domingo, 20 de diciembre de 2015
Ni decisivo ni histórico
Por así decirlo me la suda. Sé que es una manera vulgar de decirlo, pero no hay que ser un lince de la semiología, ni haber leído a Saussure, para percatarse de que en ocasiones la vulgaridad añade un plus de significación al significante. O cosa por el estilo, que sea como sea esta “fiesta de la democracia” ni va a ser decisiva, ni mucho menos histórica, como dicen una vez más, porque lo que hay en juego es lo de siempre, es decir, unos cuantos buenos sueldos a los que se puede optar sin haber demostrado previamente mediante oposición, o currículum académico pertinente, que se está en posesión de capacidades intelectuales que justifiquen el estipendio a percibir.
Luego, sí, claro, te dirán que ese pasotismo puede llevar a un Zapatero cualquiera al poder, o peor si es que eso fuera posible, y yo les contestaré que no hay mal que por bien no venga porque del castigo colectivo que el triunfo de tales opciones supondría se extraerían lecciones sumamente útiles para encarar el futuro. Equivocarse, en definitiva, suele ser tomar impulso para mejor acertar. O es que acaso conocen a alguien con dos dedos de frente que no diga que la patria está mejor ahora que hace diez años, aunque puede ser que haya menos dinero en los bolsillos. Va de soi, es el esfuerzo que los particulares han invertido en educación lo que marca la diferencia. Y las diferencias entre unos y otros que no hacen sino crecer cuando la gente es libre para hacer lo que le dé la gana con su tiempo y dinero. Democracia que le dicen.
En fin, me parece de perlas que la gente vaya a votar. Hasta yo lo he hecho algunas veces. Pero por favor, hagamos un esfuerzo por saber la importancia que eso tiene. Muy poca en cualquier caso frente a ciertas actitudes personales con potencial para trascender. Ya se sabe lo mimética que es la sociedad y que ningún gesto que hagamos pasa desapercibido… así, poco a poco se irá llegando a un tiempo en el que los más acabarán por comprender lo poco que se puede esperar de lo que viene de fuera de uno mismo.
Por lo demás, con las votaciones lo único que se escoge es a los domésticos y domésticas. Los que ordenan tienen por lo general despacho con vistas al Central Park y, probablemente, lo consiguieron pactando con el diablo. Y el que les traiciona, que se amarre los machos.
jueves, 17 de diciembre de 2015
Monumentos
La historia de la humanidad tiene una media docena de reales monumentos que para mayor desgracia de la industria turística y su ingenua clientela no se pueden visitar viajando en el espacio. Su difícil comprensión exige de otro tipo de viajes que están reservados a un pequeño porcentaje de mortales que por el querer de los dioses nacieron dotados de un cierto sentido de la trascendencia. Y el sacrificio.
Apunten en primer lugar la Grecia Clásica. El orden de los siguientes ya da igual. Pongamos que la Viena de Wttigenstein o las universidades estadounidenses que consiguieron en el siglo pasado desentrañar con una aproximación turbadora la estructura íntima de la materia. Pues bien, los que hemos nacido por estos lares tenemos la inmensa suerte de tener al alcance de nuestra lengua materna otro de esos incuestionables monumentos, el que se conoce como Siglo de Oro Español. Un puñado de autores que disecaron la condición humana hasta los límites de lo imposible. Desde luego que en tales cuestiones pocos hilos sueltos dejaron para ser atados por la posteridad.
Y ese es el caso que uno, a veces, al observar la realidad circundante tiende a pensar que en general hemos aprovechado muy poco ese inmenso caudal de sabiduría que corre por delante de las puertas de nuestras casas. Tú dices aquí Critilo y Andrenio y el común de los que te oyeron pensarán que se te ha ido la olla. El otro día, por ejemplo, tuve el mal trance de observar un vídeo que reproducía un lamentable pasaje del debate recientemente habido entre los dos hombres con más posibilidades de llegar a Presidente de la nación. Me pareció evidente que por ninguno de los dos había pasado ni de refilón ese Siglo de Oro. Una pena, desde luego.
En fin, tampoco creo que la cosa sea grave porque a la vista está que el país funciona. Y el mundo. Porque, ya digo, es el orden de la naturaleza que dispone que para que todo sea mejor sólo sea necesario un pequeño porcentaje de dotados con capacidad para visitar monumentos de los de verdad. Así, de una forma natural, la chusma se mantiene apartada y les deja trabajar para el bienestar de todos.
Coda.- Sigo con lo de Feynman. Me he enterado de que hay una teoría que llaman QED (cuantum electrodynamics) que explica cómo interactúa la luz con las partículas con carga (fotones con electrones). Parece ser que la cosa tiene mucha más importancia de lo que a primera vista nos pudiera parecer a los profanos. En fin.
martes, 15 de diciembre de 2015
Awesome
No es que sea algo que me he sacado yo de la manga, ni mucho menos, es algo que se viene sabiendo desde la noche de los tiempos: sin estar aprendiendo algo lo que parece vida no lo es. Así de sencillo.
Aprender es agonía y lo demás son cuentos. Esa mierda socialista de que se aprende jugando es la mayor estafa que se hizo nunca a la humanidad. Afortunadamente siempre hubo padres que no se dejaron embaucar y mandaron a sus hijos a estudiar a Esparta. Y gracias a eso no se ha ido todo al carajo. Por más que, socialistas mediante, tengamos que conformarnos a vivir con esta inmensa grieta entre luchadores y muertos vivientes.
Sé que ya me vengo repitiendo más de la cuenta con esta historia, pero es que ya va siendo la única convicción que me queda caso de haber tenido otra alguna vez. Aprender, aprender y aprender, la única revolución posible. O fuente de felicidad si lo quieren llamar de otra manera. En fin, para qué darle más vueltas.
El caso es que si caí en la tentación de insistir no ha sido por otra cosa que porque se dio la coincidencia de haber mandado hoy mi pequeña, pequeñísima para ser exactos, contribución filántropica a la Khan Academy y haber encontrado al escorcollar entre los periódicos un artículo dedicado a ella. Aquí tienen el link: http://one.elpais.com/salman-khan-el-responsable-de-que-millones-de-ninos-mejoren-sus-notas-del-colegio/
Total, que me han mandado un mail acusando recibo del envío. Y me califican de awesome, o sea, lo que los mexicanos dicen !padrísimo! Me ha hecho mucha ilusión porque, la verdad, no creo que haya a nadie a quien deba más conservarme con cierta vida estos últimos años que a esa Academy.
Aprender es agonía y lo demás son cuentos. Esa mierda socialista de que se aprende jugando es la mayor estafa que se hizo nunca a la humanidad. Afortunadamente siempre hubo padres que no se dejaron embaucar y mandaron a sus hijos a estudiar a Esparta. Y gracias a eso no se ha ido todo al carajo. Por más que, socialistas mediante, tengamos que conformarnos a vivir con esta inmensa grieta entre luchadores y muertos vivientes.
Sé que ya me vengo repitiendo más de la cuenta con esta historia, pero es que ya va siendo la única convicción que me queda caso de haber tenido otra alguna vez. Aprender, aprender y aprender, la única revolución posible. O fuente de felicidad si lo quieren llamar de otra manera. En fin, para qué darle más vueltas.
El caso es que si caí en la tentación de insistir no ha sido por otra cosa que porque se dio la coincidencia de haber mandado hoy mi pequeña, pequeñísima para ser exactos, contribución filántropica a la Khan Academy y haber encontrado al escorcollar entre los periódicos un artículo dedicado a ella. Aquí tienen el link: http://one.elpais.com/salman-khan-el-responsable-de-que-millones-de-ninos-mejoren-sus-notas-del-colegio/
Total, que me han mandado un mail acusando recibo del envío. Y me califican de awesome, o sea, lo que los mexicanos dicen !padrísimo! Me ha hecho mucha ilusión porque, la verdad, no creo que haya a nadie a quien deba más conservarme con cierta vida estos últimos años que a esa Academy.
lunes, 14 de diciembre de 2015
Cage
Anoche escuchaba a Blomberg pontificando en su propia televisión. Se le notaba acalorado. Pensé que a lo mejor le daba cualquier cosa porque el tipo tiene sus años. Últimamente se prodiga mucho por los platós de las grandes cadenas internacionales que, in my humble opinion, son en las únicas que de vez en cuando se ve y escucha algo interesante.
El caso es que Blomberg no estaba diciendo cosas del otro mundo, pero viniendo de quien venía y desde donde venía parecían de una cierta trascendencia. Divagaba acerca de la ya famosa cumbre del clima de París de la que opinaba más o menos, de forma educada, eso sí, que no había servido para absolutamente nada. Cuándo cambian las cosas, se interrogaba, pues muy sencillo, cuando la gente lo exige porque se siente incómoda con lo que hay. Y contaba sus experiencias como Alcalde de New York. Todo lo que se hizo allí hasta convertirla en la ciudad con mayores y mejores expectativas de vida de todos los EEUU fue por la presión y trabajo de los movimientos ciudadanos. Si la gente decide que prefiere huertos a aparcamientos quiere decir unas cuantas cosas, pero sobre todo que está dispuesta a madrugar un poco más para tomar el trasporte público en vez del coche privado. Esa es la cuestión, que todo es a cambio de algo. Elemental... y sin embargo, aquí...
Madrid, tal que ahora, con los días entrañables a la vuelta de la esquina, parece una ciudad pleistocénica. Tiene su encanto verlo, pero al segundo pase cansa una barbaridad. Se ve que la masa crítica de demandantes de modernidad es irrelevante. Sin duda es un problema de ilustración. Ayer por la tarde paseábamos por delante de lo que fuera en los años sesenta Instituto Goethe. Recordé que por aquel entonces se había interpretado allí el concierto 4 33 de John Cage. Se lo oí comentar a unos compañeros de curso que habían hecho el bachillerato en el Colegio Estudio. Me los solía encontrar en los conciertos del Español y siempre eran amables, pero con ineludible vocación de distancia. Pues bien, a lo que iba, John Cage pasó por Madrid en los sesenta, pero Madrid todavía no ha pasado por John Cage a estas alturas del XXI. Y lo que te rondaré, morena. La gente sigue prefiriendo la Pastoral de Beethoven y los boleros de Machín. Por no hablar de esa juventud añosa que se pirria por las rokanrroladas del Boss.
En fin, allá cada cual con sus opciones de felicidad, pero me temo que en el pleistoceno no se va a cumplir ni una. El mundo evoluciona veloz y si no te adaptas, mueres aunque parezca que vives. No, no me puedo imaginar a Cage sobreviviendo en medio de toda esta chatarra de colores. Ni a Cage ni a mí. Me voy ahora mismo, por tanto, a sacar un billete para 4 33.
El caso es que Blomberg no estaba diciendo cosas del otro mundo, pero viniendo de quien venía y desde donde venía parecían de una cierta trascendencia. Divagaba acerca de la ya famosa cumbre del clima de París de la que opinaba más o menos, de forma educada, eso sí, que no había servido para absolutamente nada. Cuándo cambian las cosas, se interrogaba, pues muy sencillo, cuando la gente lo exige porque se siente incómoda con lo que hay. Y contaba sus experiencias como Alcalde de New York. Todo lo que se hizo allí hasta convertirla en la ciudad con mayores y mejores expectativas de vida de todos los EEUU fue por la presión y trabajo de los movimientos ciudadanos. Si la gente decide que prefiere huertos a aparcamientos quiere decir unas cuantas cosas, pero sobre todo que está dispuesta a madrugar un poco más para tomar el trasporte público en vez del coche privado. Esa es la cuestión, que todo es a cambio de algo. Elemental... y sin embargo, aquí...
Madrid, tal que ahora, con los días entrañables a la vuelta de la esquina, parece una ciudad pleistocénica. Tiene su encanto verlo, pero al segundo pase cansa una barbaridad. Se ve que la masa crítica de demandantes de modernidad es irrelevante. Sin duda es un problema de ilustración. Ayer por la tarde paseábamos por delante de lo que fuera en los años sesenta Instituto Goethe. Recordé que por aquel entonces se había interpretado allí el concierto 4 33 de John Cage. Se lo oí comentar a unos compañeros de curso que habían hecho el bachillerato en el Colegio Estudio. Me los solía encontrar en los conciertos del Español y siempre eran amables, pero con ineludible vocación de distancia. Pues bien, a lo que iba, John Cage pasó por Madrid en los sesenta, pero Madrid todavía no ha pasado por John Cage a estas alturas del XXI. Y lo que te rondaré, morena. La gente sigue prefiriendo la Pastoral de Beethoven y los boleros de Machín. Por no hablar de esa juventud añosa que se pirria por las rokanrroladas del Boss.
En fin, allá cada cual con sus opciones de felicidad, pero me temo que en el pleistoceno no se va a cumplir ni una. El mundo evoluciona veloz y si no te adaptas, mueres aunque parezca que vives. No, no me puedo imaginar a Cage sobreviviendo en medio de toda esta chatarra de colores. Ni a Cage ni a mí. Me voy ahora mismo, por tanto, a sacar un billete para 4 33.
domingo, 13 de diciembre de 2015
Cumbres doradas
Uno oye la palabra cumbre y automáticamente le viene a las mientes aquel chascarrillo que hacía las delicias de los Proscritos de Alar. Rezaba así: "Alas seis de la mañana,/ cuando el sol dora las cumbres,/ hay más pollas en los coños/ que pucheros en la lumbre."
Para ser rigurosos lo que debieran darnos las autoridades competentes es una información contrastada sobre el plus de fornicaciones habido estos días en París con motivo de la cumbre del clima. Por lo que he podido ver en la pantalla, estaba aquello hasta la bandera de militantes de la cosa. Y los militantes de cualquier cosa ya se sabe para qué lo son principalmente. Para ir a las cumbres a ver si hay suerte y el sol las dora. Porque, los pobres, a palo seco, nada de nada, que eso y no otra cosas es lo que incita a militar. Hasta el más tonto lo sabe.
Y así vamos, de cumbre en cumbre para combatir el calentamiento global por medio del enfriamiento de los calentamientos individuales. Y ni por esas, que la cosa va disparada por razones obvias: el maldito ocio. Ocio y malos pensamientos, todo es uno. Bien que lo sabía San Juan Bosco, que por eso no consentía que sus niños dejasen de correr por el patio un solo minuto a la hora del recreo. Y claro, así sudabas y perdías calor. El calor que se te acumulaba a nada que te parases dos segundos a pensar... en la cosa por supuesto.
La perdida de calor, por tanto, es un empeño arduo porque lo frena el tabú. Los hombres siguen queriendo estar seguros de la paternidad de sus hijos y las mujeres no quieren poner en peligro la alimentación de la progenie. Y así no hay forma de avanzar. Para que la refrigeración funcionase adecuadamente la realidad tendría que parecerse a las películas porno. Allí donde macho y hembra se encontrasen en unas mínimas condiciones de discreción, zas, a perder calor. Como la cosa más natural y sin dejar reminiscencias turbadoras. O sea, relajo total y ninguna necesidad de cruzar océanos para ir a hacer cochinadas donde nadie te ve, que eso sí que calienta el globo.
En fin, uno quiere aportar ideas porque veo que las que dan en las cumbres doradas son muy limitadas y llenas de condicionales. Una antigualla en definitiva.
Para ser rigurosos lo que debieran darnos las autoridades competentes es una información contrastada sobre el plus de fornicaciones habido estos días en París con motivo de la cumbre del clima. Por lo que he podido ver en la pantalla, estaba aquello hasta la bandera de militantes de la cosa. Y los militantes de cualquier cosa ya se sabe para qué lo son principalmente. Para ir a las cumbres a ver si hay suerte y el sol las dora. Porque, los pobres, a palo seco, nada de nada, que eso y no otra cosas es lo que incita a militar. Hasta el más tonto lo sabe.
Y así vamos, de cumbre en cumbre para combatir el calentamiento global por medio del enfriamiento de los calentamientos individuales. Y ni por esas, que la cosa va disparada por razones obvias: el maldito ocio. Ocio y malos pensamientos, todo es uno. Bien que lo sabía San Juan Bosco, que por eso no consentía que sus niños dejasen de correr por el patio un solo minuto a la hora del recreo. Y claro, así sudabas y perdías calor. El calor que se te acumulaba a nada que te parases dos segundos a pensar... en la cosa por supuesto.
La perdida de calor, por tanto, es un empeño arduo porque lo frena el tabú. Los hombres siguen queriendo estar seguros de la paternidad de sus hijos y las mujeres no quieren poner en peligro la alimentación de la progenie. Y así no hay forma de avanzar. Para que la refrigeración funcionase adecuadamente la realidad tendría que parecerse a las películas porno. Allí donde macho y hembra se encontrasen en unas mínimas condiciones de discreción, zas, a perder calor. Como la cosa más natural y sin dejar reminiscencias turbadoras. O sea, relajo total y ninguna necesidad de cruzar océanos para ir a hacer cochinadas donde nadie te ve, que eso sí que calienta el globo.
En fin, uno quiere aportar ideas porque veo que las que dan en las cumbres doradas son muy limitadas y llenas de condicionales. Una antigualla en definitiva.
sábado, 12 de diciembre de 2015
La marcha
Después de una noche sin pegar ojo a causa del derecho inalienable que tiene la alegre muchachada que vive en el piso de encima a divertirse, uno, por la mañana, con los ojos como frambuesas, se pone a pensar y llega a la conclusión una vez más de que la única opción posible para combatir esta pesadumbre existencial que me constituye es hacer el petate y seguir camino -ya me queda poco en cualquier caso-. Lo tengo perfectamente asumido, estoy condenado, por lo que sea, que no voy a entrar ahora, a la desintegración social. Al poco de permanecer en cualquier sitio empiezan a abrumarme los pequeños inconvenientes inevitables de cualquier convivencia que el común de los mortales combate y alivia ya sea con pastillas, ya con copas, o, sencillamente, con el recurso infalible de la queja que no cesa.
En fin, ya lo dijo el poeta, que el destino nos lleva de la mano y al que se resiste lo arrastra. Así que, ya digo, ir haciendo el petate y a donde los dioses digan, porque lo que por nada del mundo voy a hacer es, uno, buscar alivio en la queja o sus sucedáneos, dos, ponerme a pleitear con los vecinos. Además, que me va la marcha un montón. La marcha de marcharse digo.
En fin, ya lo dijo el poeta, que el destino nos lleva de la mano y al que se resiste lo arrastra. Así que, ya digo, ir haciendo el petate y a donde los dioses digan, porque lo que por nada del mundo voy a hacer es, uno, buscar alivio en la queja o sus sucedáneos, dos, ponerme a pleitear con los vecinos. Además, que me va la marcha un montón. La marcha de marcharse digo.
viernes, 11 de diciembre de 2015
Titanes de la perfección moral
Me he enterado de que tanto el líder del Partido Socialista como el de Podemos, esos dos autoproclamados titanes de la perfección moral, han hechos comentarios poco caritativos, cuanto menos, acerca de la estatura física, que no mental, de la Vicepresidenta del Gobierno, Sra. Sáez de Santamaría. El asunto, supongo que para disgusto de los dos graciosos, apenas ha tenido resonancia. Es lo normal cuando el presunto ofendido sobrepasa en varios largos de inteligencia al ofensor. A palabras tontas, oídos sordos. No hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Etc., etc..
Sin embargo, in my opinion, este tipo de sucesos al estar relacionados, pienso, con los instintos más primarios pueden dar pie a la reflexión sobre las humanas debilidades y, en su caso, llegar a algunas más o menos ciertas conjeturas, que no conclusiones. Debilidades sin duda relacionadas con la escasa capacidad de control que ejerce la razón cuando el animal que llevamos dentro se ve abocado a una actitud de lucha.
Así es que sería gran tontería ponerse a negar ahora la enorme influencia que sobre la psique de cada cual tienen las proporciones más o menos áureas de su cuerpo. Tanto al que las tiene bien aquilatadas como al que no, nunca se le van de la cabeza las ventajas o trabas que de su constitución física se derivan. Ligar o no ligar por la cara, esa es la cuestión. Y de ahí el estúpido orgullo de los unos y el paralizante resentimiento de los otros. La condición animal en estado puro. El infalible camino hacia el despeñadero.
Pero no se apuren. Sobre esto, como sobre casi todo, se pueden aprender un montón de cosas prácticas siguiendo las clases que Critilo le impartió a Andrenio. La suerte de la fea, la guapa la acaba por desear, le vino a decir. Acostumbrarse de joven a no necesitar trabajar las armas de seducción es quizá la mayor desgracia que le puede ocurrir a cualquiera. Porque sin esas armas bien desarrolladas, cuando ha pasado el tiempo que iguala todo lo físico, el antiguo guapo, o guapa, se convierte en un pingajo. En nada se parece, desde luego, al antiguo feo que también vagueó en su juventud, porque, éste, no tiene que sufrir los costes del haber venido a menos. Por lo demás, la rabia o resentimiento del feo no es raro que se convierta en motor de aprendizaje y, por tanto, fuente de poder futuro... aunque, por más lejos que se llegue, sospecho que el poso que esa rabia o resentimiento primerizo dejó casi nunca se extingue del todo... y, ahí, sí que es la inteligencia la que cuenta para que no se note el resquemor.
En resumidas cuentas, que a esos titanes de la perfección moral les fue tan fácil avanzar en sus primeras escaramuzas gracias a su palmito que no tuvieron oportunidad de verse obligados a reconsiderar sus estrategias. Y ahora, cuando se tienen que enfrentar a quien sí se vio obligado no encuentran dentro de sí más armas que las puramente animales. Las de la berrea: soy más alto y guapo que tú.
Por lo demás, no entiendo por qué demonios la Sra. Santamaría tiene que recurrir a esos ridículos coturnos. Seguro que la incomodidad física que por fuerza le tienen que proporcionar le resta capacidades mentales. Pero, el caso es que ahí están, demostrando una vez más que incluso para las mentes más brillantes es difícil obviar la suposición de que tira más pelo de coño que soga de marinero... que, en definitiva, las armas de seducción no están exclusivamente en la cabeza como ingenuamente llegamos a creer aquella ya mítica generación de los sesentaiocheros, cuando los tacones quedaron relegados al ámbito de lo más cutre.
Sin embargo, in my opinion, este tipo de sucesos al estar relacionados, pienso, con los instintos más primarios pueden dar pie a la reflexión sobre las humanas debilidades y, en su caso, llegar a algunas más o menos ciertas conjeturas, que no conclusiones. Debilidades sin duda relacionadas con la escasa capacidad de control que ejerce la razón cuando el animal que llevamos dentro se ve abocado a una actitud de lucha.
Así es que sería gran tontería ponerse a negar ahora la enorme influencia que sobre la psique de cada cual tienen las proporciones más o menos áureas de su cuerpo. Tanto al que las tiene bien aquilatadas como al que no, nunca se le van de la cabeza las ventajas o trabas que de su constitución física se derivan. Ligar o no ligar por la cara, esa es la cuestión. Y de ahí el estúpido orgullo de los unos y el paralizante resentimiento de los otros. La condición animal en estado puro. El infalible camino hacia el despeñadero.
Pero no se apuren. Sobre esto, como sobre casi todo, se pueden aprender un montón de cosas prácticas siguiendo las clases que Critilo le impartió a Andrenio. La suerte de la fea, la guapa la acaba por desear, le vino a decir. Acostumbrarse de joven a no necesitar trabajar las armas de seducción es quizá la mayor desgracia que le puede ocurrir a cualquiera. Porque sin esas armas bien desarrolladas, cuando ha pasado el tiempo que iguala todo lo físico, el antiguo guapo, o guapa, se convierte en un pingajo. En nada se parece, desde luego, al antiguo feo que también vagueó en su juventud, porque, éste, no tiene que sufrir los costes del haber venido a menos. Por lo demás, la rabia o resentimiento del feo no es raro que se convierta en motor de aprendizaje y, por tanto, fuente de poder futuro... aunque, por más lejos que se llegue, sospecho que el poso que esa rabia o resentimiento primerizo dejó casi nunca se extingue del todo... y, ahí, sí que es la inteligencia la que cuenta para que no se note el resquemor.
En resumidas cuentas, que a esos titanes de la perfección moral les fue tan fácil avanzar en sus primeras escaramuzas gracias a su palmito que no tuvieron oportunidad de verse obligados a reconsiderar sus estrategias. Y ahora, cuando se tienen que enfrentar a quien sí se vio obligado no encuentran dentro de sí más armas que las puramente animales. Las de la berrea: soy más alto y guapo que tú.
Por lo demás, no entiendo por qué demonios la Sra. Santamaría tiene que recurrir a esos ridículos coturnos. Seguro que la incomodidad física que por fuerza le tienen que proporcionar le resta capacidades mentales. Pero, el caso es que ahí están, demostrando una vez más que incluso para las mentes más brillantes es difícil obviar la suposición de que tira más pelo de coño que soga de marinero... que, en definitiva, las armas de seducción no están exclusivamente en la cabeza como ingenuamente llegamos a creer aquella ya mítica generación de los sesentaiocheros, cuando los tacones quedaron relegados al ámbito de lo más cutre.
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