jueves, 31 de julio de 2014

monty python and stephen hawking

 
 
 
 
Javier Barden lo enseña todo. ¡Ah, no, que ha sido Laura Pausini! Bueno, la verdad es que enseñó un poquito y la imaginación hizo el resto. Los calores propios de la estación, ya saben. En fin, a lo que iba, que a algunos, con los calores o sin ellos, les gusta enseñarlo todo. Supongo que será porque creen que lo tienen bonito. Unas la chatte, que sí, otros su corazoncito de oro, que no sé.

El caso es que hay que ver como Javier es capaz de poner las cosas en su sitio. Y eso sin moverse de su mansión en Ibiza que bien que tiene derecho a ella y no creo que nadie lo ponga en cuestión. A mí, la verdad, es que me maravilla esa capacidad de análisis que como por ensalmo entra en sintonía con todos los espíritus sensibles del mundo que, como bien es sabido, son la mayoría. Por un lado el maligno, por el otro los ángeles, los arcángeles, los tronos y las dominaciones. Después, unas cuantas fotos y vídeos de "la franja" y que cada cual juzgue por si mismo. Es bien fácil.

En fin, la vie en rose desde Ibiza. Lo que cuenta es que anoche pasaron por ARTE el espectáculo de los Monte Python. Un homenaje, en definitiva, a Stephen Hawking, el único capacitado para hablar con propiedad de las cosas importantes de este mundo. Lo demás, todo risas.

Por cierto que acabo de aprender a pasar las cifras del sistema decimal al sistema binario. Es una bobada y no tenía ni idea y mira que tiene trascendencia en este mundo que nos ha tocado vivir. Por lo de los transistores más que nada.

lunes, 28 de julio de 2014

Los hijos de Pisistrato

 
 
Hipias e Hiparco, los hijos de Pisistrato, se encapricharon de Armodio y Aristogatón y ahí acabó todo. El pueblo de Atenas cayó en la cuenta de que, efectivamente, el caballo blanco de Santiago era blanco y que, por tanto, mejor la democracia. Jordi y demás hijos de Pujol, se pirriaron por los Ferraris y los catalanes acabaron por atar cabos y empezar a tragarse sus propias melonadas. Siempre ha sido así, es el efecto paradójico de los hijos del tirano el que se encarga de poner las cosas en su sitio. Claro, tiene que ser muy difícil siendo tirano sacar tiempo para educar a los hijos. Los chavales andan sueltos por el palacio en medio de aquella sopa de aduladores y acaban por creerse lo que no es.

Anyway, en eso consistió todo, en el puro choriceo como paradigma de la actividad económica. Y para eso y no para otra cosa es para lo que querían la independencia, para poder seguir con la estafa sin que nadie les afease la conducta. Se lo digo yo que conozco bien el percal. Trabaje allí varios años en un servicio público y raro era el compañero que no llevaba trabuco. Se decía que era una costumbre heredada de los fenicios que anduvieron por allí, pero vete tú a saber.

¡Hombre! ¿Pujol tirano? ¿No estará usted exagerando? En absoluto, se lo puedo asegurar. Lo que pasa es que al no tener ejercito podía llegar hasta donde podía llegar que era la muerte civil. Y no cedía un ápice de sus posibilidades. Se empleaba a fondo. Y así creó un sutil conmigo o contra mí que convirtió a Cataluña en uno de los lugares más putrefactos del universo. Millones de gentes allí siguen gritando ¡viva las caenas! Los pobrecillos ven en ellas la redención y por eso todos los años celebran con una gigante el día que se las quitaron. 

En fin, ya se sabe, la historia siempre se repite. Nada para ocultar las propias vergüenzas por una temporada como acusar a los otros de ser lo que tu eres. Para cuando se descubre el pastel ya tienes los millones en Andorra y allá cuidados. Y los que te creyeron que se queden con dos palmos de narices por chupaculos. Eso es todo. Ahora el ruido propio del globo que se deshincha y después la calma por una temporada. Se lo puedo asegurar.

domingo, 27 de julio de 2014

Ce truc là

 
 
 
-Es mi última oportunidad. Pare.
 
-Creo que pierde el tiempo.
 
-Me gusta perder el tiempo, Caloway.
 
 
Así se cierran los diálogos en "El Tercer Hombre". Luego viene esa escena memorable en la que Joseph Cotten apoyado en el carro espera indolente a que ella se acerque para ver qué pasa. Su última oportunidad. No pasa nada porque ella pasa de largo y ni siquiera le mira. Como si él no existiese. Entonces él, va, saca un cigarrillo, lo enciende con parsimonia y, lo mejor, el amplio balanceo del brazo para arrojar la cerilla lo más lejos posible, como si así estuviese arrojando también los sentimientos al olvido y dando con ello por concluido todo el asunto. Fin de la película.
 
Joseph Cotten, Holly Martins, es un buen tipo con vocación de perdedor. Su antítesis es Orson Welles, Harry, el chico que ya destacaba en el colegio porque sabía trucos. Evidentemente, la chica de la película se queda con Harry, dónde vamos a parar. Lógico, nada como los trucos para divertir a una chica. Ce truc là, que dicen los franceses que son los que más saben sobre cosas de chicas.
 
Tengo que confesar que esa escena me ha bastado para tener entronizado en lugar preferente de mi particular santoral a Holly Martins, un santo como su propio nombre indica. Es un hombre acostumbrado a perder el tiempo escribiendo novelas del oeste tipo Marcial Lafuente Estefanía. Con eso se va arreglando y no aspira a más. Y a una edad madura todavía conserva el suficiente sentido de la amistad como para ir al otro lado del mundo a intentar sacar de apuros a un viejo amigo. Desde luego que, entre otras cosas, te tiene que gustar mucho perder el tiempo para poder ser tan generoso. O romántico, si mejor quieren.
 
Perder el tiempo. Mais qu'est ce que c'est que ce truc? Un asunto peliagudo en cualquier caso que ha venido preocupando a las mejores cabezas desde los albores de la civilización. Porque es que coges, vas, y te civilizas y lo primero que notas es que te sobra tiempo. ¿Qué hacer con él entonces? ¿Lo aprovechas? ¿Lo pierdes? ¿Qué es aprovecharlo? ¿Qué es perderlo? No tengo ni idea. Lo único que sé es que tengo la vaga sensación de que a medida que avanzo por la vida cada vez me urgen menos las cosas. Mis deseos se limitan ya a lo que por su propia naturaleza sólo puede llegar poco a poco. Por así decirlo ya casi sé esperar sin por ello impacientarme. Lo normal a mi edad, supongo. No sé, pero si me apuran les diría que la única forma que se me ocurre de calibrar la inteligencia de una persona es saber a qué edad le llegaron las dotes de la paciencia. La paciencia, ce truc là, si te llega de joven, pues eso, al cielo como Holly Martins. Si no te llega, como Harry, el chico que acabó fatal porque ya en el colegio sabía un montón de trucos. 

sábado, 26 de julio de 2014

Entre lo natural y lo tectónico

 
 
A principios de los setenta tenía Fede unos asuntos que reglar en Suiza y me propuso que le acompañase. Anduvimos por allí una semana, de aquí para allá, visitando esto y aquello, con buena compañía y demás. Lo recuerdo casi todo a la perfección porque está entre los menos de media docena de viajes propiamente dichos que hice a lo largo de la vida. No se preocupen que no voy a entrar en detalles, solamente les voy a mencionar que pude constatar con admiración lo que me habían contado sobre el orden y la armonía que reinaba por doquier en aquel país. Conocía algo Inglaterra y Francia, pero aquello no tenía parangón. El tópico de que todos los paisajes parecían de postal estaba sustentado en una realidad innegable. Y, por supuesto, por comparación con aquella España de los vertidos incontrolados y los cerramientos de somier, Suiza era lo más parecido posible a lo que nos habían contado que tenía que ser el paraíso en la tierra.

Pues bien, ayer por la mañana, agarramos toda la peña nuestras bicicletas, las subimos al tren y nos apeamos una hora después en Pujayo. Dimos una vuelta por el pueblo, luego fuimos bajando por todo el valle de Iguña... un día realmente glorioso. Se lo traigo a colación porque, precisamente, la sensación que me producen esos parajes ahora es la misma que me produjeron los suizos por aquel lejano entonces. Es de todo punto evidente que los últimos cuarenta años no han pasado en vano para este país. Los cerramientos de somier y los vertidos incontrolados ya son anécdota y, si por ejemplo, al cruzar un puente sobre el Besaya a la altura de Bárcena miras al río lo encontrarás tan impoluto como, un suponer, hace cuarenta años estaba el que atravesaba Canterbury en el sureste de Inglaterra. Es algo, en definitiva, de lo que los españoles podemos estar, si no orgullosos, si contentos porque es prueba manifiesta de que en alguna medida se va curando la burricie marca de la casa y a mucha honra.  

Eso sí, el genio y la figura de las gentes de esos valles que ya antaño tanto dieron de qué hablar siguen sin pasar desapercibidos. Elevados ya casi a la categoría de suizos no por eso van a parar de crecer incluso en estos tiempos difíciles. Así es que deambulábamos por allí y, a Pedro, que no se le escapa una, sobre todo si tiene que ver con su profesión, le llamó la atención una pequeña construcción que está teniendo lugar en un rincón cualquiera de por allí. Y no por nada sino al percatarse de la innovación que supone que el arquitecto responsable de la obra haya hecho colocar en lugar visible para los viandantes del lugar un cartelón incluyendo infografía y leyenda que dan cuenta de cuales son sus intenciones respecto de lo que se trae entre manos. Lo nunca visto, por estos pagos al menos, y que nos avisan de que aquí el que no corre, vuela. Uno ya no se puede limitar a hacer. Tan importante o más que eso es la faceta autobombo. Eso, la verdad, también lo he visto yo ya en alguna parte que no quiero citar para que no digan que me repito: hacer una y pregonar a los vientos como si hubieses hecho diez. La propaganda que tanto ayuda a vender como si fuese oro lo que cagó el moro. En fin, les transcribo un fragmento de la leyenda para que juzguen ustedes.  

"... desgajada en cinco cuerpos de distintos tamaños que se adaptan y responden perfectamente a la escala y diversidad de volúmenes del entorno sin romper para nada con el entorno (bueno, aquí detecto una cierta retórica pleonasmática que ciertamente canta). Incluso el cuerpo más grande se descompone y camufla. Se convierte en un gran lienzo en blanco donde la naturaleza se proyecta con sus sombras creándose una fuerte simbiosis entre lo natural y lo tectónico..."

Total, que el mundo evoluciona y, sin duda, es mucho más fácil percatarse de los detalles y en qué medida lo hace si en vez de ir de excursión en coche combinas el tren con la bicicleta. Eso es todo y lo digo por si alguien no se hubiese enterado todavía.

jueves, 24 de julio de 2014

Prometo hasta que la meto



"A Prometeo abundante en recursos, le ató con irrompibles ligaduras, dolorosas cadenas, que metió a través de una columna y lanzó sobre él su águila de amplias alas. Esta le comía el hígado inmortal y aquel por la noche crecía por todas partes en la misma proporción que durante el día devoraba el ave de amplias alas." 

A veces pienso que una de las mayores tragedias de la humanidad se deriva de la obsesión por preservar la inocencia. Sed como niños porque le agrada al padre celestial, que dijo Nosequién y parece como si todo el mundo se hubiese apresurado a hacerle caso. Sin embargo, las mentes más lúcidas desde los albores de la civilización habiéndose percatado de la magnitud de la trampa dedicaron sus esfuerzos a denunciarla y avisar de sus consecuencias. Fue el caso de Hesiodo que nos dejó escritas las peripecias de Prometeo y su hermano Epimeteo, el imbécil. Y, también, por acercarnos a nuestra época, la mejor novela de aventuras en mi opinión, y no sólo la mía, de todos los tiempos: La Isla del Tesoro. Jim Hawkins, el barril de las manzanas y John Silver el Largo. Todo el mundo debiera pasar por eso y el mundo, se lo puedo asegurar, sería completamente diferente. 

Es curioso porque uno de los signos más chik de nuestra sociedad consiste en lucir en un dedo de la mano un anillo que lleva engarzada una piedra preciosa. Si tu preguntas a cualquiera que lo lleve de donde viene esa costumbre lo más seguro es que no tenga ni idea ni le importe un rábano. Con saber que el que se lo ha regalado ha tenido que hacer un esfuerzo económico considerable le sobra y basta para lucirlo con orgullo. Bueno, no se lo voy a contar porque hoy día con la Wikipedia y tal es muy fácil enterarse, sólo les daré la pista de que tiene que ver con la liberación de Prometeo encadenado. 

El mito de Prometeo, bien pensado, se podría resumir en esa máxima tan conocida por las jovencitas que salen por la noche de marcha y que a las dos copas se les olvida, a saber, prometo hasta que la meto. A lo que venga le pones Pepe, dice él, y ella le contesta, y tú, penicilina. En fin, las funestas consecuencias. 

Me he acordado de estas cosas al ver esa foto de las playas de Normandía. Porque no se trata de un prado que llega hasta el mar, no, es que el mar en esas regiones del norte de Francia arroja sobre las playas tal cantidad de algas que las hace inservibles. Inservibles y muy peligrosas. La alarma saltó cuando los gases que se desprenden al fermentar esas algas mataron a un caballo que andaba por allí llevando a lomos a su caballero. Así es que están por allí muy desesperados retirando algas para que los veraneantes se puedan tender al sol. No dan a basto y además no saben que hacer con las montañas que se forman que, por otro lado, huelen que tira para atrás. Ya ven, toda esa gente de la Bretaña y la Normandía que venían presumiendo hasta la saciedad de lo productivas que eran sus explotaciones agrícolas y ganaderas. Claro, si alguien les hubiese explicado de niños lo de Prometeo y su inevitable hermano imbécil Epimeteo... 

miércoles, 23 de julio de 2014

The times they are not changing



Quizá si Bob Dylan viese ésta foto decidiese cambiar el título de su canción. Estas fotos, como les decía ayer de las coletas, ya las había visto yo antes. Los tiempos no cambian tan fácilmente. Tu ya puedes poner el acceso a las aulas todo lo fácil que quieras que siempre habrá gente que al verlas dirá vade retro y cruzará los dedos. Y claro, luego nos salen Undargarines y este Bustamante que desde que se murió Severiano Ballesteros es la gloria por antonomasia de la provincia en la que vivo. Por no hablar de Chavelita y su exnovio, que son de otra provincia todavía si cabe más atrasada y que, según fuentes fidedignas, se gastaron en una mañana los cuarenta mil euros que les dieron por poner a su hijo en el escaparate comprando bolsos y zapatos por la milla de oro de Madrid. Y así hasta el infinito porque no hay nada que más satisfaga y consuele a la chusma que saber algo de las cosas cotidianas de los iletrados exitosos. Siempre ha sido igual y esto, lo podemos asegurar, no va a cambiar nunca. 

El caso es que Bustamante lleva ocho años casado con una tal Paula Echeverría, de profesión actriz y, por lo visto, todavía, según no se cansan de pregonar, ninguno de los dos ha dejado de babear. Un caso, por así decirlo, para los anales. Se pudiera pensar que el haber recibido el sacramento bajo la advocación de la Santina está en el origen del prodigio, pero, francamente, yo pienso que tiene que ser más bien cosa de la fisiología. Alguna sustancia que segrega alguna glándula que hace que los engranajes sean inmunes al uso. Anyway, lo que más me ha chocado de todo este asunto es que el periódico del que he sacado la información, el ABC, añada un comentario en el que califica de "dudoso gusto" la foto de marras. Una fina manera de gente fina de llamar hortera al que sin duda lo es. Ya digo, se empieza pasando de las aulas y al final, por mucho éxito que tengas, el espejo te devuelve la imagen de lo que realmente eres: poor people

La verdad es que me alegra que el ABC llame hortera a Bustamante. Porque resulta insoportable que semejante tipo de personaje se haya convertido en modelo de comportamientos para tanta gente. Muy bien, está dotado para el canto, tuvo su oportunidad y supo aprovecharla. Hay que reconocérselo y felicitarle por ello. Pero antes tuvo otras oportunidades mucho más importantes y las tiró por el retrete y por eso es que ahora no le cueste exhibir esa impudicia vergonzante. ¿Por Dios, cuánto creen ustedes que van a tardar en separarse esos dos tórtolos? Hagamos apuestas. Les doy dos años como mucho. Dos años de infierno, por supuesto, y me baso en aquello que decía La Celestina de que prevención a destiempo malicia arguye. 

Ya digo, me alegro de ver que el ABC, aunque sea preservando su finura, hable claro. Porque estoy convencido de que ningún servicio mejor se puede hacer en este momento de bonanza general a este país que hablar a la chusma claro. Señalarle sus defectos. Su impudicia, su pasión por la inmundicia... a ver si conseguimos que se apee un poco de su carro dorado y nos alivia la lata que estamos padeciendo. Por lo menos hay que intentarlo.    

lunes, 21 de julio de 2014

Coletas y bigotitos



Leyendo la novela de Margarite Yourcenar, "L´oeuvre au noir", casi tan entretenida, por cierto, si no más que "Las memorias de Adriano", me enteré de un curioso suceso, friky le llamaríamos hoy, que tuvo lugar en la ciudad alemana de Münster hacia la primera mitad del siglo XVI. Eran los años de la transición del medievo al renacimiento, o sea, tiempo de sacudirse de encima los viejos dogmas religiosos y de intentar hacerse dueño del propio destino. Por resumirlo diré que fue entonces cuando se dio el famoso giro copernicano. Se descubrió que no era el sol el que giraba alrededor de la tierra sino justo al revés. Y eso, claro, tenía su traslado automático al plano simbólico, es decir, a las relaciones de los hombres con Dios y, sobre todo, con sus representantes en la tierra. Al Papa le crecieron los enanos por todas partes, pero sobre todo, ya saben, en Alemania que, como siempre, era donde más pasta había. 

"Yo coletas ya las había visto antes", ha contestado Loquillo a alguien que le ha preguntado por el fenómeno Podemos. Y la verdad es que tiene toda la razón del mundo porque siempre que hay por lo que sea "movida" social tienden a aparecer las coletas  y, por lo general, suelen quedar en anécdota pero de vez en cuando, por castigo de los dioses seguramente, alguna fructifica y arma la marimorena. Fue el caso, como les comentaba, de la ciudad de Münster, donde en medio de la movida un visionario anabaptista, dijo que precisamente esa ciudad era la nueva Jerusalén a donde iba a venir el segundo Jesucristo. Y vaya que si vino, y con coleta, y predicó la abolición de la moneda, la igualdad entre los hombres y la comunalización de todos los bienes. Como es de suponer las mil familias burguesas de la ciudad con el obispo a la cabeza salieron por pies, pero todos los desarrapados de mil kilómetros a la redonda acudieron al rico panal. Claro, los expulsados no se iban a quedar de brazos cruzados. Rápidamente organizaron un ejercito, que para eso sirve la pasta, y pusieron asedio a la ciudad. Tiro por aquí, tiro por allá, se cargaron al de la coleta que inmediatamente fue sustituido por su lugarteniente que, por no ser menos, tenía dos coletas: se hizo proclamar rey del Reino Anabaptista de Münster. Y todo fue sentirse rey y empezar a tener revelaciones divinas: entre otras le dijo Dios que instaurase la poligamia. Pues bien, la ciudad seguía asediada y la gente se moría de hambre, pero el de las dos coletas ya iba por las quince mujeres y vivía a todo trapo. Entonces, una de sus quince oíslos le afeó alguna conducta y él la decapitó en mitad de la plaza y luego cantó y bailó alrededor de su cadáver. Y al que no quería follar a triscapellejo también lo decapitaba y aquello era un puro despelote. Al final, unos cuantos que ya no podían más se conjuraron para abrir las puertas a los ejércitos del obispo y así acabó la fiesta. Digamos que los münsterinos aprendieron bien la lección de las coletas y hoy día están entre los alemanes más envidiados por la alta calidad de vida de la que gozan. Entre otras cosas es la ciudad más preparada del mundo para el tráfico de bicicletas. 

Me he acordado de estas cosas ayer al ver al coletas que dirige los destinos de los palestinos de gaza. En sentido estricto, en vez de coletas deberíamos decir el bigotitos porque el tipo exhibe uno exactamente igual que el que hizo famoso el no menos famoso Hitler. El tipo, va de soi, tiene unas cuantas mujeres y de hijos ni te cuento. Así que nada de lo que preocuparse si la buena causa se le lleva unos cuantos por delante. Él, erre que erre, queriendo restaurar para los palestinos aquella dorada edad de oro, valga la redundancia, en la que todos vivían en palacios rodeados de campos de naranjos, supongo que en flor para que oliese mejor y fuese más bonito todavía. Algo por otra parte parecido, y perdonen que insista, a cuando en la nació catalana estaban todos los perros atados con longanizas.

Bueno, las altas instancias internacionales han dicho a los ejércitos del obispo que no se ceben con los pobres anabaptistas de Gaza porque no son mala gente y da mucha pena ver como las están pasando. Pero no he oído a esas instancias decir una palabra sobre el coletas, perdón, el bigotitos que está llevando a su pueblo a semejante catástrofe. Desde luego que hay que ver cómo han cambiado las tornas porque al que puso de moda los bigotitos todo el mundo estuvo de acuerdo en arrancárselo de cuajo y sin anestesia. Y ,ahora, que no me lo toquen por favor que tiene su punto de razón. En fin, no sé, pero para mí que al mundo se le está reblandeciendo el seso... que no el sexo, sobre todo a los anabaptista de Gaza, que no hay más que echar un vistazo a la tele para ver como procrean allí. Y al que no, lo decapitan.