jueves, 9 de octubre de 2014

El paraíso hallado



"Propongo poner el perro en observación y sacrificar a la ministra", ha dicho un señor que por lo demás es académico de número de la Real de la Lengua. Sin duda algo está pasando aquí. O mucho me equivoco  o todo este amor perruno que a mi juicio señorea el mundo no es otra cosa que el precusor, una especie Bautista para que nos entendamos, de un nuevo amanecer con montañas nevadas y banderas al viento.  

Quizá sea lo que toca ahora por la propia naturaleza de las cosas. Pon a tres generaciones seguidas sin guerras y automáticamente tendrás el triunfo de las emociones, o la sentimentalidad si mejor quieren, sobre la razón. Pasear al perrito, coger olas, jugar al golf... el típico "yo quiero ser como tú" que decía aquel mono que solía haber encerrado en una hornacina a la puerta de los bares tan pronto sentía la presencia de un niño. Quiero ser como tú: esa homogeneidad pastosa que es la madre del amor infinito, de la paz infinita, de la diversión infinita, de todos esos sentimientos que de puro superprogresistas son capaces de poner al frente de la comunidad a un tipo como Zapatero para abrir boca... en el futuro ya se verá porque hay por ahí tipos apuntando formas, como se suele decir: el paraíso es posible, que lo sepan.  

En fin, no sé, porque uno es ya tan viejo que hay días que sólo ve a jóvenes espatarrados en los asientos para inválidos venga a mandar whatsApps mientras los inválidos se agarran a lo que sea para no sucumbir a los bandazos del autobús. Cosas así que me dan pistas para comprender quienes son los que realmente sobran para que los demás puedan llegar a la ansiada meta. Menos mal que, luego, uno coge, agarra, entra en MERCADONA carrito en mano y todos los malos pensamientos se van a freír espárragos: en este paraíso, pienso, también cabo yo.    

miércoles, 8 de octubre de 2014

Excalibur



"Seguí los protocolos, no tengo ni idea de como pudo ser el contagio", ha dicho María Teresa Romero Ramos la auxiliar de enfermera contagiada de ébola que afortunadamente está evolucionando favorablemente. Aunque ahora tenemos otro problema mayor, ¿qué hacer con su perro Excalibur? ¿Sacrificarlo o no? Hombre, a juzgar por la foto María Teresa mantenía unos grados de promiscuidad con Excalibur cuanto menos curiosos. Aunque eso no presuponga nada, todos sabemos lo que les gusta a los perros tener el morro cerca  de donde hay secreciones, lo cual, tampoco presupone nada. Anyway, siete millones de españoles angustiados ya han dado su veredicto: ¡salvad a Excalibur! De la noche a la mañana se han convertido todos en expertos en Ébola relacionado con perros. No les afecta, sostienen. Bueno, todos sabemos la facilidad que tienen ciertamente muchísimos españoles para doctorarse en lo que sea en el breve ínterin de una noche de copas. Cuando la inteligencia, o su falta que no sé, se junta con la ideología es la bomba. En cualquier caso, sacrifiquen o no a Excalibur, de lo que todos nos debemos alegrar, y mucho, es de que María Teresa evolucione favorablemente. Luego, si por fin a Excalibur le va mal, pues nada, algo tan sencillo como ir a la tienda de la esquina y comprar otro igual. Porque, pese a quien pese, y le llamen como le llamen, no es la espada que Teseo arrancó de la roca. Es una mera imitación de las que se fabrican a millones.   


Por lo demás lo que de verdad tiene perendengues y debiera ser motivo de reflexión por parte de las mejores cabezas es lo que le ha pasado a esa chica valenciana que ha parido un bebé afectado por el síndrome de enanismo justo a los nueve meses de matrimonio. Sumidos todos, ella y sus allegados, amén del médico que la atendió, en la más desagradable de las sorpresas, de pronto, una lucecita se encendió en la memoria de la infeliz madre: durante la dichosa despedida de soltera, para divertir a sus amigas supongo, se tiró al striper enano, que así son ahora los más cotizados en estas ceremonias. ¡Oye, cualquier cosa menos prejuicios de cualquier tipo! Todo sirve para el convento y luego pasa lo que pasa. Recuerdo cuando vinieron a Valdecilla a donar sangre los monjes de un conocido monasterio de la provincia y de diez siete estaban infectados por la espiroqueta Treponema Pallidum. 

En fin, que unas cosas llevan a otras y al final siempre llegamos a lo mismo, a la perversa promiscuidad que a nada que te descuides te empieza a señorear la vida. 

martes, 7 de octubre de 2014

Bill & Melinda



Parece ser que el Ébola ha desembarcado en el primer mundo de la mano de los trabajadores humanitarios. Es decir, de la mano de la compasión. Hace días criticaba yo a los que recriminaban al gobierno que hubiese repatriado a esos trabajadores infectados que, para más inri, eran religiosos. Hoy, a la vista de lo que está sucediendo, perecería que debiera retractarme de mis críticas, pero no lo haré así la epidemia se lleve a medio país que no lo quiera Dios. 

Por las circunstancias de mi vida tengo alguna experiencia sobre el trato que se suele dar a los apestados. Sé lo que es una familia a la que de pronto llega un caso de enfermedad que además de contagiosa es de alto riesgo. Podría escribir un libro sobre esto, pero ya hay demasiados. Sólo les diré que no he conocido situación en la que mejor se explicite la calidad humana de las personas y, también, el peso que en esa calidad tiene la ilustración, como en casi todo por lo demás. 

El caso es que ya hay gente que ha pedido la dimisión de la Ministra de Sanidad. Como todos los ignorantes lo primero que han hecho es encontrar un culpable. No se han cumplido los protocolos, dicen, como imaginando en su pequeñez mental que los protocolos son Dios. A esto es a lo que se ha llegado a causa del mal empleo que se hace de los miles de millones de euros dedicados a la educación. Pero, en fin, este es otro tema, aunque los englobe a todos. O casi.

Creo conocer bastante bien la sanidad de este país y sus estúpidos despilfarros. Y sé que a veces se cometen fallos garrafales, pero apostaría lo que quieran a que el manejo del asunto Ébola ha sido impecable y en absoluta concordancia con lo que se hace en los lugares donde la ciencia se supone más avanzada. Pero eso no es el escudo de Atenea que como es sabido tampoco sirvió a los atenienses para librarse de las numerosas pestes que les asolaron. Atenas era una ciudad de paso, lo cual, no todo eran ventajas. Lo mismo que no todo lo son esta facilidad actual para moverse por el mundo de la que tan ufanos se sienten algunos. Se mueven las personas y con ellas todo lo que llevan dentro, incluidos los Ébolas. Así que tarde o temprano siempre acaban por llegar para colarse por los resquicios que siempre saben encontrar a los protocolos.

Anyway, lo que cuenta es que ya lo tenemos en casa y desconocemos lo que se piensa quedar. Así que conviene, a la vez que ponemos todos los medios a nuestro alcance para expulsarle, no perder la oportunidad de reflexionar sobre ciertas cuestiones, por así decirlo, apocalípticas, que a consecuencia de las largas vacaciones que venimos disfrutando nos habíamos llegado a creer que no iban con nosotros.

Peste, guerra, hambre... y victoria, que es de lo que se trata. Vencer no sé si renovando o restaurando los valores. Porque renovar es cambiar lo viejo por algo nuevo y restaurar es volver a la pureza de lo antiguo. ¿Es que los valores se pueden quedar anticuados o es que simplemente se desvirtúan? Convendría meditar al respecto. ¿Qué diferencias esenciales podemos encontrar entre los diez preceptos de la Orden de Caballeria que propusiera Raimundo Lulio y los estatutos fundacionales de la Bill & Melinda Gates foundation? Francamente, creo que muy pocas si es que no ninguna. Esa es la cuestión, generosidad inteligente para lo cual, qué duda cabe, aparte de ser valiente hay que estudiar. Y mucho. 
  

lunes, 6 de octubre de 2014

Las barbas del vecino



Barcelona, la ciudad de las barbas, reza el titular del que se conoce como órgano de la burguesía catalana. Barcelona, la capital de la moda en definitiva. 

Desde que empecé a pensar, a muy avanzada edad por cierto, siempre he querido encontrar los tres pies al gato de la moda. Me fascina el subject. Claro, si hubiese querido podría haber leído la abundante literatura sobre el asunto que las esforzadas legiones de psico-sociólogos han tenido a bien producir, pero mi natural narcisismo me ha impulsado siempre a arreglármelas por mi cuenta en las cuestiones meramente especulativas. Así es que he llegado a ciertas conclusiones que en absoluto considero definitivas, faltaría más.

Supongamos que a alguien le da por hacer algo que no se estila. Por lo que sea. Porque con ello gana en comodidad, por parecerle más racional o, simplemente, lo más frecuente quizá, por esa agobiante necesidad que tienen los humanos de diferenciarse de sus congéneres. Entonces, puede que por casualidad suene la flauta y ese algo que no se estila tenga visos de originalidad, de agradable a la vista, de incitador a la emulación. Y que uno que pasaba por allí y lo ve vaya y piense que  él también quiere uno de esos. Para diferenciarse, claro. Y ya van dos. Dos para ser observados por otros que pasan. Pronto serán cuatro. Luego dieciseis... que la progresión sea geométrica o exponencial dependerá de variables a investigar. 

Me explico. Sería el año ochenta o así del siglo pasado cuando a causa de mi amor por la trashumancia doméstica me vi viviendo en San Sebastián. Fue mi primera experiencia en la vida con la soledad total. No conocía a absolutamente nadie en la ciudad así que podía pasear y observar a mis anchas sin miedo a la menor perturbación de tipo vampírico. Y así andaba cuando de pronto caí en la cuenta de que un adolescente llevaba una parka verde exactamente igual a la que usaban los mods en la película Quadrophenia. Me hizo gracia pero no le di más importancia. Al día siguiente ya vi a dos o tres con la misma parka. A la semana ya era escandaloso y a los quince días juraría que eran más del 90% los jóvenes que la llevaban lloviera o hiciese sol radiante. No salía de mi asombro y como, ya digo, soy muy dado a la especulación acientífica, no tardé en hilar fino. 

En aquellos tiempos en San Sebastian era muy raro el atardecer en el que no hubiese que echar alguna carrera estimulado por la música de las sirenas. Los aberzales andaban a la greña con la policía y las piedras de los unos se cruzaban en el aire con las balas de goma y botes de lacrimógenos de los otros. Aquello era el caldo de cultivo perfecto para la camadería juvenil. El enemigo era incuestionable, así que con nosotros a con ellos. ¿Qué adolescente se resiste a eso? Lo demás viene todo dado, empezando por el uniforme que identifica. La dichosa parka de Quadrophenia. 

Llegado a semejante conclusión no tarde en encontrar puntos flacos a la reflexión. Recordaba que cuando jóvenes, estudiantes en Valladolid, solíamos hacer chistes a propósito de la homogénea indumentaria dominical de los vascos de Bilbao. Cazadora de ante, camisa blanca, pantalones gris y boina. Zapatos no recuerdo. Era evidente que se sentían seguros dentro de la moda y no, precisamente, porque tuviesen identificado enemigo alguno. Quizá era que así se sentían vascos, cosa por la que, como todo el mundo sabe, es muy fácil estar orgulloso. Un pueblo ancestral y todo eso que los demás, por alguna razón que se me escapa, no pueden ser. En fin, como sea, el caso es que colocarse el uniforme era una buena solución para los maquetos que querían camuflar su maquetidad. Que eran la mayoría, juraría. 

O sea, concluyendo, que lo que comenzó siendo afán de diferenciación, por querer de los dioses, acaba por ser la seña de identidad de la tribu, es decir, del borreguismo. Y así es que en ninguna parte cuajan con mayor virulencia las modas que en los lugares en donde predominan las personas despersonalizadas. Los borregos para que nos entendamos. 

sábado, 4 de octubre de 2014

Go back, keep off



Resulta que fue un payo con poderes ejecutivos y dijo: es racista, que lo borren. Y borraron el graffiti. Entonces, alguien que pasaba por allí, al ver la pared en blanco, dijo con aire de consternación: ¡pero si era de Bansky! Y saltaron todas las alarmas. O sea, racista o no es lo de menos porque si es de Bansky, o sea, el Dios del Graffiti, miles de millones de turistas sedientos de cultura y enfermos de fetichismo vendrán a fotografiarlo. Imagínense la gracia que habrá hecho el borrado a los bares de los alrededores. 

Anyway, ¿por qué estuvo tan seguro el payo de que el graffiti era racista? "Los emigrantes no son bienvenidos". "Volveros a África". "Manteneros alejados de nuestros gusanos". Eso es lo que dicen un montón de palomas a una sola golondrina. Recuerden al respecto que una golondrina no hace verano. Palomas que dicen de la la paz. Golondrina sagrada porque según leyenda alivió a Jesucristo al quitarle las espinas de la corona que le habían colocado para hacerle más difícil todavía la subida al Calvario. Algo no cuadra en todo esto.

Una no hace verano, o sea, las palomas deberían estar tranquilas respecto a sus gusanos. Además, por muchas que fuesen, ¿es que alguien ha visto golondrinas comiendo gusanos? Por razones obvias sólo comen insectos que vuelan. 

¿Palomas de la Paz? Para Picasso quizá, que como era comunista vivía en un palacio y tenía muchos criados para limpiar las deyecciones de las que había por allí. Pero que se lo digan a Woody Allen que se le metían en el apartamento y se lo ponían todo hecho un asco. Mucho peor que las ratas, dónde vamos a parar. Que se te instalen en el balcón y luego hablamos. Por así decirlo, bien pudiéramos considerarlas la representación genuina de la peor chusma que uno puede imaginar: ruidosa, sucia, vaga, amontonada... la que vota a Le Pen, o sea, los comunistas de Picasso. Amantes de la paz, sí, pero de la de los cementerios.  

La verdad es que el payo que mandó borrarlo tuvo que ser uno de esos socialistos, pleonasmo de analfabeto funcional y animalista, porque es difícil imaginar un mensaje antirracista más inteligente: la chusma con su pensamiento sinecdótico. Ven a un negro y ven a toda África. Y corren a echar el cerrojo al cinturón de castidad de sus mujeres, porque buenas son ellas que sólo piensan en el big es better... que ya sabemos de qué pie cojean los africanos.

En fin, que con tanta democracia qué difícil se lo están poniendo a la gente inteligente. 

jueves, 2 de octubre de 2014

El infierno congelado



De entre lo mejor que he leído en los periódicos en los últimos años: "El PSOE pide funerales de Estado para las víctimas de la violencia machista." Sí Señor, una idea sublime. Así tendríamos a los representantes del pueblo todo el día metidos en las iglesias y dejarían de darnos la lata. Además es una propuesta con garantía de eternidad porque, como se suele decir, antes se congelará el infierno que los hombres dejen de pensar que las mujeres les amargan la vida en la misma medida, por lo menos, que se la amenizan que es muchísimo por cierto. Un día una cosa y al otro la otra, y muchos días las dos, que no hay nada a lo que mejor le siente la metáfora esa de la ducha escocesa. Y así es que, si hay temple, cuando el agua hierve se hacen chistes y si no lo hay se saca la mano o algo peor a pasear. Y las mujeres lo mismo, que ni en un ápice se diferencian en esto de los hombres que es que a nada que tengan mal día van contando por ahí lo corta que la tienes que bien saben ellas que es eso lo que más nos ofende.

Así es que los denominados socialistas ya no quieren combatir las plusvalías del trabajo ni colectivizar los medios de producción ni, mucho menos, nacionalizar la banca, no, lo suyo ahora es desfacer entuertos, proteger doncellas y apalear malandrines. Y por eso es que hayan puesto toda su carne en el asador para mandar al ostracismo a un tipo que habla cinco idiomas, es abogado del Estado, rico por demás y de buenísima familia, porque un día dijo no sé qué de las mujeres que seguro en nada difiere de lo que dicen todos los hombres, incluidos los socialistas, varias veces al día. ¡Pues apañados estaríamos si no pudiésemos hacer chistes, cuanto más malos mejor, sobre el sexo opuesto!

Yo, ya digo, en esto como en todo me puedo equivocar, pero apostaría la mitad de mi patrimonio a que lo que induce a los socialistas a ese tipo de propuestas es una cierta conciencia de su incapacidad para competir con sus adversarios populares en lo de seducir a las personas del sexo contrario... o del mismo, valga la redundancia. Claro, sabiendo idiomas y siendo rico cualquiera liga. Es por cuestiones biológicas. Garantiza mucho mejor la supervivencia de la prole. En cambio los socialistas, los pobres, sólo pueden ofrecer su buen corazón y con eso, como todo el mundo sabe, sobre todo las mujeres, no se come. 


En fin, tiene que ser durísimo aceptar que ya sólo tienes algo qué hacer entre los acomplejados. ¡Iguadad entre hombres y mujeres! Ya te digo, mucho más eficaz que el calentamiento global para acabar con la especie... el verdadero sueño de los perdedores, sospeho.  

miércoles, 1 de octubre de 2014

El padre del Lazarillo

 
 
A las siete y media o así ya estoy en la calle camino de Silma a por mi cafelito con porra. Apenas apuntan las primeras luces y el Ayuntamiento ya ha apagado las farolas. Se ve gente apresurada, grupos de niños esperando el autobús escolar, cosas así. Incluso tiendas abiertas, como si esto fuese New York. Vida, en definitiva, perfectamente estructurada y boyante por demás. ¿Quién va a temer que aquí se puedan desatar los demonios y que en cuatro días esté todo patas arriba?

Pienso estas cosas porque anoche estuve viendo "Las bicicletas son para el verano". La pasaron por la televisión estatal y, aunque es difícil saber a ciencia cierta, no puedo sino maliciarme de que fue un acto cargado de intencionalidad, justo cuando una parte de la nación se dedica a tomar las plazas en actitud desafiante.

La sucesión de secuencias de la película nos muestra como comienza a envenenarse la convivencia, como estalla el conflicto, las miserias que conlleva y su triste resolución. Algo que de puro sabido sería para morir de aburrimiento si no fuese por el genio de quien nos lo cuenta. Hasta con ciertos toques de humor para mejor sobrellevar los sinsabores de la travesía hasta la escena final, compendio glorioso que deja niquelada la explicación de todos los conflictos que en el mundo han sido.

Sentados sobre cascotes, con la cúpula de San Francisco el Grande sorprendentemente intacta al fondo, Agustín González y Gabino Diego, padre e hijo, se dedican a filosofar sobre lo que vienen de pasar. Nos reuníamos a jugar por aquí y leíamos novelas de guerra y decíamos que eso nunca podría pasar aquí, dice el hijo. Es que, hijo, no es la paz lo que ha llegado, ha llegado la victoria, dice el padre. Dos frases que lo resumen todo. La primera, acerca de la inocencia de los niños que cuando persiste hasta la madurez se trasforma en la más letal de las necedades. Más letal y más frecuente: empeñarse en no querer ver a los que juegan con fuego. ¡Si no pasa nada, hombre! La segunda, pues qué esperabas, estúpido, tratar de tú a tú al ganador. Lo natural es que él celebre su Victoria, es decir, que cobre a los derrotados el precio de sus muertos. Las deudas del juego, ya se sabe, son sagradas. Por eso resulta patético mostrarse desengañado con la humanidad cuando eres el perdedor de la timba. Lo suyo en tales casos sería subir al cadalso haciendo chistes, como hiciera el padre del Lazarillo de Tormes, claro que aquel era de Salamanca y eso lo explica todo. 

En fin, más de lo mismo como no puede ser de otra manera... pero con genio que es lo que marca distancias.