viernes, 23 de mayo de 2014

Con razón o sin ella



Suenan de nuevo las trompetas del Apocalipsis. Y como quien oye llover. Es lo que tiene acostumbrarse. Bueno, me imagino que habrán oído hablar ustedes de Monsanto, la encarnación de todos los males, la empresa americana que produce semillas transgénicas. Es una gente tan absolutamente perversa que incluso han conseguido que los agricultores que usan sus semillas no puedan usar una parte de su producción como semillas para una nueva cosecha. Así es que el que prueba Monsanto queda enganchado de por vida. Y, luego, que si uno usa Monsanto contamina con la cosa transgénica los campos de su alrededor y, así, pasito a pasito, dentro de cuatro días no quedará en el mundo un adarme de cosa natural, fíjense, con lo que mola lo natural, y Monsanto se habrá convertido en una especie de Gran Hermano que nos tendrá a todos cogidos por nuestras partes más sensibles. 

Así, de está guisa, son montones de los debates que se tienen estos días en las televisiones del continente a propósito del tratado comercial en ciernes con los EEUU de Ámerica. Monsanto, por supuesto, se alza con el santo y seña, pero la lista de males que nos amenazan son infinitos. Porque los americanos, para según quienes, ya se sabe, son la encarnación del mal que brota de la ignorancia y la estupidez. 

Es curioso, por un lado la historia de la humanidad es la de sus descubrimientos e innovaciones. Nunca paró un sólo segundo en su empeño por conseguir más con menos esfuerzo. Y por otro todas las manifestaciones del progreso han ido siempre acompañadas por el miedo y el rechazo de ciertos sectores bastante numerosos de la población. Supongo que será cuestión de los contrapuntos que a todo pone la naturaleza para que el conjunto no se desequilibre. El yin y el yang o cosa parecida.  

Anyway, lo evidente es que el progreso es imparable... hasta que pare. Y también que hasta sus más fervientes detractores se suelen aprovechar de las ventajas que trae consigo. Aunque también es verdad que a veces se ha considerado progreso lo que con el tiempo se ha demostrado ser lo contrario, premisa que da soporte a los argumentos de los detractores, si bien, los más de estos supongo que lo serán porque tratan de evitarse los gastos inherentes a toda nueva adaptación. En fin, sea como sea, el caso es que Monsanto está ahí, con unas semillas con determinadas características que hacen que cada vez haya más tipos que se empeñan en comprarlas y sembrarlas. ¿Será porque son idiotas?, ¿o ignorantes?, como con tanta vehemencia acusa el político sindicalista francés José Bove. Así, Monsanto, se añade a la lista de los Mabuse, o Moriarti, o Fumanchú, que están en el mundo con el único objetivo de expandir el mal. 

En fin, alguien nos debiera explicar en qué consiste exactamente Monsanto para que nos podamos hacer una idea de por qué unos le odian tanto y otros se afanan tanto a comprarle las semillas. Porque esa es la cuestión, poder hablar con conocimiento de causa y no sólo por hablar. Bien se podría haber aprovechado la ocasión del debate entre los candidatos Cañete y Valenciano para aclararnos este extremo infinitamente más interesante que el de los tíos que pegan a las tías... con razón o sin ella.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario