jueves, 28 de enero de 2016
Coágulos
Iba ayer de paseo por una acera cuando un coágulo formado por una familia me obligó a detenerme. Sin querer tuve que escuchar lo que hablaban. Al niño, de cinco o seis años, por lo visto le habían regalado una caja de golosinas y, el que parecía su padre, le preguntaba con cierta vehemencia si las había repartido con sus compañeros. Sin duda, con aquella vehemencia, el padre pensaba que estaba contribuyendo a una mejor educación de su hijo.
Ustedes, qué piensan del asunto. ¿Creen que mejora la educación de los niños enseñarles, o forzarles, a repartir todo lo que les cae del cielo? Yo, lo estuve pensando un rato y concluí que quizá ese padre fue de niño más de lo debido a la catequesis de la parroquia de su barrio obrero. Ahí estaba el pobre desgraciado tratando de infiltrar a su querido hijito, con toda su buena intención, eso sí, una de las peores de entre todas las nefastas alienaciones que han lastrado a la humanidad: la comunidad cristiana de bienes.
Se empieza por ahí y se acaba colgando una mugrienta pancarta en la fachada del Palacio Cibeles con la leyenda “WELLCOME REFUGES”. Y qué bueno soy. Sí, pero ahora dime en qué contribuyes a crear esa riqueza que tanto te complace repartir.
Si, así, de entrada, el padre hubiese preguntado: ¿Qué has hecho con las golosinas, hijo? Entonces, en vez de lo de la catequesis quizá hubiese pensado que ese padre a lo mejor hasta había leído a Adam Smith. Porque la caja de golosinas, efectivamente, es un capital que el niño tiene en sus manos y que, por tanto, puede dilapidar, pero, también, ponerle a producir.
Y ahí está el quid de la cuestión, que ese dilapidar que es la comunidad cristiana de bienes da unos réditos tan instantáneos como fugaces y, sin embargo, eso tan antipático de ponerlo a producir da la oportunidad de poder en un futuro practicar esa forma inteligente de la caridad, o el compartir, o la solidaridad, que es la filantropía.
En fin, es tan complicado el educar… pero es que además, estoy casi seguro de que más de la mitad de los niños con los que ese padre invitaba a su hijo a compartir las golosinas tienen sobrepeso. La verdad, no sé qué hace la gente, quizá los abuelos, regalando a estas alturas golosinas a los niños. Ni golosinas ni nada... bueno, quizá una caña.
¡Dichosos coágulos!
miércoles, 27 de enero de 2016
La vida
Esta lucha contra uno mismo que es la vida. Y el saber que ese inextinguible anhelo de paz, de estabilidad, no es otra cosa que pulsión de muerte. Sí, así es, o vives en la cuerda floja, hoy aquí, mañana allí, o estás finiquitado. Sin la incierta batalla de cada día la vida es nada. Obligado a idear estrategias para, si no ganarlas, sí salir de ellas con las menos heridas posibles y algún tipo de botín. E insistir e insistir impulsado por esa fuerza misteriosa que es el querer de los dioses. Un milagro, desde luego.
lunes, 25 de enero de 2016
Gascón de Nava
Me acordé ayer de estas cosas con motivo de haber parado a descansar de una larga cabalgada en la Plaza del Caudillo de Gascón de Nava. De inmediato pensé que aquel nombre le sentaba a la plaza como un guante y que afortunadamente a ningún alcalde necio se le había ocurrido cambiarle. Gascón de la Nava es uno de aquellos pueblos de colonización que se construyeron de nueva planta en los comienzos del franquismo. En este caso para alojar a las familias que se iban a encargar de hacer productivos los terrenos recién ganados tras desecar la laguna que había en la gran nava al oeste de Palencia. Esto sí que es historia, sin vuelta de hoja. Historia de entre la mejor historia de este país y ligada al Caudillo pese a quien pese. Liberar a toda una región de las fiebres cuartanas a la vez que se enseña a la gente a cagar en el retrete y ducharse de vez en cuando es un tipo de progreso infinitamente superior al de matriz zapateril.
Pero es que, además, estos pueblos de colonización, diseñados siempre por los más notables arquitectos de la época, debieran en justicia ser lugar de peregrinación para todos esos resentidos que en vez de ponerse a estudiar se dedican a soñar utopías. Porque no otra cosa que la consecución de una utopía son. La utopía con su natural desnaturalización con el paso del tiempo hasta convertirse en preciosa arqueología.
En fin, la construcción de la utopía ligada siempre al totalitarismo. Aunque también en esto hay clases y por eso las ligadas al totalitarismo señoritil siempre dieron mejor resultado que las del totalitarismo proletario. Es lo que hay y La Plaza del Caudillo está ahí para que no se nos olvide.
viernes, 22 de enero de 2016
¿Cómo estás?
Dicen que cuando Patxi López, o lo pez que está Patxi, fue por primera vez a ver al Rey en su calidad de Presidente de la Cortes, se presentó, así, a lo campechano, con un ¿Cómo estás? Así, como si el día anterior hubiesen estado de potes por el casco viejo. Es lo que tiene ser maketo, que uno alterna una barbaridad con las élites linajudas y acaba por camaleonarse.
Cuando era joven, de estudiante en Valladolid, y en Madrid también, conocí a unos cuantos vascos que se llamaban Pachi, que es el nickname que suelen utilizar los vascos que se llaman Francisco. Que yo recuerde aquella gente no tenía el menor problema en poner ch cuando escribían su nombre. Ni siquiera se les pasaba por la cabeza que pudiese ser de otra manera. Pero hete aquí que un buen día un rayo divino, o algo así, inspiró a toda una comunidad de provincias que escribir ch en vez de tx era cosa de hijos de la gran puta. Cuesta de creer, que diría Jordi, pero las cosas del género humano a veces son así de surrealistas.
Pues bien, lo pez que está Patxi, ningún problema. ¡Vasco pues, gente maja! ¿Por qué no iba a tutear al Rey si la tx concede de por sí el título de hidalguía? Pues menudo somos los ciclistas que dijo Bahamontes cuando le increparon por haber pegado a Loroño un par de bombazos en la cabeza por haberse cagado Loroño en la puta madre de Bahamontes. Claro, si Bahamontes hubiese sabido que Loroño, por vasco, era hidalgo de nacimiento, pues, yo qué sé, a lo mejor se la había envainado.
En fin, no me negarán que el sainetillo que tienen montado estos días los Padres de la Patria es para mear y no echar gota. Y mientras tanto ¡Viva la Pepa! Aquí nadie es más que nadie. Y el que recoja la caca del perro es un pringao. Así que corto el rollo y me voy para Palencia que allí la gente todavía distingue y sabe que a los viejos se les debe tratar de usted. Y al Rey de Majestad para arriba.
Cuando era joven, de estudiante en Valladolid, y en Madrid también, conocí a unos cuantos vascos que se llamaban Pachi, que es el nickname que suelen utilizar los vascos que se llaman Francisco. Que yo recuerde aquella gente no tenía el menor problema en poner ch cuando escribían su nombre. Ni siquiera se les pasaba por la cabeza que pudiese ser de otra manera. Pero hete aquí que un buen día un rayo divino, o algo así, inspiró a toda una comunidad de provincias que escribir ch en vez de tx era cosa de hijos de la gran puta. Cuesta de creer, que diría Jordi, pero las cosas del género humano a veces son así de surrealistas.
Pues bien, lo pez que está Patxi, ningún problema. ¡Vasco pues, gente maja! ¿Por qué no iba a tutear al Rey si la tx concede de por sí el título de hidalguía? Pues menudo somos los ciclistas que dijo Bahamontes cuando le increparon por haber pegado a Loroño un par de bombazos en la cabeza por haberse cagado Loroño en la puta madre de Bahamontes. Claro, si Bahamontes hubiese sabido que Loroño, por vasco, era hidalgo de nacimiento, pues, yo qué sé, a lo mejor se la había envainado.
En fin, no me negarán que el sainetillo que tienen montado estos días los Padres de la Patria es para mear y no echar gota. Y mientras tanto ¡Viva la Pepa! Aquí nadie es más que nadie. Y el que recoja la caca del perro es un pringao. Así que corto el rollo y me voy para Palencia que allí la gente todavía distingue y sabe que a los viejos se les debe tratar de usted. Y al Rey de Majestad para arriba.
jueves, 21 de enero de 2016
Empiriocriticismo
Cuando viví en Salamanca, la casualidad me llevó a tratar a una chica cubana, de nombre Mariela o algo así, que estaba en la ciudad con el propósito de realizar una tesis sobre la propiedad intelectual. Mariela, según se decía, era Vicedecana de la Facultad de Derecho de la Habana. Como siempre me resultó muy curioso que en los países con regímenes políticos de cariz comunista haya tantos "vice" de lo que sea, un día le pregunté el porqué de esa insistencia en secundizar los cargos públicos y me fue imposible entender la respuesta. Era como aquello del empiriocriticismo que decía Lenin, un mantra para iniciados. En ocasiones coincidía con ella en la misma mesa de El Bardo, el restaurante de la gente guay, así que un día, sabiendo ella que yo solía ir en coche hasta Santander, me dijo si la podía llevar. Por supuesto, yo encantado. Llevaba tiempo deseando hacerle una pregunta comprometida, así que me lo puso en bandeja.
La pregunta en cuestión era que, qué hacía una chica como ella, ferviente defensora de la ideología comunista, dedicando sus esfuerzos al estudio de una cuestión tan radicalmente capitalista como la propiedad intelectual. Por supuesto, que tampoco me fue posible entender su respuesta, trufada, desde luego, de los inevitables "tremenda contradicción, compañero". En fin, ya saben, comunismo castrista, puro folklore. Asesino, eso sí, pero folklore.
He recordado esta anécdota al leer hoy un artículo de mi admirado Arcadi Espada en el que insiste una vez más en el tema de la propiedad intelectual acaso cegado por su condición de juez y parte. ¿Cómo no va a querer él, que vive de escribir, que se preserven por ley los derechos de autor? Va de soi, que el mismo diría. Así es que escribe:
"La propiedad intelectual es una gota de agua donde están vivas las más dañinas bacterias de la época: el posmodernismo, el populismo, el adanismo, la orgullosa ignorancia y la criminalidad organizada en torno del bien. Todos los tontos y malvados, sin excepción y en férrea alianza liberal-podémica, son partidarios de acabar con el anacronismo de que el trabajo cultural sea remunerado."
Desde luego que no hay mayor verdad que esa de que el interés ciega. O es que no va a saber Arcadi que ese sintagma, trabajo cultural, incluye desde las más excelsas creaciones a las más apestosas imposturas... que son, por cierto, las que mejor se libran de los embates del progreso tecnológico por razones elementales, Mister Watson: las apestosas imposturas son el elixir del populacho... entre el que incluyo.
Pues sí, el trabajo cultural, digamos que el de medio pelo, del que han estado viviendo millones de personas hasta ahora, es un trabajo radicalmente artesano y, como tal, no se va a librar de ser afectado por la máquina. La digital en este caso. Ya está pasando y nadie lo va a poder parar. Forma parte de las uvas de la ira. Y de la propia evolución del mundo. Así que es inútil soñar conspiraciones. "El posmodernismo, el populismo, el adanismo, la orgullosa ignorancia y la criminalidad organizada en torno del bien", que con tanta vehemencia demoniza Arcadi, no son sino las inevitables consecuencias del interminable proceso de acción/reacción que es la historia de la humanidad. Los superdotados actúan a su manera y los infradotados reaccionan a la suya. Y al final, como está de sobra demostrado, siempre ganan los buenos y el mundo sigue mejorando.
Por lo demás, aquí tienen un trabajo cultural como la copa de un pino que no por ser de acceso gratuito ha dejado de ser remunerado con la mayor gloria a la que es posible acceder a los humanos:
http://www.feynmanlectures.caltech.edu/
La pregunta en cuestión era que, qué hacía una chica como ella, ferviente defensora de la ideología comunista, dedicando sus esfuerzos al estudio de una cuestión tan radicalmente capitalista como la propiedad intelectual. Por supuesto, que tampoco me fue posible entender su respuesta, trufada, desde luego, de los inevitables "tremenda contradicción, compañero". En fin, ya saben, comunismo castrista, puro folklore. Asesino, eso sí, pero folklore.
He recordado esta anécdota al leer hoy un artículo de mi admirado Arcadi Espada en el que insiste una vez más en el tema de la propiedad intelectual acaso cegado por su condición de juez y parte. ¿Cómo no va a querer él, que vive de escribir, que se preserven por ley los derechos de autor? Va de soi, que el mismo diría. Así es que escribe:
"La propiedad intelectual es una gota de agua donde están vivas las más dañinas bacterias de la época: el posmodernismo, el populismo, el adanismo, la orgullosa ignorancia y la criminalidad organizada en torno del bien. Todos los tontos y malvados, sin excepción y en férrea alianza liberal-podémica, son partidarios de acabar con el anacronismo de que el trabajo cultural sea remunerado."
Desde luego que no hay mayor verdad que esa de que el interés ciega. O es que no va a saber Arcadi que ese sintagma, trabajo cultural, incluye desde las más excelsas creaciones a las más apestosas imposturas... que son, por cierto, las que mejor se libran de los embates del progreso tecnológico por razones elementales, Mister Watson: las apestosas imposturas son el elixir del populacho... entre el que incluyo.
Pues sí, el trabajo cultural, digamos que el de medio pelo, del que han estado viviendo millones de personas hasta ahora, es un trabajo radicalmente artesano y, como tal, no se va a librar de ser afectado por la máquina. La digital en este caso. Ya está pasando y nadie lo va a poder parar. Forma parte de las uvas de la ira. Y de la propia evolución del mundo. Así que es inútil soñar conspiraciones. "El posmodernismo, el populismo, el adanismo, la orgullosa ignorancia y la criminalidad organizada en torno del bien", que con tanta vehemencia demoniza Arcadi, no son sino las inevitables consecuencias del interminable proceso de acción/reacción que es la historia de la humanidad. Los superdotados actúan a su manera y los infradotados reaccionan a la suya. Y al final, como está de sobra demostrado, siempre ganan los buenos y el mundo sigue mejorando.
Por lo demás, aquí tienen un trabajo cultural como la copa de un pino que no por ser de acceso gratuito ha dejado de ser remunerado con la mayor gloria a la que es posible acceder a los humanos:
http://www.feynmanlectures.caltech.edu/
miércoles, 20 de enero de 2016
Ni de "letras"
Recuerdo que, allá por los años 70 del pasado siglo, se armó gran revuelo en el hospital en el que por aquel entonces estaba enrolado a causa de haberse descubierto que uno de los cirujanos de corazón no tenía acabada la carrera de medicina. Era un tipo agradable y discreto al que la competencia se le suponía por gozar de la confianza de su jefe, uno de los mejores cirujanos cardiovasculares que ha dado el país, si no el mundo. Al chaval, que desapareció de inmediato, le montaron una buena y si no acabó en el truyo poco le debió de faltar. En cualquier caso los comentarios dominantes no le eran muy favorables, sirviéndole de poco su acreditada competencia artesana. Así fue que se dio constancia ante el respetable de la importancia de los procedimientos. De los vericuetos seguidos por el interesado para haber llegado a aquella sorprendente situación, apenas se supo, por más que, bien mirado, quizá fuera lo único interesante de todo el caso. El tipo había defraudado los procedimientos y tenía que pagarlo. Eso fue todo.
Me he acordado de tal suceso, y las diferentes varas de medir, al leer un enlace que me envía hoy Jacobo. Resulta que tanto el nuevo Presidente de la Generalidad de Cataluña, como la Alcaldesa de Barcelona, como los jefes de los partidos socialista y popular de esa comunidad, así como otro montón de altos cargos políticos, ninguno tiene acabada la carrera que empezó, por lo general siempre de las que se conocen como "de letras", o sea, que las matemáticas ni olerlas no vaya a ser... Bueno, no estoy seguro, pero creo haber leído en alguna parte que el actual presidente de las Cortes, ahí es nada, llegó incluso a matricularse de primero de Derecho en una universidad de provincias. Un gran tipo.
Uno no sabe qué pensar de todo esto, si son detalles simplemente anecdóticos o si será algo que tiene ineluctablemente que ver con la real merdé que hay montada en el país. La verdad es que en los medios en los que me he movido siempre se ha pensado que hay que ser muy vago o muy lerdo para no poder con una carrera de letras. Otra cosa es ser bueno y destacar en esas materias, que eso todo el mundo sabe que está reservado a las mejores cabezas. La paradoja de siempre, lo fácil es a la larga lo más difícil y viceversa. Pero éste es otro tema.
Lo que es curioso, ahora que caigo, es que todos los casos comentados provengan de lo que se ha dado en conocer como "comunidades históricas": Cataluña y el País Vasco. Supongo que algo tendrá que ver en esa deriva el que se lleve décadas, siglos acaso, insistiendo en que nacer en esos lugares es de por sí una misión en la vida. En esos lugares ya viene uno al mundo con todos los atributos puestos. El de la omnisciencia incluido. Así que a quoi bon perder el tiempo estudiando.
No sé, en fin, porque he conocido mucha gente con carrera que me ha parecido de una simpleza apabullante. Claro que también tengo que decir que ha sido gente que ha hecho poco daño porque por lo general se han dedicado a mandar en lo que sea. Mandar en un hospital, como dirigir una orquesta, todo el mundo sabe que es pura ficción. Si hay buenos médicos o músicos, la cosa va sola. Si son unos piernas, ni que el mismísimo Dios dirigiese. Un país supongo que es diferente. Un país es un sistema muy complejo que requiere método para funcionar.
Sistema complejo y método, las dos cosas que se tratan de aprender estudiando cualquier carrera. Así que no sé hasta que punto sería deseable que se exigiese un determinado currículum a quienes se dedican a la cosa pública. Pero ya digo, los hay que le traen puesto por haber nacido donde han nacido.
Y perdonen por los desvaríos, pero es que no veo que estás cosas se puedan ajustar de ninguna forma a razón.
Me he acordado de tal suceso, y las diferentes varas de medir, al leer un enlace que me envía hoy Jacobo. Resulta que tanto el nuevo Presidente de la Generalidad de Cataluña, como la Alcaldesa de Barcelona, como los jefes de los partidos socialista y popular de esa comunidad, así como otro montón de altos cargos políticos, ninguno tiene acabada la carrera que empezó, por lo general siempre de las que se conocen como "de letras", o sea, que las matemáticas ni olerlas no vaya a ser... Bueno, no estoy seguro, pero creo haber leído en alguna parte que el actual presidente de las Cortes, ahí es nada, llegó incluso a matricularse de primero de Derecho en una universidad de provincias. Un gran tipo.
Uno no sabe qué pensar de todo esto, si son detalles simplemente anecdóticos o si será algo que tiene ineluctablemente que ver con la real merdé que hay montada en el país. La verdad es que en los medios en los que me he movido siempre se ha pensado que hay que ser muy vago o muy lerdo para no poder con una carrera de letras. Otra cosa es ser bueno y destacar en esas materias, que eso todo el mundo sabe que está reservado a las mejores cabezas. La paradoja de siempre, lo fácil es a la larga lo más difícil y viceversa. Pero éste es otro tema.
Lo que es curioso, ahora que caigo, es que todos los casos comentados provengan de lo que se ha dado en conocer como "comunidades históricas": Cataluña y el País Vasco. Supongo que algo tendrá que ver en esa deriva el que se lleve décadas, siglos acaso, insistiendo en que nacer en esos lugares es de por sí una misión en la vida. En esos lugares ya viene uno al mundo con todos los atributos puestos. El de la omnisciencia incluido. Así que a quoi bon perder el tiempo estudiando.
No sé, en fin, porque he conocido mucha gente con carrera que me ha parecido de una simpleza apabullante. Claro que también tengo que decir que ha sido gente que ha hecho poco daño porque por lo general se han dedicado a mandar en lo que sea. Mandar en un hospital, como dirigir una orquesta, todo el mundo sabe que es pura ficción. Si hay buenos médicos o músicos, la cosa va sola. Si son unos piernas, ni que el mismísimo Dios dirigiese. Un país supongo que es diferente. Un país es un sistema muy complejo que requiere método para funcionar.
Sistema complejo y método, las dos cosas que se tratan de aprender estudiando cualquier carrera. Así que no sé hasta que punto sería deseable que se exigiese un determinado currículum a quienes se dedican a la cosa pública. Pero ya digo, los hay que le traen puesto por haber nacido donde han nacido.
Y perdonen por los desvaríos, pero es que no veo que estás cosas se puedan ajustar de ninguna forma a razón.
martes, 19 de enero de 2016
La justicia del tiempo
Hay una frase por ahí que no sé si es consuelo de tontos o certera premonición. O aunque sólo fuera medio certera. Es la que asegura que el tiempo acaba por ponerlo todo en su sitio. Personalmente, pienso que quizá haya algo de verdad en tal aserto, aunque para ser exactos habría que añadir que las más de las veces es tanto el tiempo necesario que cuando llega el acomodo a lo que más se parece es a la cebada al rabo del burro muerto. En cualquier caso conviene constatar dos realidades que son a la vez contrapuestas y complementarias y que, entre las dos, en gran medida forman la salsa que sazona el devenir del mundo: la creación de mitos por un lado y la destrucción de esos mitos por el otro.
Es la historia de la humanidad resumida en la glorificación del tenista Nadal y la sospecha que se ha levantado de su previsible implicación en la merdé que tiene estos días tan entretenidos a los medios de comunicación: el amañamiento por parte de las casas de apuestas de los partidos entre las grandes estrellas del deporte. Si es verdad o mentira ya da igual: el mito ya está tocado. La importancia de esas estrellas, el valor simbólico que se las ha querido dar, siempre ha sido una impostura vergonzante que sólo ha engañado a los bobos... aunque por suerte o desgracia, que no sé, los bobos son, o somos, la inmensa mayoría de la humanidad.
La mitificación del deporte de competición es otro, entre tantos, de los legados que nos dejó la Grecia Clásica. A mí, sin duda, es el que menos me convence. Quizá por resentimiento, ya que, por el querer de los dioses, mi constitución física es de lo menos apropiada para competir en cualesquiera actividad que precise de fuerza bruta. Ni aunque me hubiese machacado a entrenar hubiese podido sobrepasar la categoría de cuarta regional. Pero ahí está la construcción del mito, haber sido favorecido por los dioses con una constitución física excepcional a la que se añade un voluntad de hierro para entrenarse hasta la autodestrucción y, quizá, alguna brizna de inteligencia para asimilar pequeños gestos que marcan la diferencia con los competidores. Y así, ya tenemos los tres pilares del mito: favorito de los dioses, trabajador e inteligente. No es extraño que los poderes púbicos utilicen a estos pobres chicos como símbolos de la pureza humana y les otorguen los laureles de la ejemplaridad. Premios Príncipe de Asturias y chabacanadas por el estilo.
De todas formas tengo que decir que no estoy siendo justo con los clásicos. Cuando lo de los juegos de Olimpia o del Istmo, por poner dos ejemplos, allí competía gente capacitada físicamente que por lo demás llevaba una vida normal. Entrando dentro de lo normal el culto al ejercicio cotidiano con el que me siento plenamente identificado. Lo de hoy día es una aberración de aquello: al que tiene la desgracia de haber nacido físicamente privilegiado le agarran una serie de vampiros y le apartan de la vida normal y le someten a un pseudocientífico método de mejoramiento de facultades que en realidad es un tormentoso camino de autodestrucción. Por lo general, salvo excepciones, le dejan el cerebro más seco que la pata un santo. Un injusticia sin duda mucho, muchísimo más perversa que eso que llaman violencia de género y demás mandangas de moda.
En definitiva, ¿quién se acuerda hoy de un mito del deporte no digo ya de cuando Olimpia sino de hace cien años? Y sin embargo, Pitágoras, Tales, Platón, Aristóteles, Eratóstenes, y un largo etc., cada vez brillan más en el firmamento de nuestra admiración. Es la justicia implacable del tiempo que pasa.
Es la historia de la humanidad resumida en la glorificación del tenista Nadal y la sospecha que se ha levantado de su previsible implicación en la merdé que tiene estos días tan entretenidos a los medios de comunicación: el amañamiento por parte de las casas de apuestas de los partidos entre las grandes estrellas del deporte. Si es verdad o mentira ya da igual: el mito ya está tocado. La importancia de esas estrellas, el valor simbólico que se las ha querido dar, siempre ha sido una impostura vergonzante que sólo ha engañado a los bobos... aunque por suerte o desgracia, que no sé, los bobos son, o somos, la inmensa mayoría de la humanidad.
La mitificación del deporte de competición es otro, entre tantos, de los legados que nos dejó la Grecia Clásica. A mí, sin duda, es el que menos me convence. Quizá por resentimiento, ya que, por el querer de los dioses, mi constitución física es de lo menos apropiada para competir en cualesquiera actividad que precise de fuerza bruta. Ni aunque me hubiese machacado a entrenar hubiese podido sobrepasar la categoría de cuarta regional. Pero ahí está la construcción del mito, haber sido favorecido por los dioses con una constitución física excepcional a la que se añade un voluntad de hierro para entrenarse hasta la autodestrucción y, quizá, alguna brizna de inteligencia para asimilar pequeños gestos que marcan la diferencia con los competidores. Y así, ya tenemos los tres pilares del mito: favorito de los dioses, trabajador e inteligente. No es extraño que los poderes púbicos utilicen a estos pobres chicos como símbolos de la pureza humana y les otorguen los laureles de la ejemplaridad. Premios Príncipe de Asturias y chabacanadas por el estilo.
De todas formas tengo que decir que no estoy siendo justo con los clásicos. Cuando lo de los juegos de Olimpia o del Istmo, por poner dos ejemplos, allí competía gente capacitada físicamente que por lo demás llevaba una vida normal. Entrando dentro de lo normal el culto al ejercicio cotidiano con el que me siento plenamente identificado. Lo de hoy día es una aberración de aquello: al que tiene la desgracia de haber nacido físicamente privilegiado le agarran una serie de vampiros y le apartan de la vida normal y le someten a un pseudocientífico método de mejoramiento de facultades que en realidad es un tormentoso camino de autodestrucción. Por lo general, salvo excepciones, le dejan el cerebro más seco que la pata un santo. Un injusticia sin duda mucho, muchísimo más perversa que eso que llaman violencia de género y demás mandangas de moda.
En definitiva, ¿quién se acuerda hoy de un mito del deporte no digo ya de cuando Olimpia sino de hace cien años? Y sin embargo, Pitágoras, Tales, Platón, Aristóteles, Eratóstenes, y un largo etc., cada vez brillan más en el firmamento de nuestra admiración. Es la justicia implacable del tiempo que pasa.
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