lunes, 10 de agosto de 2015

El ungüento

Quién se libra, digo yo, de, en una medida u otra, vivir instalado en la ficción. Y qué sería del ser humano si no dispusiese de esa herramienta para salir del paso cuando los problemas que agobian su vida sobrepasan su capacidad de lucha. Porque, al respeto, todo el mundo tiene límites. O, por así decirlo, hasta los más dotados y valientes tienen su talón de Aquiles que, una vez tocado, les llevaría al desastre de no poseer el ungüento de la ficción. Me invento otra realidad y a vivir que son dos días. Y los problemas, una de dos, se resuelven por si mismos, lo más frecuente a D. G., o se pudren y contaminan todo lo que está a su alrededor. Entonces es lo que se denomina peste. O, también, moda. 

En realidad, si bien lo consideramos, caeremos en la cuenta de que lo que para unos es peste para otros es moda y viceversa. Un fino equilibrio entre el sufrimiento de los unos y el goce de los otros que siempre está a punto de quebrarse, pero que casi nunca lo hace. Pestes y modas mueren por consunción dejando un rastro de experiencia que hace al mundo más sabio por una temporada. Porque la memoria, por naturaleza, es corta. 

Sea como sea, una cosa es indudable, cuando arrecia la peste, o la moda, la expectativas de ganancia crecen y sube la bolsa... que es otra ficción. Y los que sufren se alivian y los que gozan se enloquecen. Y empieza a cerrarse el círculo y, con ello, la realidad a emerger. 

¡Dichosa realidad! Me acuerdo de Shopenhauer y sus insoportables destellos de lucidez. Un tipo sufriente que se aliviaba pensando. Destruyendo la ficción, que eso es pensar. Y sin embargo, también él necesitaba su dosis. Vino a decir sobre los perros y los judíos lo mismo poco más o menos que sostenía Hitler. Y sobre las mujeres, incluso peor. Su ungüento de Fierabrás en definitiva. 

domingo, 9 de agosto de 2015

¡Oh, my God!



"Walt Disney fue un ser lleno de buena intención que nunca se dio cuenta del daño que iba a hacer a nuestra civilización humanizando los animales y dándoles la palabra". Así comienza hoy su cotidiano artículo en ABC mi paisano Pérez-Maura. Sigue señalando el ridículo revuelo que se ha montado por ese león que ha matado un cazador en Rhodesia, país por cierto regido por un tirano criminal que al parecer deja a los animalistas indiferentes porque sólo mata a humanos... a montones, eso sí, pero sólo son humanos. Y acaba mofándose del vano orgullo de los que se apuntan un triunfo porque las compañías aéreas no van a transportar en lo sucesivo trofeos de caza... como si no hubiese barcos para ese cometido. Ahora bien, que esas compañías transporten a millones de turistas que van a tirarse niños y niñas a Tailandia, Cuba, Vietnam o la mismísima Barcelona, eso, pelillos a la mar para ellos.

Paseo por el centro de Madrid y veo que unos tipos han llenado las paredes de pasquines anunciando que no piensan gastar un minuto más discutiendo con neurocientíficos, filósofos o quien quiera que sea, sobre si los animales tienen o no, sentimientos, inteligencia, proyección de futuro y esas cosas. Ellos, argumentan, que conviven con perros y gatos, saben por propia experiencia que los anímales tienen de todo eso, sólo que en un grado mayor y mucho mejor que los humanos. 

En esas estamos. Al pasar por el Banco de España, edificio emblemático donde los haya, compruebo que todas sus esquinas tienen un halo de inmundicia de proveniencia sin duda angelical. Unos metros más allá, bajo los muros del que fuera edificio de Correos y hoy Casa Consistorial o cosa por el estilo, veo que se han encalomado unos mendigos con pretensiones revolucionarias. Lo han puesto aquello de mierda que da pena y, entre tanta basura, un espejo roto en el que han escrito, pudiera ser que con pintalabios, " a tí también te están robando". Por supuesto, no les falta la compañía de un perro. ¡Pues anda que no saben los mendigos que es lo que más conmueve al común de los mortales! 

El caso es que todo esto me da mucho en qué pensar. No sé, aunque es muy posible que las cosas sean como escuché un día decir al filósofo francés Michel Onfray: los síntomas de decadencia propios del Bajo Imperio. Cuando los romanos empezaron a decaer, por el segundo siglo de nuestra era o así, también les dio por el animalismo. Aunque, como dejó claro Apuleyo, sin conseguir con ello la plena satisfacción. Big, por mucho que digan, no siempre es better. La transferencia afectiva sólo alcanza su climax cuando hay intercambio verbal por medio. Por ejemplo, ¡Oh, my God! Los gruñidos, en cualquier caso, nunca bastan. 

Continuará. 

sábado, 8 de agosto de 2015

Clérigos laicos

Leo  lo siguiente en un artículo publicado en Jot Down, de un tal Javier Bilbao y titulado "Intelectuales que cambiaron de idea":  "En 1927 Julien Benda publicó La traición de los intelectuales, una obra en la que denunciaba el creciente interés de artistas y escritores por los asuntos mundanos, por bajar a la arena política y tomar partido apoyando apasionadamente a unos u otros, en lugar de cumplir con su deber de ser una especie de clérigos laicos (el título original era La Trahison des Clercs) entregados a la trascendencia, dedicados en cuerpo y alma a cultivar lo universal y lo eterno acordes a la tradición occidental". 

Inmediatamente me quedo con el dato porque es una idea que me viene apasionando desde que mi pensamiento, digamos, empezó a madurar. La necesidad de clérigos laicos, sobre todo en las escuelas, dedicados a cultivar lo universal y lo eterno, lo que trasciende, lo que, por definición, no cabe en el estrecho corsé de cualquier ideología. Y es que, nada me ha producido en esta vida más desazón que la actitud proselitista de cualquier tipo, pero, ya, si va dirigida a las mentes virginales de los niños, entonces, la sensación es de repugnancia incoercible. Casi vomito. 

Este sentimiento de, como digo, repugnancia, pero sobre todo de preocupación, se ha venido agravando a lo largo de los años a medida que, por las circunstancias de la vida, he ido conociendo a profesionales de la enseñanza. Desde luego que a algunos de inmediato les entregaría el título de clérigo laico, pero la inmensa mayoría me han dado la impresión de estar gravemente enfermos de ideología, una patología que, sabido es, no encuentra freno a su propagación cuando entra en contacto con mentes inmunológicamente indefensas ante las promesas de cuadrar el círculo. 

Nadie, sigo pensando, debe ser más intelectual, más artista, que el maestro. Su misión en este mundo, la más importante de todas sin lugar a dudas, se resume en tres palabras: enseñar a pensar. Lo universal, lo eterno. Lo que trasciende las pequeñas circunstancias de lugar y tiempo. La falta, en definitiva, de respuestas tajantes y, por tanto, el dolor de la incertidumbre. 

Pensar, lo que nos hace humanos. Por eso nunca será suficiente lo que reflexionemos sobre ello, porque por mucho que grite el triunfante animalismo que recorre el mundo opulento, lo de ser humano es el verdadero chollo de la vida sobre el planeta. Los humanos, no sólo existimos sino que, además, podemos ser conscientes de ello. Y por ello regocijarnos. En fin, voy a clausurar estas reflexiones con otras que vienen muy a cuento y que me mandó el otro día Fede, el, por así llamarle, sempiterno clérigo laico, alérgico a la adscripción:
  
"En tu nueva -continuada-estancia, no se si como yo es eso de viajero sedentario, aunque uno vaya donde vaya -si piensa-está donde siempre... Bueno te decia que para "festejar" tu nuevo lugar te mando unos textos acerca del tema que acertadamente reiteras como necesidad del ser humano... y de lo que tanto falta: el pensar. Recojo lo que una de las grandes pensadoras -con perdón- Hanna Arendt dice al respecto y que supongo va en lo que tu reclamas al humano para salir del rebaño (Ortega también tiene mucho al respecto, ya tu citaste una de sus obras). Cito textualmente porque como diría Montaigne "yo no cito a otros más que para expresar mejor mis pensamientos"... pues bien al grano: En "La vida del espiritu",  ed. Paidos,  pag 31 (no es pedantería, es por si te interesa ver más cosas y además como buen y riguroso lector te gustará leer en sus textos) "nuestra capacidad de juzgar, de distinguir lo bueno de lo malo, lo que está bien de lo que está mal ¿depende de nuestra facultad de pensar? Por supuesto, no en el sentido en que el pensamiento pudiera producir por si mismo las buenas acciones, como si la virtud pudiera ensañarse y aprenderse; sólo se enseñan los hábitos y las costumbres y conocemos muy bien como se desaprenden y olvidan ante determinadas circunstancias (Esto lo digo yo: comunismos y fascismos )... pág 135.  PENSAR en un sentido no cognitivo y no especializado (es decir lo que voy hacer mañana o en ir aquí o allá, etc.), concebido como una necesidad natural de la vida humana, no es una prerrogativa de unos pocos, sino una facultad; la incapacidad de pensar no es la prerrogativa de los que carecen de potencia cerebral, sino una posibilidad siempre presente para todos -incluidos los científicos, investigadores y los especialistas en actividades mentales- de evitar aquella relación consigo mismo, cuya posibilidad e importancia Sócrates fue el primero e descubrir... Al no pensar, al sustraer a la gente de los peligros del examen crítico, se les enseña a adherirse inmediatamente a cualquiera de las reglas de conducta vigentes o dominantes en una sociedad y en un momento dado. Se acostumbran a no tomar decisiones, a acomodarse a las reglas. Cuanto más firmemente los hombres se aferran a los viejos códigos más ansiosos están por asimilar los nuevos... de aquí lo fácil que a los gobernantes totalitarios les resultó invertir las normas morales básicas de la normalidad occidental: No matarás en en el caso de la Alemania nazi -sus matanzas- ;no levantarás falsos testimonios contra los semejantes -la delación de la Rusia estalinista- pág. 127... "A Sócrates los atenienses le dijeron que pensar era subversivo, que el viento del pensar será un huracán que barre los signos establecidos, trae desorden y confunde a los ciudadanos especialmente a los jóvenes... si una vida sin examen no tiene objeto vivirla, el pensar acompaña al vivir cuando se ocupa de conceptos tales como justicia, felicidad, templanza, placer, con palabras que designan cosas invisibles y que el lenguaje nos ha ofrecido para expresar el sentido de todo lo que ocurre en la vida y mientras vivimos... El pensar es la relación de sí consigo mismo. Al que desconoce esta relación del yo consigo mismo no le preocupará contradecirse a si mismo, nunca será capaz de dar cuenta de lo que dice o hace, ni le preocupará cometer cualquier delito puesto que puede estar seguro de que será olvidado al momento siguiente... pág 135... Ya Shakespeare en Ricardo III hace decir al asesino: "Todo hombre que intente vivir a gusto procura vivir sin ello, esto se consigue fácilmente, porque todo lo que hay que hacer es no iniciar este diálogo silencioso y solitario que llaman pensar".

pág.133 ... "Sin esta escisión original que Platón más tarde utilizó en su definición del pensamiento como el diálogo silencioso entre yo y mi mismo, el dos en uno que Sócrates presupone en su afirmación acerca de la armonía consigo mismo, sin esa escisión el yo mental humano no seria posible...".

Ya digo, en fin... clérigo laico.

jueves, 6 de agosto de 2015

Las noches del Retiro


Por las noches ya refresca en Madrid. Sobre todo en el Retiro. Entras por cualquiera de sus puertas y te sumerges en una penumbra turbadora. Tienes que tomarte un tiempo para adaptar la vista y comprobar que muchos bancos están ocupados y que por los caminos transcurre gente sigilosa. En los chiringuitos se demoran los últimos clientes mientras los camareros recogen. A lo lejos suena el swing de una trompeta. Es por la parte del lago. Una respuesta visceral me atrae hacia allí. 

El paseo que bordea el lago por su lado oeste es el único iluminado de todo el parque. No son farolas de gas, pero se nota que lo fueron. La luz que dan es mortecina. Apenas llega para un tenue reflejo sobre las aguas. Avanzo y, al fondo, veo al trompetista. A medida que me acerco compruebo que hay gente sentada en la barandilla del lago, sobre todo parejas, escuchando con atención. Me siento y resisto un rato  que después compruebo que fue largo. Son las once y pico, me levanto, dejo un euro en el sombrero y me alejo perseguido por sones de Summer Time. Compruebo que en los bancos hacia Casa de Vacas hay sobre todo familias musulmanas. Me apiado del hombre barbudo que sin duda es el marido de las tres mujeres veladas que se sientan a su vera. Por mucho que diga Houellebecq, pienso que hay que estar zumbado para querer eso. En fin, el hombre y sus circunstancias...

Salgo del Retiro por la esquina de O´Donnell. No hay apenas tráfico. Cruzo y sigo por Menéndez Pelayo hacia casa. Las terrazas están a rebosar. Mucha gente cena. Otros beben refrescos. Hay muchos bares, sí, pero es porque los españoles les demandan. Y más que hubiera, pienso, también tendrían trabajo. Cuestión de idiosincrasia. Hasta yo que voy por libre, vivo subido a ese carro. Al llegar al portal, el camarero del bar adjunto me da las buenas noches. Como si fuese de la familia. ¡Con las propinas que le dejo cada día! Así cualquiera. 

miércoles, 5 de agosto de 2015

El regreso

Hoy es un buen día para los españoles. ¿Por qué? Pues muy sencillo, porque Savater vuelve por sus fueros. Vuelve el filósofo práctico, claro y conciso, que me ayudó a entender el porqué de tanto disfrute, en la infancia y juventud, leyendo las novelas de Richmal Crompton, de Salgari, de Conan Doyle, de Daniel Defoe, de Jack London y tantos otros autores. "Criaturas del aire" fue para mí eso que se llama de una forma bastante cursi, pero completamente certera, un libro iniciático. El aprendizaje de la semiología, quizá, se podría decir. 

Pues bien, había estado Savater los últimos años entregado con honradez y valentía encomiables a defender los ideales democráticos frente a las hordas reaccionarias herederas del viejo carlismo. No por muy efectiva que haya sido su lucha se dejaba de apreciar un a modo de desgaste en su forma de razonar. Mi impresión es que había pesadez y reiteración en sus artículos y, sobre todo, cuando tomó un partido muy concreto a favor de una determinada opción política puede que hasta llegase a cagarla. A tal efecto, le dio respuesta tan contundente Arcadi Espada que ni siquiera se atrevió a rechistar. Bien es verdad que por esas fechas el hombre estaba atravesando un mal trance en lo personal: la perdida de su esposa. Un dolor que, sin la menor duda, en nada se parecía al que sintió el Doctor Jonhson en trance similar. El de Savater ha sido un dolor sincero. Sólo vi una vez junto al matrimonio, en Salamanca con motivo de una conferencia que dio a propósito de su relación con la enfermedad, y la verdad es que parecían tortólos, muy civilizados, eso sí, pero tórtolos, que eso se nota de lejos. 

Pues bien, cumplido el duelo y alejado de las viejas luchas partidistas, vuelve hoy con un artículo en El País, Nubarrones, como los de aquel entonces cuando lo que se proponía era hacernos razonar sobre la realidad. Aproximarnos más a ella por medio de la desmitificación desacomplejada. Las cosas vistas con calma y una cierta agudeza en nada se parecen a lo que pretenden aparentar. El pensamiento ordenado consigue desmontar casi todos los engaños. Y por ende, los miedos. La labor del filósofo en su más pura acepción. 

Bienvenido sea de nuevo a la más valiente de las luchas.    

lunes, 3 de agosto de 2015

Podemitismo

 A veces, cuando vas andando por entre los campos cerealeros de Castilla, te sobresalta un sonido como de motor sordo que sale disparado del suelo: se trata de una perdiz, un muy codiciado trofeo para los cazadores. Supongo que sin un perro que la olfatee de lejos y avise debe de ser casi imposible atizarla porque despega como una exhalación. Por lo demás, es un animal que, sobre todo en escabeche, es un verdadero manjar. Así que nada tiene de extraño que la gente de los pueblos intente cazarlas. Por varios motivos: uno, por, como les digo, ser manjar; dos, por ser cumplido pasatiempo que alivia los mortíferos aburrimientos campestres; tres, por ser una actividad con la que se puede destacar socialmente si eres más habilidoso que la media en su ejecución.

Personalmente nunca me atrajo la caza. La pesca, sí, hasta la primera juventud que fue cuando descubrí caladeros mucho más interesantes que los de las aguas. Pero, en cualquier caso, me queda una especie de atadura sentimental hacia aquellos conocimientos y habilidades que llegué a adquirir por medio de la práctica apasionada. Todavía hoy, cuando veo a alguien lanzando el sedal en la corriente de un río, no puedo evitar quedarme un rato observando para calibrar el arte del ejecutante, porque se necesita no poco para obtener los resultados apetecidos.

Anyway, hoy día, el componente alimenticio de la caza o pesca deportiva solo tiene interés para, por ejemplo, un fatuo asturiano que se quiere pasa el resto del año dándose el pisto de haber pagado un dineral por comer el "campanú". Cosa de tontos en cualquier caso, y, por otra parte, esas sabrosísimas perdices escabechadas que se comen por la parte de Despeñaperros supongo que provendrán de algún criadero que hay por allí. Pero, no nos engañemos, el componente entretenimiento y, sobre todo, el de prestigio social de la caza no ha perdido un ápice del que tuviera en la noche de los tiempos. Participar en una montería o en una partida de caza del jabalí o lo que sea, es tanto como hacer gala de éxito social. Porque es caro. Entre aquilar el coto, las armas, el hotel, los 4x4 y las imprescindibles putas para el reposo, sale por un ojo de la cara.

Y no te digo ya nada si te vas a Africa a cazar un elefante o un león. Por lo que he podido saber, cazar esos animales tiene tanta emoción como tirar al blanco en las ferias. Por lo visto son animales que están acostumbrados a ver millones de turistas a su alrededor y que un día cualquiera se saltan los límites de la reserva y allí les espera el cazador que para el león o el elefante es indistinguible del turista. O sea, que el cazador, con Corinna a su lado o sin ella, se puede acercar a su presa lo que quiera que no va a salir corriendo. Apunta, dispara y se hace la foto. Con Corinna, por supuesto. Luego, si tiene sitio en las paredes de su mansión, manda disecar el trofeo y lo cuelga para maravillar a sus visitas. Desde luego que todo ello es un tostón de los de aquí te espero. Menos lo de Corinna, claro. Pero todo sea por darse pisto. Yo puedo, tú no. Jódete y hazte de Podemos para consolarte.

Les cuento todo esto porque he podido comprobar que anda todo el podemitismo mundial más que sublevado porque un dentista americano a matado a un león muy viejo en Zimbabwe. Una desgracia, por lo visto, de proporciones cataclismáticas. ¡Un león, fíjense ustedes! La maldad de los ricos y por ende americanos. Servido en bandeja.

sábado, 1 de agosto de 2015

¡Qué vida ésta!

¿Pero es que acaso es posible la diversión ilimitada? Convendría pararse a meditarlo. Desde luego que si uno se atiene a las infraestructuras montadas a tal efecto podría llegar a la conclusión de que no sólo es ilimitada sino que mil años durase la vida y fuese toda ella ociosa y apenas daría para usar un ápice de todo lo que se nos ofrece. Tal es la oferta que no creo exagerar si digo que la diversión de la gente se ha convertido en la piedra angular del tinglado económico de la patria. Así que, hijo, si quieres ser un buen patriota sal a la calle a divertite aunque en ello te vaya la salud... sobre todo la del espíritu.

Porque lo de divertirse es, convendrán conmigo, cosa del espíritu, que es patrimonio del alma y el alma, como bien dijo Pedro Crespo, sólo es de Dios. Así que como Dios no quiera porque piensa que no te lo mereces ya puedes beberte un foudre de lo que sea que cada vez estarás más encabronado. Y, si no, espera al día siguiente.

Personalmente pienso que a esto de la diversión le viene como de molde aquella vieja secuencia aplicada a las cosas del fornicio que, no nos engañemos, es la diversión por antonomasia. Iba así: una vez al año, hace daño; una vez al mes, poco es; una a la semana, de buena gana; una al día, hastía. Y aquí es a donde quería llegar, que me parece de todo punto imposible que la rentabilidad ecnómica de la citada infraestructura del entretenimiento no conlleve de forma automática el hastío generalizado de la población, porque es que ni dedicada toda ella a full time a mantenerla activa se podra evitar que se produzcan quiebras cada sí y cada no, por aquí y por allá, como le pasa a todo lo que tiene sus fundamentos en el aire.

Y ya digo, que no es que sea yo como Penteo, que hay que ver como acabó el pobre por pretender meter en cintura al sindicato de la hostelería. No, a mi modesto entender una vez a la semana de buena gana es lo que se impone. Y Dios nos libre de los puros. E, incluso, como sugirió el austero Séneca, una buena tranca al mes puede ser de gran utilidad. Pero tal y como nos exigen las circuntancias para la consecución de una saneada economía nacional me parece una aberración. Chispearse todos los días y emborracharse el fin de semana, sencillamente, no puede funcionar por motivos puramente fisiológicos. Porque, señores, la fisiología no engaña. Y la liberación de energía cuántica, que es lo que es la diversión, sólo es posible cuando se han acumulado cuantos por medio de una agonía más o menos productiva. Todo lo demás son mandangas o sucedáneos que llevan, primero, a insoportables resacas, segundo, al hastío de si mismo.

En fin, también fui joven una vez y me parecía que aquello nunca se iba a acabar. Lo malo fue cuando llegó el día que un clavo no sacaba a otro clavo. Ese día clave en la vida de cualquiera. Entonces es cuando se sabe si mataste o no ya todas las neuronas. Y actuas en consecuencia.

¡Qué vida ésta!