene un paquete para mí. Me lo envía Santi. Se trata de "Against de Gods" "Una notable (remarkable) historia del riesgo". Tiene buena pinta. Ya les contaré.
lunes, 1 de febrero de 2016
La máxima ambición
A veces uno se pregunta si el sentido de la vida no será otra cosa sino saber escoger y mantener un puñado de amigos. En realidad, que nadie se engañe al respecto, nada le define mejor a uno que la calidad de los amigos que tiene y el tiempo que los conserva. Y eso no por otra cosa que por ser la amistad de entre todos los afectos el más interesado. Goethe le decía las afinidades electivas, es decir, que no te habían caído en suerte como, un suponer, la familia o los compañeros de trabajo, no, les habías elegido tú de entre todos los encuentros al azar que te proporciona la vida. Y los habías elegido porque intuiste afinidades que, las más de las veces, con el trato, te resultaron insulsas y, de ahí, los montones de cadáveres que cualquier vida cumplida va dejando en las cunetas.
Pla, en su Cuaderno Gris, le dedica mucha atención al concepto amistad. Y entre lo que recuerdo está que lo que más le horrorizaba era el cariño. Basar una amistad en el haber cogido cariño a alguien le parecía insoportable. La amistad, aseguraba, o es rentable o no dura. Si no es rentable y dura, en tal caso, habrá que llamarla de otra forma, pero nunca amistad. Lo confieso, pocas veces he estado más de acuerdo con algo de lo que he leído a lo largo de la vida. Amistad es sinónimo de rentabilidad. Luego habrá que ver el tipo de riqueza que cada uno persigue. Y en esto consiste la calidad y seguramente su duración.
El caso es que de vez en cuando retorno a Región saturado de soledad e información. Necesito diluir la una y contrastar la otra. Y entonces es cuando enfrento lo que realmente ha sido mi vida y, la verdad, lo confieso con orgullo, porque es por mis méritos, me embarga la satisfacción al constatar la calidad de los espejos en los que tengo la oportunidad de reflejarme.
Ya sea en torno a una mesa con cafés, ya sea paseando, todas las inquietudes acumuladas van siendo desgranadas hasta hacerlas alimento digerible para un espíritu enfermo de exigencia. Esa es la magia, la afinidad electiva: la conversación inteligente con gente que no persiguió otra cosa en la vida que comprender el porqué de las cosas. Y en eso consiste su riqueza, en elevar el espíritu. La máxima ambición posible.
En fin, me voy ya, cargado de nueva energía, al encuentro de las llanuras Castellanas para seguir rumiando lo recientemente ingerido mientras pedaleo sin descanso.
Pla, en su Cuaderno Gris, le dedica mucha atención al concepto amistad. Y entre lo que recuerdo está que lo que más le horrorizaba era el cariño. Basar una amistad en el haber cogido cariño a alguien le parecía insoportable. La amistad, aseguraba, o es rentable o no dura. Si no es rentable y dura, en tal caso, habrá que llamarla de otra forma, pero nunca amistad. Lo confieso, pocas veces he estado más de acuerdo con algo de lo que he leído a lo largo de la vida. Amistad es sinónimo de rentabilidad. Luego habrá que ver el tipo de riqueza que cada uno persigue. Y en esto consiste la calidad y seguramente su duración.
El caso es que de vez en cuando retorno a Región saturado de soledad e información. Necesito diluir la una y contrastar la otra. Y entonces es cuando enfrento lo que realmente ha sido mi vida y, la verdad, lo confieso con orgullo, porque es por mis méritos, me embarga la satisfacción al constatar la calidad de los espejos en los que tengo la oportunidad de reflejarme.
Ya sea en torno a una mesa con cafés, ya sea paseando, todas las inquietudes acumuladas van siendo desgranadas hasta hacerlas alimento digerible para un espíritu enfermo de exigencia. Esa es la magia, la afinidad electiva: la conversación inteligente con gente que no persiguió otra cosa en la vida que comprender el porqué de las cosas. Y en eso consiste su riqueza, en elevar el espíritu. La máxima ambición posible.
En fin, me voy ya, cargado de nueva energía, al encuentro de las llanuras Castellanas para seguir rumiando lo recientemente ingerido mientras pedaleo sin descanso.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
