lunes, 21 de octubre de 2013

Juego de símbolos



Este es el mensaje que me manda Jacobo: "Me da la impresión de que los ingleses están consiguiendo lo que no lograron los talibanes: que casi no vaya a la escuela. No hay día que no la veamos en un sarao diferente..."

Desde luego que el calvario de esa pobre chiquilla, y a saber como habrá quedado, es de los que sublevan a cualquiera que no sea uno de los que se lo hicieron pasar. Esos, juraría, viéndola ahora convertida en símbolo de todo lo que odian no hacen otra cosa que remachar su convencimiento. 

Es curioso esto de los símbolos. El empeño que siguen poniendo todos los poderes del mundo en crearlos y preservarlos. Supongo que será por que se piensa que son una poderosa arma de comunicación y, en definitiva, de control y dominación. Quizá porque lo que no se puede decir a las claras porque, como se suele decir, la verdad puede ofender, entonces, se puede decir de forma edulcorada mediante el subterfugio de los símbolos. La historia de esta niña que arriesgó su pellejo y se salvó por un pelo por defender el derecho que tiene todo ser humano a salir de la burricie viene ahora como de molde para, inspirando piedad, mostrar a la burricie universal que hace mal desperdiciando las oportunidades que le ofrece la sociedad para elevar su nivel de educación. 

No sé, pero todo esto me parece empalagoso. Ahí está la niña que quiere ir a la escuela pero no se quita el velo ni para cagar. Las dichosas tradiciones. Como si escuela y abandono de tradiciones no fuesen una y la misma cosa. Cuando uno se cultiva, creo, cambia tradiciones por costumbres que son una cosa sin el menor asomo de incondicionalidad y se usan a conveniencia. Como decía el famoso corrido, alirongo, alirongo, alirongo, el sombrero me lo quito y me lo pongo. 

O sea, que lo de esta niña, mucho libro y tal que le entrega la Reína mientras los cortesanos sonríen, pero, de alirongo nada, no vaya a ser que el pueblo llano entienda mal el mensaje y empiece a ponerse y quitarse el sombrero a su antojo y la cosa se nos vaya de las manos. O sea, educación sí, pero las tradiciones ni me las toques. Como si eso fuera posible. 

No sé, pero como esta cría no se quite pronto el velo y mejore su asistencia a la escuela, me parece a mí que vamos a tener otro bluf del estilo de Rigoberta Menchu que a ver quién se acuerda ya de ella si no es para hacer chistes. 

2 comentarios:

  1. Sí, parece un poco contradictorio el que la niña se jugara la vida por ir a la escuela y ahora haga tantos novillos. Y ya no te digo nada si le dan el premio Nóbel como a Rigoberta.

    Lo de los símbolos sí que es curioso cómo toman se cargan de valores ajenos a los que de origen llevarían. Por ejemplo: un día va Boadella y dice que el Cara al Sol le parece una canción preciosa y lo ponen a caldo. Barenboin interpreta a Wagner y se monta una buena en Israel. Un político alemán propone que el himno de la nación unificada sea el de la RDA y eso casi le cuesta la carrera. A mí, por ejemplo, el escudo del aguila me parece mucho más estético que el que tenemos ahora, y la letra del himno que escribió Pemán, por otro lado, bastante decente y la cantaría sin ningún pudor; y hasta si me apuras, la estética de la Falange, con esas camisas azules y las chaquetas blancas que se ponían algunos ministros, no estaba nada mal. Pero, ay majo, me libro mucho de irlo diciendo por ahí

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    1. Para empezar creo que todos los himnos se construyen a golpe de intervalos de cuarta que es una cosa que como que da mucho impulso al espíritu. Se comprueba cantando la internacional y luego el cara al sol. Tienen exactamente las mismas armonías. Y las letras ni te digo. Sí, habría que preguntar a los que se indignan con estas cosas que cuántos años hay que esperar para que se puedan hacer chistes con los símbolos sin que nadie se sienta ofendido por ello.

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