Cuando uno ve imágenes del líder de los socialistas españoles en compañía de Revilluca, comiendo anchoas y bebiendo vinos de la región, Cantabría, ¡ya te digo!, en un entorno de mesas de madera bruta y paredes de piedra, al gusto troglodita, entonces, en un primer movimiento de la razón, te echas las manos a la cabeza y exclamas: ¡Dios mío, la que se nos viene encima!
Pero nada más lejos. Toda esa representación de sabor de barrio/tesoro antiguo, no es más que pasto de entretenimiento para la chusmilla iletrada ya sea de un bando o del otro. Y no se crean que es algo muy diferente a lo que está pasando en los que conocemos como países de nuestro entorno. Te vas a la Pérfida Albión y al decir de sus medios no hay nada que preocupe más a los ingleses que el si nos vamos o nos quedamos en la Comunidad Económica Europea... con los burócratas de Bruselas como escusa. Bruselas ens roba, es el lema de los que se quieren ir. ¿Les suena? En Francia, ni les hablo. El 90% del debate nacional está dedicado a discernir lo que es de derechas o de izquierdas. Hasta que eso no está resuelto todo queda paralizado menos, claro, la irresistible ascensión de los populismos de toda laya. Italia, Alemania, EEUU, en todos es igual, el populacho sin expectativas y con sueldos de miseria por trabajos siempre serviles se acoge a ilusiones imposibles y con eso se entretiene.
El caso es que como estos días los alifafes me tienen atado a la butaca veo más tele de lo que habitual. Y, claro, como estamos a las puertas de los encuentros anuales en Davos, las cadenas responsables están dedicadas en cuerpo y alma a caldear el ambiente. El tema central de Davos este año es como afrontar los retos de la cuarta revolución industrial, es decir, la numérica. Si la máquina de vapor supuso expulsar del mundo a millones de tejedores y arrieros, y luego el tractor mandó a los suburbios de las ciudades a millones de labradores, etc. etc., lo de ahora con lo numérico, o digital, o cómo le quieran llamar, es para echarse a temblar. Las expectativas de cambio social no tienen parangón con ninguna de las anteriores. Si un tractor sacaba del campo a cien peones, un progamador saca a mil white collars de las oficinas. Y como es fácil comprender, no es lo mismo tener desocupado a un peón que a un white collar. La escasa diferencia de formación entre unos y otros es suficiente para que el peligro de agitación social crezca exponencialmente. Y eso los CEOs, Chief Executive Officer, de todo el mundo lo saben y por tal es que anden tan preocupados y vayan ahora a Davos a darse ánimos los unos a los otros.
Así que como les digo, andan estos días los platós de las grandes cadenas que sale un CEO por una puerta y entra otro por la otra a largar sus opiniones sobre el tremendo conundrum que tiene perplejo al mundo. Recuerda mucho al de la esfinge de Edipo. No se tiene ni idea de como resolverlo para atajar la peste del desempleo que, en el fondo, es la peste de la superpoblación. Y ahora no hay Malthus que valga. Al menos ni se le cita.
Sin embargo, Dios aprieta pero no ahoga. A la irresistible corriente de la innovación se le opone la sólida barrera de la falta de competitividad. Si en Europa hubiese en estos momentos la preparación matemática que hay en la India sería la gran debacle. Afortunadamente no es así y las grandes inversiones en innovación se dirigen hacia la India donde cien millones más o menos de parados ni se nota. Pero ahí esta expectante la amenaza a la espera de que dos millones de españoles aprendan a calcular. Dos millones de empleos cualificados, diez millones de gente al bar... al menos que en el entretanto llegue un Edipo que, después de matar a su padre, sea capaz de resolver el conundrum.
En fin, estaremos a la espectativa. Y perdón por la tabarra.
lunes, 18 de enero de 2016
domingo, 17 de enero de 2016
Enternecedor
Que todo lo de Cataluña tiene un toque de ternura nadie me lo podrá negar. Más o menos como lo tenía aquello de cuando Franco. A Franco le encantaba tirar de metáforas marineras en sus discursos, de lo cual, por cierto, muchos sacaban material para hacer chistes. Al recién cesado President de la Generalitat, no sólo las metáforas, también los gestos. En su primer y último día en funciones se hizo retratar colgando retirando un timón en la pared de su despacho. Por lo visto el timón de marras es el que usó su abuelo para gobernar un barco que tenía, no sé si de ocio o de trabajo, pelillos a la mar.
Lo verdaderamente curioso de todo esto, a mi nada modesto parecer, por supuesto, es que haya todavía en este siglo XXI, y no digamos ya en un lugar como Cataluña, punta de la modernidad donde las haya, gente que utilice el colgar cosas en las paredes para dar a los demás una idea de sí. Fijaros, vengo de una familia de timoneles y aquí tengo la prueba más fehaciente, o sea, que sepan con quién se las están viendo. ¡Cómo de niños! Tierno. Ahora que se ha ido, lo primero será llamar a mantenimiento para que quite la escarpia y tape el agujero. Aunque también puede ser que el que viene a sustituir aproveche la escarpia para colgar su particular gesto propagandístico, una foto de su abuelo revolviendo la masa pastelera, por ejemplo. Ya se sabe que en Cataluña otra cosa no, pero adoran el linaje y los pasteles... uno para cada ocasión y momento del año.
En fin, a lo que iba, a ese infantilismo de los gestos de significado gastado por la propia evolución de las cosas. Cuando lo de Franco, las metáforas marineras y la metralla por las paredes, quizá tuviesen algún sentido de cara al populus -como Diógenes masturbándose-, pero en estos descreídos tiempos que corren... por Dios Bendito, qué chiquillada.
En estos tiempos que corren, no nos engañemos, sólo se da el pego a los que no merece en absoluto la pena dárselo. Y los hay que no se enteran. Besos, ternura, que derroche de amor, cuanta locura. Ya te digo.
sábado, 16 de enero de 2016
Ciencia
Dicen los entendidos que la flora bacteriana que normalmente tenemos en la faringe se multiplica con furia cuando se respira aire frío. Si encima, como es mi caso, el aire frío no pasa por su camino natural, es decir, la nariz, que normalmente está ahí, entre otras cosas, para calentarle y limpiarle de impurezas, y entra a saco por la boca, pues, entonces, imagínense la rabia. Total, que ayer hacía un frío considerable cuando pedaleaba por el Retiro -como un hamster en la rueda- y hoy me duele la garganta. Lo cual, tampoco es que quiera establecer una causa efecto matemática, porque recuerdo mil días que he pedaleado con mucho más frío y no me ha pasado nada que no fuese un subidón. Así que puede que sea y también que no sea, por lo cual, debo concluir que todas las rápidas conjeturas sobre asuntos de salud no son sino apestosa pseudociencia al alcance de cualquier iletrado, lo que no es mi caso, pienso. Por tanto, digamos, que me duele la garganta, simplemente, porque tocaba.
Pero a lo que iba, o sea, a la cosa de la pseudociencia que digo que es apestosa porque con su omnipresencia en múltiples ámbitos de la vida contribuye no sólo a entorpecer el progresivo saber sobre el funcionamiento del mundo en el que vivimos sino que también provoca no poca ansiedad y frustración en los que por ignorancia y otras cuantas cosas más, ninguna buena, se acogen a sus fáciles métodos y rápidos resultados. Incluso el Príncipe Carlos de Inglaterra, al que se supone una educación, y no sólo para que le sienten bien los trajes cruzados, es un adepto de esta impostura. Así que háganse una idea de hasta donde puede llegar la extensión de esa plaga. La plaga de los alternativos, ¡Dios!, mucho peor que la de los vampiros. En caso de las dos no sean puro pleonasmo.
Anyway, de nada sirve lamentarse si no es para crear más pestilencia. Así es que dejémonos de mandangas y vayamos al grano. Para que nunca más ninguno de mis lectores se deje seducir por los cantos de sirena que es la pseudociencia en vez de regalarles unos tapones de cera voy a tratar de transcribirles lo que dice Feynman que es la ciencia.
"El fundamento de la ciencia, su definición, casi, es el siguiente: El experimento es la confirmación de todo conocimiento. El experimento es el único juez de la verdad científica. ¿Pero cual es la fuente de conocimiento? ¿De dónde salen las leyes que deben ser confirmadas? El experimento mismo ayuda a producir esas leyes en el sentido de que nos da pistas. Pero también se necesita imaginación para extraer de esas pistas la gran generalización-adivinar lo que hay debajo de esos maravillosos, simples, pero muy extraños patrones y, después, comprobar de nuevo si hemos hecho la suposición correcta."
Eso es todo. Y no es fácil por supuesto. Hay vidas enteras, la mayoría quizá, de las dedicadas a la experimentación que no sacan nada en limpio. Pero les mereció la pena, seguro. Y no engañaron a nadie.
Pero a lo que iba, o sea, a la cosa de la pseudociencia que digo que es apestosa porque con su omnipresencia en múltiples ámbitos de la vida contribuye no sólo a entorpecer el progresivo saber sobre el funcionamiento del mundo en el que vivimos sino que también provoca no poca ansiedad y frustración en los que por ignorancia y otras cuantas cosas más, ninguna buena, se acogen a sus fáciles métodos y rápidos resultados. Incluso el Príncipe Carlos de Inglaterra, al que se supone una educación, y no sólo para que le sienten bien los trajes cruzados, es un adepto de esta impostura. Así que háganse una idea de hasta donde puede llegar la extensión de esa plaga. La plaga de los alternativos, ¡Dios!, mucho peor que la de los vampiros. En caso de las dos no sean puro pleonasmo.
Anyway, de nada sirve lamentarse si no es para crear más pestilencia. Así es que dejémonos de mandangas y vayamos al grano. Para que nunca más ninguno de mis lectores se deje seducir por los cantos de sirena que es la pseudociencia en vez de regalarles unos tapones de cera voy a tratar de transcribirles lo que dice Feynman que es la ciencia.
"El fundamento de la ciencia, su definición, casi, es el siguiente: El experimento es la confirmación de todo conocimiento. El experimento es el único juez de la verdad científica. ¿Pero cual es la fuente de conocimiento? ¿De dónde salen las leyes que deben ser confirmadas? El experimento mismo ayuda a producir esas leyes en el sentido de que nos da pistas. Pero también se necesita imaginación para extraer de esas pistas la gran generalización-adivinar lo que hay debajo de esos maravillosos, simples, pero muy extraños patrones y, después, comprobar de nuevo si hemos hecho la suposición correcta."
Eso es todo. Y no es fácil por supuesto. Hay vidas enteras, la mayoría quizá, de las dedicadas a la experimentación que no sacan nada en limpio. Pero les mereció la pena, seguro. Y no engañaron a nadie.
viernes, 15 de enero de 2016
Diabolus in musica
Anoche vi una película de una dureza extrema. Se desarrollaba en las montañas de Missuri entre traficantes y cocineros de droga. Resulta difícil creer que pueda existir gente de semejante catadura, como manadas de lobos que se disputan un territorio exiguo. Y sin embargo esa realidad, e incluso peor, existe como contrapartida de los niñatos que salen, salimos, a pasar un rato agradable por la noche previo afilado de colmillos con la preceptiva rayita, por no hablar de los rutilantes ejecutivos que liberan genialidades en sus brainstormings sazonadas con el polvo blanco.
Por otro lado, estos días nos hemos cansado de leer en los periódicos la noticia de que lo primero que van a hacer los socialistos si llegan al poder es cambiar la ley de enrolamiento laboral que en su día promulgaron los falsamente populares que diría el Gato Pérez. Sin embargo, tanto los unos como los otros pasan de puntillas por la noticia auténticamente importante al respecto: en España hay dos millones de puestos de trabajo que no se cubren por falta de gente preparada. ¡Pues leches, no será por falta de universidades!
Por lo demás, dice hoy en La Vanguardia un payo que es alguien importante en no sé dónde, algo que estoy cansado de repetir en este blog, que lo de la pobreza de hoy es repetición de las uvas de ira a causa del invento digital.
Pues bien, ahí tienen tres elementos sobresalientes de la candente actualidad de los que nunca se oye hablar como correspondería en los Parlamentos Nacionales y demás canchas de debate entre responsables políticos. Y mientras tanto, venga a largar sobre el Chapo Guzmán y sus portentosas hazañas. Porque le acabamos pillando, ¡eh!, que la justicia es lenta pero siempre acaba por llegar. Y en el ínterin los niñatos siguen esnifando cocaína y sus papás como quien oye llover... y lo de los dos millones de plazas vacantes ni se mientan y, claro, si por descuido se sugieren es para culpar al gobierno, que, también, por supuesto, debe llevar su parte... pero donde esté la de los papás...
En resumidas cuentas, lo que les quiero decir es que todo lo que pasa, bueno o malo, es a causa del lenguaje. Porque, como dijo Noséquién, y perdonen que me repita: Lenguaje, pensamiento/ tan raudo como el viento./ Civilizada disposición aprendió/ y a esquivar, también, los dardos/ de las lluvias inclementes.
Pues sí, parece que aprendió civilizada disposición, pero sólo para esquivar los dardos de las lluvias inclementes, o para irse por los cerros de Úbeda, o para salir por peteneras, pero nunca, parece, para agarrar el toro por los cuernos y a ver quién es el que más puede. Claro, enfrentarse al Chapo es cosa de niños, pero a ver quién es el macho que se enfrenta a la industria de la noche. Y que nadie se engañe porque ahí, en la industria de la noche, es donde está la madre del cordero de, entre otras cosas nefandas, los dos millones de vacantes que no se pueden cubrir por falta de inteligencia. Es sencillo de entender: el pueblo prefiere camareros y camellos antes que ingenieros. ¿Ingenieros? ¡Qué aburrimiento por Dios!
Las lluvias inclementes, los turcos a las puertas de Constantinopla y, mientras tanto, todo el mundo guay con un gintonic en la mano mientras atruenan el aire los tritonos de Mail Davis, el Rey de la Rayita. Diabolus in musica. El triunfo absoluto de la sensualidad sobre todo lo demás. Y a mí que me registren.
Hablar civilizadamente, en el Hemiciclo y en familia. Sobre todo en familia. Y entre amigos. Ese es el quid de la cuestión. Civilizadamente. Y nene, tú te callas hasta que seas mayor y te puedas ir de casa.
Por otro lado, estos días nos hemos cansado de leer en los periódicos la noticia de que lo primero que van a hacer los socialistos si llegan al poder es cambiar la ley de enrolamiento laboral que en su día promulgaron los falsamente populares que diría el Gato Pérez. Sin embargo, tanto los unos como los otros pasan de puntillas por la noticia auténticamente importante al respecto: en España hay dos millones de puestos de trabajo que no se cubren por falta de gente preparada. ¡Pues leches, no será por falta de universidades!
Por lo demás, dice hoy en La Vanguardia un payo que es alguien importante en no sé dónde, algo que estoy cansado de repetir en este blog, que lo de la pobreza de hoy es repetición de las uvas de ira a causa del invento digital.
Pues bien, ahí tienen tres elementos sobresalientes de la candente actualidad de los que nunca se oye hablar como correspondería en los Parlamentos Nacionales y demás canchas de debate entre responsables políticos. Y mientras tanto, venga a largar sobre el Chapo Guzmán y sus portentosas hazañas. Porque le acabamos pillando, ¡eh!, que la justicia es lenta pero siempre acaba por llegar. Y en el ínterin los niñatos siguen esnifando cocaína y sus papás como quien oye llover... y lo de los dos millones de plazas vacantes ni se mientan y, claro, si por descuido se sugieren es para culpar al gobierno, que, también, por supuesto, debe llevar su parte... pero donde esté la de los papás...
En resumidas cuentas, lo que les quiero decir es que todo lo que pasa, bueno o malo, es a causa del lenguaje. Porque, como dijo Noséquién, y perdonen que me repita: Lenguaje, pensamiento/ tan raudo como el viento./ Civilizada disposición aprendió/ y a esquivar, también, los dardos/ de las lluvias inclementes.
Pues sí, parece que aprendió civilizada disposición, pero sólo para esquivar los dardos de las lluvias inclementes, o para irse por los cerros de Úbeda, o para salir por peteneras, pero nunca, parece, para agarrar el toro por los cuernos y a ver quién es el que más puede. Claro, enfrentarse al Chapo es cosa de niños, pero a ver quién es el macho que se enfrenta a la industria de la noche. Y que nadie se engañe porque ahí, en la industria de la noche, es donde está la madre del cordero de, entre otras cosas nefandas, los dos millones de vacantes que no se pueden cubrir por falta de inteligencia. Es sencillo de entender: el pueblo prefiere camareros y camellos antes que ingenieros. ¿Ingenieros? ¡Qué aburrimiento por Dios!
Las lluvias inclementes, los turcos a las puertas de Constantinopla y, mientras tanto, todo el mundo guay con un gintonic en la mano mientras atruenan el aire los tritonos de Mail Davis, el Rey de la Rayita. Diabolus in musica. El triunfo absoluto de la sensualidad sobre todo lo demás. Y a mí que me registren.
Hablar civilizadamente, en el Hemiciclo y en familia. Sobre todo en familia. Y entre amigos. Ese es el quid de la cuestión. Civilizadamente. Y nene, tú te callas hasta que seas mayor y te puedas ir de casa.
miércoles, 13 de enero de 2016
Seudociencia
Yo no sé si será algo común o cosa mía, pero algunas noches de insomnio, pocas por fortuna, doy en pensar que no he hecho a derechas una sola cosa en toda mi puta vida. Y lo que es más, que tampoco voy a poder hacerla en lo poco o mucho que me quede por delante. Como si hubiese por medio una maldición divina. O una tara heredada o, simplemente, congénita. Son tremendas esas horas oscuras en las que todas las puertas están cerradas a cal y canto. Todas menos una, la innombrable. Supongo que el infierno debe ser algo parecido a eso. Por fortuna, siempre acaba por amanecer y el efecto terapéutico de la luz que se filtra por entre las lamas mal encajadas de la persiana hace que vayas recuperando la facultad de relativizar. Tampoco ha sido para tanto, te dices entonces, y como por ensalmo se va diluyendo el constreñimiento del alma que es el sentimiento de culpa.
Anyway, me pregunto que qué sería de mí sin esas noches de insomnio machacante. De recuerdo hiperrealista. Seguramente perdería la memoria de lo que he sido y me volvería, si cabe, un poco más estúpido de lo que soy e, incluso, hasta podría poner en peligro la propia supervivencia. Así que, pienso, quizá todo ello no sea más que otro de los mecanismos dolorosos que la naturaleza pone en marcha para perpetuarse. Todo lo cual, claro, suena coherente y bonito, pero eso no me exime de preguntarme por el porqué de haber hecho tantas tonterías. Y aquí, para dar una respuesta medianamente plausible, o sea, digna de aplauso, es donde tendría que redescubrir todo el Mediterráneo de la seudociencia psicológica.
La seudociencia psicológica, no nos engañemos, que aquí nada es demostrable por medio de la expirimentación. Simplemente son intuiciones brillantes que tuvieron los clásicos y, entonces, como eran clásicos, pusieron a Narciso a mirarse en estanque y que cada cual, después, sacase sus propias conclusiones. Así fue que cada cual dijo la suya y después de mucho tiempo, confrontando unas con otras, se vio que en muchas de ellas había un trasfondo común. Hay que hacer lo que sea, por lo general tonterías, para verse guapo en el estanque porque de lo contrario te derrumbas. La cosa de la autoestima. Lo que pasa es que las tonterías son como la droga, que su benéfico efecto inmediato es escandalosamente fugaz y deja un rastro de mono que no se puede aguantar. Entonces, no queda más remedio que ir a por otra y, así, hasta el infinito... hasta que llega la edad de los insomnios machacantes. Eso quizá sea todo.
lunes, 11 de enero de 2016
Genialidades
A veces pienso que una forma de sentirse genial es saber captar y poder regodearse con la genialidad de los demás. Me pasó anoche cuando en mi habitual sesión nocturna de zapping me quedé colgado de una película de título "Pin Pong Summer". La América más tierna y quizá la más auténtica. No se la pierdan. Pero cuando el cuelgue fue realmente gozoso fue el otro día al toparme con "Hannah y sus hermanas", hiperrealismo de lo cotidiano en su parcela más intensa, es decir, la relación entre los géneros. Uno se maravilla de que pueda haber gente tan absolutamente cotilla como para saber tanto de lo que pasa en las alcobas y sus alrededores. Bien, todos sabemos la importancia esencial que esas cosas, tan banales por otro lado, tienen en la vida de los que, por así decirlo, no tienen vida. O sea, la mayoría. De ahí su éxito. Cotilleo, gossip, babardeo, susurros de portera, eso es lo que a la gente le interesa cuando ha perdido todo contacto con el sentido trascendente de la vida. En el fondo, por muchas vueltas cultas que se le quieran dar, las películas de Woody Allen no son más que telenovelas venezolanas elevadas a la categoría de obras maestras. Como por poner un ejemplo, las novelas de Corín Tellado versus "Rojo y Negro" de Stendal.
El acoplamiento, o duplicación para que nadie se sienta excluido, de los géneros. Como en aquel relato de Platón. Toda la vida penando para encontrar la media naranja que nos falta para ser un ente completo. O perfecto. Ardua tarea porque no sirve cualquiera. Sólo hay una en el mundo y es muy problemático dar con ella. Por eso sólo hay dos opciones: saltar de una a otra relación en una especie de triunfo absoluto de la esperanza de lo posible sobre la razón de lo improbable; conformarse con lo primero que pillas a cambio de proveerse de un sofisticado sistema de válvulas de escape con cada vez más holgura. Así es que, ya elijas una, ya elijas la otra, la cosa siempre va a dar para mucha literatura. O mucho mal rollo, si lo queremos decir sin eufemismos. Porque, al final, sea como sea, todo se traduce en que uno no es dueño de su propia vida.
Bueno, es posible que estemos hechos para no serlo de ninguna de las maneras. Pero, debemos suponer que todo lo soñado tiene su sucedáneo:la sublimación. Tener objetivos inalcanzables y machacarse en su persecución es el mejor procedimiento. No cabe la menor duda. Traspasar la muy primaria trascendencia del reproducirse a la muy sofisticada de intentar comprender el mundo para mejorarle. Al final, claro, todo es perpetuación de la especie, pero con diferentes calidades. Como diría Nietzsche, lo que va del hombre al superhombre.
En fin, para que nos entendamos, la enmienda de la jodienda sólo llega, como la experiencia y el crédito, cuando ya no sirve para nada. Así es que estamos apañados. Y menos mal que nos queda el pedal. Y los días que se van alargando. Y el Camino. Muchas cosas en definitiva.
El acoplamiento, o duplicación para que nadie se sienta excluido, de los géneros. Como en aquel relato de Platón. Toda la vida penando para encontrar la media naranja que nos falta para ser un ente completo. O perfecto. Ardua tarea porque no sirve cualquiera. Sólo hay una en el mundo y es muy problemático dar con ella. Por eso sólo hay dos opciones: saltar de una a otra relación en una especie de triunfo absoluto de la esperanza de lo posible sobre la razón de lo improbable; conformarse con lo primero que pillas a cambio de proveerse de un sofisticado sistema de válvulas de escape con cada vez más holgura. Así es que, ya elijas una, ya elijas la otra, la cosa siempre va a dar para mucha literatura. O mucho mal rollo, si lo queremos decir sin eufemismos. Porque, al final, sea como sea, todo se traduce en que uno no es dueño de su propia vida.
Bueno, es posible que estemos hechos para no serlo de ninguna de las maneras. Pero, debemos suponer que todo lo soñado tiene su sucedáneo:la sublimación. Tener objetivos inalcanzables y machacarse en su persecución es el mejor procedimiento. No cabe la menor duda. Traspasar la muy primaria trascendencia del reproducirse a la muy sofisticada de intentar comprender el mundo para mejorarle. Al final, claro, todo es perpetuación de la especie, pero con diferentes calidades. Como diría Nietzsche, lo que va del hombre al superhombre.
En fin, para que nos entendamos, la enmienda de la jodienda sólo llega, como la experiencia y el crédito, cuando ya no sirve para nada. Así es que estamos apañados. Y menos mal que nos queda el pedal. Y los días que se van alargando. Y el Camino. Muchas cosas en definitiva.
sábado, 9 de enero de 2016
Minimalismo
Tengo que reconocer que a veces el periódico global, antiguo independiente de la mañana, lo borda. Hoy nos trae un artículo de un profesor de la IE Business School titulado "Tiempo de costuras" que pienso merece mucho la pena leer para enterarse de unas cuantas cosas que no por obvias y sencillas dejan de ser radicalmente ajenas a la inmensa mayoría de esta rocambolesca y superbarroca sociedad española sin distinción de clases.
Como el artículo es meridianamente claro y está disposición de cualquiera que tenga interés en leerlo no voy a entrar a glosarlo por no caer en lo mismo que critico: la rocambolería y el superbarroquismo. Pleonasmo. Solamente voy a utilizar una parte de una frase que contiene un sustantivo abstracto de cualidad con los adjetivos, sólo tres, que, por así decirlo, le definen. El sustantivo es modernidad y los adjetivos, minimalista, solidaria y competitiva.
El tema de la modernidad, como supongo que se habrán dado cuenta los que tienen la paciencia de acercarse a este blog de vez en cuando, es uno de mis caballos de batalla. Nunca pararé de explorar ese concepto por estar bastante convencido de que de su penetración y subsecuente consecuencia, valga la redundancia, depende en gran medida mi bienestar en este mundo. Ser moderno es para mí, primero, conocer el mundo en el que vives, un gran esfuerzo, desde luego, y segundo, adaptarte de la forma más inteligente posible a lo que consideras es lo mejor de él sin por ello olvidar que hay que ayudar al que no sabe porque de lo contrario es más que posible que te amargue la vida. Nada diferente, en definitiva, de lo que podía pensar y hacer Teofrasto hace dos milenios y medio con resultado de durar 107 años con capacidad hasta el último día para discutir en el foro y fornicar por las noches... bueno, esto último a lo mejor es el típico mito que se añade para redondear la leyenda.
Así que lo que me tengo que preguntar ahora es qué haría en este mundo digital Teofrasto para ser minimalista, solidario y competitivo. Solidario y competitivo está chupado. Simplemente pagar los impuestos hasta el último céntimo (nunca hubo dinero mejor empleado) y esforzarse por aprender hasta el último día de la vida (fíjense que digo esforzarse y no ir a cursillos a picar aquí y allá como las gallinas). Sin embargo lo de minimalista es mucho más complicado para nosotros, que no para Teofrasto por razones obvias: en su época había cuatro cosas.
Minimalista supongo que es un concepto que nació a principios del XX como consecuencia de lo fácil que se había puesto para los sectores burgueses de la sociedad conseguir cosas por el simple procedimiento de pagárselas. Entre los pensadores vieneses de esa época hay no poca literatura acerca del nuevo fenómeno. Los tíos se dan cuenta de lo inevitable que es convertir la vida en un infierno si uno se deja llevar por esa facilidad para satisfacer los pequeños deseos como forma de enfrentar la angustia vital propia de quien no pega palo al agua... las señoras de los burgueses, un suponer, que estaban todo el día comprando cosas para adornar las casas que, al final, parecía que se vivía más en una chamarilería que en un lugar civilizado. Y todos con asma, por supuesto, por el polvo que se acumulaba.
De los principios del XX para acá la cosa no ha hecho sino empeorar a toda mecha. Así es que hoy día, una de dos, o se para o te come la mierda, que es lo que en definitiva está pasando, ya sea a nivel personal, ya sea al colectivo. Hoy día las personas estamos atrapados de tal manera por infinidad de necesidades no sólo inútiles sino también discapacitantes que esa misma discapacidad que nos producen es la que impide que nos podamos dar cuenta de por dónde vienen los tiros que nos emputecen la vida. Porque otra cosa no, pero emputecimiento hay por ahí para dar y tomar, y, cuando mayor es el poder adquisitivo, más diría yo que hay.
Y una sociedad, lo mismo que un individuo, no pueden ser modernos si andan todo el día emputecidos por chorradas. Así que minimalismo, para que nos entendamos, es dejarse de chorradas y centrarse en cosas de sustancia que siempre, por su propia naturaleza, son muy pocas y exigen mucha dedicación. Y ya saben, y si no lo saben se lo digo yo, del formidable poder terapéutico que para angustias y dolores de todo tipo tiene la dedicación a las cosas de sustancia. Todo es enfrascarse en ellas y dejar de echar en falta las fotos de los niños y los viajes a Cancún. Es como si fuera milagroso y, sin embargo, lo reconozco, no es fácil entrarle al trapo. De la misma forma que no lo es decantarse un poco más del lado apolíneo que del dionisíaco. De la clarividencia y sosiego que proporciona la distancia que de las elucubraciones y embriaguez propias del amontonamiento.
En fin, allá cada cual con sus demonios, pero que nadie piense que se va a dar el pego a sí mismo, ni a los demás, acerca de su modernidad a base de quincallas y correrías alocadas por el mundo.
Como el artículo es meridianamente claro y está disposición de cualquiera que tenga interés en leerlo no voy a entrar a glosarlo por no caer en lo mismo que critico: la rocambolería y el superbarroquismo. Pleonasmo. Solamente voy a utilizar una parte de una frase que contiene un sustantivo abstracto de cualidad con los adjetivos, sólo tres, que, por así decirlo, le definen. El sustantivo es modernidad y los adjetivos, minimalista, solidaria y competitiva.
El tema de la modernidad, como supongo que se habrán dado cuenta los que tienen la paciencia de acercarse a este blog de vez en cuando, es uno de mis caballos de batalla. Nunca pararé de explorar ese concepto por estar bastante convencido de que de su penetración y subsecuente consecuencia, valga la redundancia, depende en gran medida mi bienestar en este mundo. Ser moderno es para mí, primero, conocer el mundo en el que vives, un gran esfuerzo, desde luego, y segundo, adaptarte de la forma más inteligente posible a lo que consideras es lo mejor de él sin por ello olvidar que hay que ayudar al que no sabe porque de lo contrario es más que posible que te amargue la vida. Nada diferente, en definitiva, de lo que podía pensar y hacer Teofrasto hace dos milenios y medio con resultado de durar 107 años con capacidad hasta el último día para discutir en el foro y fornicar por las noches... bueno, esto último a lo mejor es el típico mito que se añade para redondear la leyenda.
Así que lo que me tengo que preguntar ahora es qué haría en este mundo digital Teofrasto para ser minimalista, solidario y competitivo. Solidario y competitivo está chupado. Simplemente pagar los impuestos hasta el último céntimo (nunca hubo dinero mejor empleado) y esforzarse por aprender hasta el último día de la vida (fíjense que digo esforzarse y no ir a cursillos a picar aquí y allá como las gallinas). Sin embargo lo de minimalista es mucho más complicado para nosotros, que no para Teofrasto por razones obvias: en su época había cuatro cosas.
Minimalista supongo que es un concepto que nació a principios del XX como consecuencia de lo fácil que se había puesto para los sectores burgueses de la sociedad conseguir cosas por el simple procedimiento de pagárselas. Entre los pensadores vieneses de esa época hay no poca literatura acerca del nuevo fenómeno. Los tíos se dan cuenta de lo inevitable que es convertir la vida en un infierno si uno se deja llevar por esa facilidad para satisfacer los pequeños deseos como forma de enfrentar la angustia vital propia de quien no pega palo al agua... las señoras de los burgueses, un suponer, que estaban todo el día comprando cosas para adornar las casas que, al final, parecía que se vivía más en una chamarilería que en un lugar civilizado. Y todos con asma, por supuesto, por el polvo que se acumulaba.
De los principios del XX para acá la cosa no ha hecho sino empeorar a toda mecha. Así es que hoy día, una de dos, o se para o te come la mierda, que es lo que en definitiva está pasando, ya sea a nivel personal, ya sea al colectivo. Hoy día las personas estamos atrapados de tal manera por infinidad de necesidades no sólo inútiles sino también discapacitantes que esa misma discapacidad que nos producen es la que impide que nos podamos dar cuenta de por dónde vienen los tiros que nos emputecen la vida. Porque otra cosa no, pero emputecimiento hay por ahí para dar y tomar, y, cuando mayor es el poder adquisitivo, más diría yo que hay.
Y una sociedad, lo mismo que un individuo, no pueden ser modernos si andan todo el día emputecidos por chorradas. Así que minimalismo, para que nos entendamos, es dejarse de chorradas y centrarse en cosas de sustancia que siempre, por su propia naturaleza, son muy pocas y exigen mucha dedicación. Y ya saben, y si no lo saben se lo digo yo, del formidable poder terapéutico que para angustias y dolores de todo tipo tiene la dedicación a las cosas de sustancia. Todo es enfrascarse en ellas y dejar de echar en falta las fotos de los niños y los viajes a Cancún. Es como si fuera milagroso y, sin embargo, lo reconozco, no es fácil entrarle al trapo. De la misma forma que no lo es decantarse un poco más del lado apolíneo que del dionisíaco. De la clarividencia y sosiego que proporciona la distancia que de las elucubraciones y embriaguez propias del amontonamiento.
En fin, allá cada cual con sus demonios, pero que nadie piense que se va a dar el pego a sí mismo, ni a los demás, acerca de su modernidad a base de quincallas y correrías alocadas por el mundo.
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