sábado, 30 de agosto de 2014

Pasiones literarias

 

 
De todas las pasiones literarias, quizá las únicas verdaderas que he tenido a lo largo de la vida, ninguna se puede comparar a la que sentí cuando todavía era niño por las novelas de Richmal Crompton. Una de las visitas que tuve cuando estaba convaleciente de una operación de apendicitis me trajo "Guillermo el Conquistador" y todo fue comenzar a leerla y ya no poder parar. Me tragué toda la saga y al final, despertando ya a la adolescencia, dudo mucho que supiese diferenciar entre mi personalidad y la de Gillermo. Lo llevaba tan metido dentro de mi que, juraría, nunca más ya conseguí deshacerme de su compañía y ni ganas que he tenido de ello.

Después, por mucho que disfrutase leyendo a Defoe, Stevenson, Dumas y demás, no volví a sentir esa pasión hasta que en la postrera juventud me topé con Baroja. No sabía a qué podría ser debido pero estaba enganchado de forma enfermiza. Me lo debió pegar un compañero de pensión que llevaba más de veinte años haciendo que estudiaba ingeniero de minas. Cada dos por tres se me metía en la habitación para contarme alguna anécdota barojiana o proponerme que nos acercásemos a la Cuesta de Moyano a ver si pescábamos algo sobre el tema. Hace poco, al volver a leer "El árbol de la ciencia" creí resolver el enigma de aquella adicción: allí estaban Nietzsche y Shopenhauer, o sea, justo la medicina que un joven que acaba de salir desconcertado de las salas de disección necesita para no quedarse lelo para los restos. 

Y así corría la vida venga a indagar por aquí y por allá a la búsqueda de un posible discurso liberador hasta que con los hastíos de la primera madurez di en caer sobre Bukoswky. Fue un flechazo a primera vista. Un coup de foudre que dicen los franceses. Bueno, quizá llevar en bandolera a Erasmo, Cervantes y gente así me predispuso al enamoramiento. Hay que aprender a vivir esto como lo que es, a saber, nada de nada que no sea la actitud suicida que, en definitiva, no es otra cosa que la embriaguez del presente. Embriagarse recurriendo  al jarro o por medio de la lucha a muerte contra lo que sea, sobre todo contra la estupidez que es lo que más pone. Lo demás, proyectarse hacia el futuro y tal, para los muertos vivientes.

Por lo demás reconozco que la compañía de Houellebecq me está aliviando mucho la pesada carga de estos postreros años. Cuando veo los gustos y las ideas que predominan a mi alrededor y empiezo a sentirme incómodo no tengo más que acercarme a su obra para recuperar el tono. Nadie que yo sepa cuenta tan sin tapujos de qué materiales caducos se compone el presente que nos ha tocado vivir. En fin, ahí tienen esa película que tanto va a dar de qué hablar y que les recomiendo que vean, L´enlevement de Houellebecq. Después hablamos.   

jueves, 28 de agosto de 2014

Alharakatu barakatum



 
 Mi amigo Jacobo, que estaba pasando unos días en casa de su mujer en Odawara, ha tenido que salir pitando hacia la suya en Hadano por culpa de los monos. Por lo visto hay por allí una tribu que campa por sus respetos haciendo las delicias de los adeptos al animalismo, ya saben, esa categoría sentimental que se extiende en forma de plaga entre los humanos siempre que se entra en un periodo de decadencia... sobre todo moral. Es comprensible, tras un periodo de opulencia, sin guerras y tal, la gente se acaba creyendo que todo el monte es orégano y no ve por ningún lado la necesidad del sacrificio. Entonces, recurren a las mascotas como forma idónea de suplir la no por necesaria menos complicada transferencia afectiva hacia sus congéneres. Sólo es necesario instalarse en la fantasía de aceptar que te comunicas con ellas. Como las das de comer te son radicalmente fieles y, luego, si por lo que sea, te crean problemas, sólo necesitas hacer el fácil tránsito hacia la realidad para llegar a la conclusión de que en realidad no son más que animales que no sufren en absoluto cuando les llevas al matadero.

Pero claro, el ser humano no por mas empeñarse en vivir soñando deja de tener problemas. Mis vecinos animalistas por ejemplo, que tenían convertido el jardín de la urbanización en un autentico pipicán con la aparente anuencia de todos los vecinos, han visto como desde mi llegada se les agriaba el contento como consecuencia del no gustarme un pelo que me caguen, me ladren, el interland. Claro, de entrada, han querido venir a por mí, pero entonces, levantada ya la liebre, se han tenido que enterar de que tienen la enemiga de todos los vecinos que pasan de mascotas, sean o no animalistas. Así es que ahora los unos me saludan con el gesto torvo, pero me saludan porque al fin y al cabo ésta es una comunidad de gente acomodada y se supone que educada. Los otros, ciertamente, me muestran una afabilidad sin duda fuera de contexto a la que yo correspondo con mesura porque no quiero protagonismos molestos. Por así decirlo, hay en el ambiente una clamorosa realidad que justifica las actitudes:  el guirigay de ladridos que había a mi llegada ha desaparecido casi por completo y eso saben que por lo menos en parte me lo tienen que agradecer.

El caso es que, qué diferente suceden las cosas cuando hay civilización por medio. Ayer mismo venía en el periódicos lo sucedido en un pueblo de la costa entre un vasco y un catalán que andaban por allí de vecinos. El catalán tenía un perro que no paraba de ladrar. El vasco le pedía al catalán que hiciese callar a su perro. El catalán pasaba. El vasco tenía una escopeta. ¿A quién creen que disparó el vasco, al catalán o al perro? Al catalán por supuesto. Muerto el catalán se acabó la rabia.

Sin embargo, no hay que preocuparse por la presente plaga porque una vez más la ciencia viene al rescate. Un investigador de una universidad de Texas ha descubierto una feromona de cerdo que tan pronto la olfatean los perros dejan de ladrar. El invento ha sido bautizado STOP THAT¡, o sea, justo las palabras que el otro día por la noche gritaba como un poseso un vecino foráneo cuando unos perros se pusieron a ladrar.

En fin, les dejo de dar la lata con mis obsesiones y allá cada cual con su sensibilidad para detectar los signos sociales de incipiente decadencia que esperemos no vaya a más gracias a los avances de la ciencia.

miércoles, 27 de agosto de 2014

La mirada del tovarich

 
 
Ayer por la mañana sostuve una entretenida conversación con una familia de gitanos que tenían aposentados sus reales en el aparcamiento de la Segunda Playa. Parecían ser tres generaciones de la misma familia aunque los mayores no sobrepasasen los cincuenta ni los menores bajasen de diez. La cosa comenzó porque el patriarca del grupo se dirigió a mí con todos los respetos para preguntarme si estaba casado. El objeto de la pesquisa era el de pretender endosarme una de las mujeres caso de ser soltero. Cuando les dije que yo podía ser padre o abuelo de aquellas mujeres me tomaron por loco. De joven siempre tuve aspecto aniñado y ahora, de viejo, a primera vista, doy el pego. Sí, pero la procesión puede ir por dentro, les dije, y entonces el patriarca respondió que lo que es una persona y cómo está se ve por fuera. El intercambio de ideas duró una buena media hora en la que hicimos muchas risas y ellos aprovecharon para lavarse los dientes y otras abluciones. Me despedí deseándoles felices vacaciones lo que sin duda, estoy seguro, van a conseguir.

El caso es que me quedé con lo de "lo que uno es y cómo está se ve por fuera". Y está mañana al ver la foto de Putin que les muestro lo he vuelto a recordar. La dichosa pinta, eso de lo que los guardianes de lo políticamente correcto no quieren ni oír hablar porque se supone que los ricos la tienen mejor y no por nada sino porque, como en los chistes de Chumy Chúmez, se pasan la vida vestidos de frac y cabalgando sobre los hombros de los pobres y, así, cualquiera. Anyway, los gitanos tienen, entre tantas cosas buenas, la de pasar de los prejuicios sociales de los payos (con los suyos se sobran y bastan) y no digo ya del de la dichosa pinta que tantos disgustos les ha dado a lo largo de la historia. Así que un gitano ve esa mirada de Putin y no le compra un coche usado así tenga que ir andando con toda la familia hasta el fin del mundo. 

En llegados a este punto convendría analizar los componentes que pudieran intervenir en la construcción de la pinta de una persona cualquiera. Los componentes genéticos, of course, y los propiamente ambientales. Es fácil de entender: sólo hay que darse una vuelta por una universidad de pago y luego por las tiendas RETO para percatarse hasta que punto el ambiente puede ser decisivo, pero sin perder nunca de vista la sabia observación del clásico que reza así: donde no hay conocimiento el hábito califica ignorando que no pocas veces debajo de mala capa suele haber buen vividor. 

Así que la mirada del tovarich Putin no deja lugar a dudas de que se ha tenido que pasar los mejores años de su vida merodeando por las cloacas de la KGB para haber conseguido saber darle ese tono de acrisolada desconfianza que no puede dejar indiferente, y menos tranquilo, al más templado de los interlocutores. Putin no se fía ni de su madre y no sólo en el sentido figurado de la expresión. Hace dos años pasaron por ARTE un documental titulado "La mamá de Putin" en el que se la veía viviendo en la más oprobiosa de las miserias. Su hijo, al parecer, ni sabe ni contesta al respecto. ¡Faltaría más! Empieza uno confiando en su madre y en cuatro días descompone la figura que tanto ha costado conseguir.  

En fin, que, como me dijeron los gitanos, la pinta no se despinta a la primera de cambio. Y el caso de Tovarich Putin es paradigmático al respecto: la suntuosidad del Kremlin para nada ha influido en la mirada que se cinceló golpe a golpe por los pasillos del KGB.

martes, 26 de agosto de 2014

Encantador Mr. Salmond

 
 
Anoche estaba tan aburrido que me dediqué a ver el debate entre Salmond y Darling sobre la independencia de Escocia que pasaban por la BBC. La verdad es que la cosa resultaba bastante castaña, pero, a su vez, lo suficientemente auténtica como para hacerme caer en la cuenta de ¿y qué si Escocia se hace independiente por el querer de sus habitantes? ¿Y qué si Cataluña? ¿Y qué si quienes quieran que sea?

Cuanto más escuchaba más me convencía de que lo único que contaba allí era la cara, o la pinta, de buena persona que tiene el Sr. Salmond. Con ese aspecto de padre bonachón, regordete y tal, daba por respuesta encantadoras soluciones a todos los previsibles problemas que, al decir del Sr. Darling, la independencia les pudiera plantear a los escoceses. El meollo de la cuestión quedó bien al descubierto cuando una señora de inconfundible aspecto pequeñoburgués se levantó para decir con tono airado que el Sr. Darling sólo hablaba de economía y empleo y que a ellos sólo les interesaba la nación... bueno LA NACIÓN para ser exactos. Como era de esperar, una cerrada ovación remachó la intervención de la pequeñaburguesa. Una nación y un padre. Llegados a este punto comprendí lo inteligente de la postura del gobierno de Su Majestad Isabel II. Incluso se mostró, por boca del Sr. Darling, dispuesto a mantenerles, si se separan, dentro del sistema monetario inglés. Pues claro hombre, ya me dirás tú qué independencia va a ser la vuestra si la llave de la caja la tenemos nosotros.

Imagínense la cantidad de energía ahorrada y coñazo evitado si el gobierno de España les hubiese organizado el referendum de secesión a vascos y catalanes. Si se van que se vayan que la llave de la caja la tengo yo. ¿Qué iban a hacer todos esos vascos que no ven llegar el fin de semana para salir pitando hacia sus casitas de fuera de sus fronteras? Mira que si nos diese por cobrarles una tasa cada vez que nos visitasen.. tendría guasa la cosa. Y a los catalanes, ni te digo porque sólo hay que darse una vuelta por el supermercado del más remoto rincón del país para darse cuenta hasta que punto dependen de lo que aquí consumimos. Y aunque no fuese así, ni unos ni otros iban a menoscabar con su ida nuestro bien común sino todo lo contrario. Se lo puedo asegurar que conozco bien España y sé donde reside su fuerza... sólo hay que pedalear un poco por las llanuras de Castilla para darse cuenta. 

En fin, que por la propia experiencia hay una cosa que debiéramos dar por axiomática: en la guerra entre sentimientos y razón, a corto plazo siempre ganan los sentimientos. Sentimientos, o sea, batacazos garantizados, pero da igual porque para eso está el amor propio, para convencernos de que nos los damos por que somos víctimas... donde debiéramos decir necios.

sábado, 23 de agosto de 2014

La última frontera

 


De entre las muchas curiosidades que pude colegir de mis pesquisas por Barcelona hay una que tiene su aquel. Solía yo frecuentar el paseo marítimo que va de La Barceloneta a San Adrián de Besós y no era raro que al llegar a la parte de Bogatel, en donde detrás de una duna artificial hay una playa nudista, viese a un grupito de paquistaníes que se dedicaban a observar a los bañistas con el típico aire de quien está haciendo algo feo (con risitas contenidas y tal). Al ser tan frecuente el hecho, pensé que seguramente a los recién venidos de aquél lejano país sus compatriotas ya asentados en la ciudad le proporcionaban una especie de bautismo de fuego llevándoles allí a ver cuerpos desnudos. De lo más natural, por otro lado, y lo digo desde la propia experiencia, querer satisfacer esa curiosidad que las sociedades atrasadas consideran el colmo de la indecencia.

El caso es que viendo la foto que les muestro me he dado cuenta que los paquistaníes ya no tienen que ir a Bogatel a satisfacer un deseo largamente acariciado porque Bogatel va a sus tiendas a comprar lo que sea que seguramente será algo que ponga contento. Bueno, es que en Barcelona siempre han sido muy liberales. Ya en mis tiempos solía ver a un tipo que paseaba por la Barceloneta llevando por toda indumentaria un taparrabos tatuado que obviamente no le tapaba el rabo que, por cierto, le llegaba hasta muy por debajo de las rodillas luciendo en su glande un pierçing con un cascabelito adosado para, supongo, atraer la atención del respetable. Siempre pensé que bien pudiera ser que estuviese a sueldo de la corporación municipal por aquello de dar espectáculo a los turistas que como todos ustedes saben son gente que nunca se sacia de curiosidades. 

 
Anyway, parece ser que la cosa, pasito a pasito a pasito, se ido saliendo de madre y ya no hay quien lo contenga. Son miles y miles los que viven del invento de la curiosidad. Cerrar el grifo ahora como piden los vecinos airados y de cara al sol, podría ser altamente contraproducente para una sociedad que está a punto sino de pasar el Rubicón sí de cruzar el Mar Rojo. ¡Quita, quita, que ya han tenido bastante con lo del muy honorable! Ahora toca aguantar hasta que llegue el crudo invierno y la cosa se calme de forma natural. Lo de los turistas salidos y lo del Mar Rojo.

Pero lo mejor de todo esto, si se fijan en la foto de arriba, es la actitud de los paquistaníes que venden la mercancía. Ellos ni entran ni salen. Están allí para ganar dinero y punto. O al menos eso es lo que quieren dar a entender. Luego, hemos de suponer, harán sus comentarios entre ellos. Estos infieles están en las últimas y cosas así. Nos los podemos merendar con patatas tan pronto como nos dé la gana. Y entonces van al locutorio del barrio y mandan unos eurillos a los que guerrean por la causa. Ya saben, eso que llaman la yihad, un invento que viene a consistir sobre todo y fundamentalmente en que las mujeres no enseñen nada de nada a nadie que no sea su dueño y señor. ¡Meter a las mujeres en cintura, casi na! Claro, para eso se necesita un régimen político no sólo totalitario sino, además, sanguinario. No por nada sino porque al tirar más pelo de coño o dos tetas que dos carretas si no utilizas los descansos de los partidos de furbo para lapidar a unas cuantas zorras la cosa se te va de las manos. En fin, ya sabemos de qué va todo esto y de qué manera los barbaros suelen acabar siempre conquistando Roma. 

Pues sí, señoras y señores, convénzanse, esa es la última frontera a derribar a efectos de ideología: la actitud del hombre frente a la mujer. Igualdad frente a dominio. No sé, pero me temo que esta frontera nunca se va a franquear. En cualquier caso, hagan apuestas: ¿caerá otra vez Roma o no volverá a caer?   

jueves, 21 de agosto de 2014

Sal Khan

 
 
Mi amigo Sal Khan me envía el siguiente mensaje:

"Dear Pjechanove,

Some people believe that intellectual ability is purely genetic or fixed.

This is a myth. Research now shows that your brain is like a muscle; the more you apply it and struggle, the more it grows. People who learn to recognize this fact about their own brain develop a ‘growth mindset’ and are able to persevere and achieve more.

At Khan Academy we know abilities are not set in stone because we see people improving radically every day. That’s why today we’re embarking on a mission to help the world realize that if you work hard and embrace struggle, you can learn anything."

Personalmente siempre he creído que una de las mayores estafas que se le puede hacer a alguien es convencerle a edad temprana de que no sirve para los estudios. Es tan cómodo tanto para el interesado como para sus progenitores adoptar una actitud de entrega al destino fatal... total, dicen, como si el saber tuviera algo que ver con la felicidad.

Pues sí, ese es el gran engaño, porque si hay algo en la vida que tenga que ver con la felicidad, cualquier cosa que eso sea, es precisamente el saber. Saber razonar, que es saber relacionar unas cosas con otras y saber el peso que cada una de ellas tiene en esa relación. Comprender el mundo que te rodea y por ello, entre otras muchas cosas buenas, liberarte de miedos absurdos que, si no me equivoco, es la madre de todos los disfrutes. 

Un mundo mejor dicen los vendedores de ilusiones, pues bien, yo les diré como conseguirlo: sólo hace falta que esa admiración que miles de millones sienten hacia Cristiano Ronaldo y similares iletrados sea traspasada hacia personas como Sal Khan. Así de sencillo. Así de complicado.

martes, 19 de agosto de 2014

El fin de la Historia

 
 
Hace unos años un americano escribió un libro al que dio por título "El fin de la Historia". Inmediatamente se organizó un revuelo descalificador capitaneado, como no podía ser menos, por el diario independiente de la mañana, ya saben, el reconocido guardián de las esencias socialdemócratas... claro, el escritor, aparte de norteamericano traía label de neoconservador. Socialdemócrata, neoconservador, ¿qu'est-ce que ça veut dire? Anyway, apostaría doble contra sencillo que los que más opinaron al respecto fueron los menos interesados en leer el libro. Lo de siempre, en definitiva.

Yo, por supuesto, tampoco lo he leído, pero hubo una temporada en la que me harté a ver al autor en todo tipo de entrevistas y debates y, una cosa puedo asegurarles, es un tipo dotado para la comunicación. Todo, o casi todo, lo que le escuché me sonó a razonable, aunque, por otra parte, no eran sino ideas que yo venía de muy atrás presintiendo y acariciando. Quizá desde que tomé conciencia de lo que en realidad había supuesto la crisis de los misiles del año 62 en Cuba. Nada como aquello para alertarnos de que en adelante las chulerías ya sólo tendrían lugar en los pequeños pueblos apartados de la montaña en donde todavía se pelea a navaja. En las capitales del mundo, ya, sólo se juega al póker. 

En eso consiste el fin de la historia, en jugar al póker sin llevar armas al cinto. No por nada sino porque todos los jugadores saben a ciencia cierta que es imposible ser más rápido sacando que el contrincante. Ahora todo es cuestión de rachas. Las tienes buenas o las tienes malas pero siempre a condición de no poderte levantar de la mesa. Las chulerías, por así decirlo, han quedado ya en meros faroles.

Se me vienen a las mientes estos desbarres a causa del mortal aburrimiento que me asalta cada vez que veo un telediario o leo un periódico. Siempre lo mismo: pequeñas historias de lo que pasa en los pueblos perdidos de la montaña. Pequeñas historias para tener entretenida a la gente pequeña mientras la gente grande acondiciona la gran mesa para que de jugar al póquer se pase a jugar al burro. O sea, todavía menos neuronas serán necesarias en adelante.

Oí decir no hace mucho a un tipo realmente grande, un tal Greenspan, que de dos cosas estaba seguro: una que acabará habiendo una moneda única para todo el mundo; dos que él no lo vería. Claro, él es un tipo muy viejo ya. O sea, que es muy probable que los de mediana edad vean llegar ese momento. El camino está trazado. Ayer mismo me enteraba de que hay una cosa que se llama TiSA que se dedica a organizar el tinglado de tal manera que, cuando se hayan culminado todos los acuerdos, los hijos de Pujol ya no tendrán que andar de aquí para allá con las maletas cargadas de dinero. En adelante les bastará un click de su ratón para poner sus rapiñas en cualquier banco de los cincuenta países que entran a formar parte de esa cosa que, como digo, se llama TiSA. Si eso no es acabar con las fronteras, venga Dios y nos lo explique. Y sin fronteras, a quoi bon tantos tipos de monedas.

Sí, la Historia ya no está en manos de la humanidad. A no ser que caiga un meteoro o vengan los extraterrestres ya está todo cantado. Por aquí, en estos países del TiSA, que pronto serán todos, si tienes trabajo, trabajas y te entretienes  y, si no lo tienes, al balneario a aburrirse. Es lo que hay y que nadie se haga ilusiones de que pueda ser de otra forma.